domingo, 12 de diciembre de 2010

¿Somos...o no, víctimas del marketing?

Un año más, nos dejamos influir por el extraño virus para el que los grandes empresarios comerciales, tienen dispuesto a lo largo de los 365 días del año, a los responsables de mantenerlo y robustecerlo, con el firme propósito de continuar contaminando nuestros cerebros día tras día, y cómo no, aprovechando el tirón, llamar a las puertas de nuestros maleducados impulsos, embriagados de tanto modernismo negativo, y dándoles rienda suelta, poder conseguir sus propósitos.

Podíamos decir, que la “Entrañable Navidad” tiene al igual que la gripe común, su periodo de gestación o incubación, seguido del periodo de revelación descarada, en el que nuestro grado de desmadre se dispara de tal manera, que nos cambia nuestra forma de pensar, entregándonos y dejándonos llevar por esa fuerza que nos arrastra, hasta el punto de dejar nuestra ya delicada economía, a las puertas de la UCI.

Desde que el plástico sustituyó a los billetitos contantes y sonantes en la mayoría de nuestras compras; en las billeteras de los ciudadanos, solo son visibles a excepción de algún que otro papel, un cierto número de las consabidas tarjetas, el DNI y un resguardo de la primitiva o bonoloto, en el que tenemos volcadas todas nuestras esperanzas. Una esperanza ciega, que nos lleva a soñar con la solución a nuestras recién contraídas deudas navideñas; y ya puestos a pedir, nos ayude a olvidar la puñetera “cuesta de enero”, de la que tan solo nosotros, somos responsables y únicos culpables: todos y cada uno de nosotros, de los que pertenecemos al llamado grupo de currantes, y de los que un gran número solemos tropezar siempre con la misma piedra, gastando más de lo que realmente podemos. Todo ello, gracias a la labor realizada por los encargados de comernos además del coco, el dinerito.

Muchos serán, los que para olvidar los malos tragos, recurran a otros peores, alegrándose el día con unas copas; quizá por aquello de que: “La mancha de una mora con otra se quita”. Unas copas que posiblemente serán el preludio de una larga y variada lista, que nos conducirá a la inevitable primera resaca navideña, dejando tras de sí, los consiguientes daños colaterales, que pueden dar como resultado, una amarga cena, y el total descontento familiar. Ni que decir tiene, que una vez terminado el periodo Navideño, y en el supuesto de que hayamos tenido la "suerte" de sobrevivir a tan desmadrada festividad, nos tropezaremos un año más con la puñetera "cuesta de enero"

Andrés Rubido García

domingo, 28 de noviembre de 2010

Por una inmigración legal


Me pregunto: ¿Allá donde fuéremos, -terruños de los inmigrantes en cuestión- cuantos serían los que nos permitirían convivir en ellos y con ellos, con nuestras costumbres, respetándolas y con derechos a exigir y ser escuchados al igual que los propios nativos?, ¿Nos permitirían vestir según nuestras costumbres, o por el contrario nos exigirían ceñirnos a las suyas, amparadas por sus creencias y religiones?

Es tan arduo y complicado el tema, que creo debería debatirse entre los países que conformamos este viejo y sabio continente. No sin antes, haber llevado cada uno de los países a referéndum, dichas propuestas, con el fin de que fuesen los ciudadanos europeos en su conjunto, los que decidiesen por mayoría las exigencias prioritarias, entre las que figurasen obligaciones y derechos de los inmigrantes con documentación legal. Prohibiéndose y repatriando a sus países de origen, a todos aquellos, cuya entrada a cualquier país de la comunidad europea, se hubiese producido de forma clandestina o fraudulenta.

De ser así, posiblemente reduciríamos todos los temas negativos que se desprenden y genera dicha inmigración. Un tema candente y prioritario entre muchos de los que salpican y lastran el avance de un caótico cerebro europeo.

Andrés Rubido García

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Hablando se entiende la gente

Considero alarmante, la facilidad y ligereza, con la que solemos cargar y acompañar nuestros comentarios, de palabras faltas de decoro, e impropias de cualquier tipo de crítica; ya sea de tendencia constructiva o negativa; máxime, cuando dicho comentario, nace del sentir de personas, supuesta y presumiblemente, cultas y educadas; que dejándose llevar por la semilla del odio y de la sin razón, dan pierna suelta a su desenfrenada lista de improperios. Todo ello, sin importarnos "hermosear" dicho comentario, con insultos y descalificaciones hacia nuestros semejantes.

Creo que no necesitamos ir a ninguna universidad, para saber que la violencia engendra violencia; y en este caso, hablo de la violencia utilizada en nuestra forma de expresarnos, ya sea oral o escrita.

Sería bueno, que en estos tiempos que corren, en los que la preocupación de la crisis económica, principal causa del desbordante y creciente desempleo, y en gran medida, de nuestro enojado estado de ánimo; procurásemos canalizar nuestras inquietudes o preocupaciones, sin necesidad de fomentar enfrentamientos verbales, que solo conducen a descalificaciones, que son por así decirlo, la semilla de la intolerancia, de la xenofobia, y de muchas tendencias perniciosas, que pueden llevarnos sin apenas darnos cuenta, a la destrucción del entendimiento humano, y cómo no, de los pueblos. Algo que les ha costado mucho dolor y sangre a nuestros antepasados, a lo largo de la historia de la humanidad, para poder llegar a disfrutar de una libertad de expresión, cuyo único requisito, es ante todo, el del respeto mutuo.

Andrés Rubido García

jueves, 18 de noviembre de 2010

Toda una familia, en estado de coma forzado

Toda una vida esperando a que la justicia se pronuncie y decida qué hacer con unos padres, que llevan 21 años esperando, que se "rectifique" de alguna forma la intolerable e incomprensible equivocación cometida con un hijo; al que la falta de seriedad y dedicación profesional, han postrado de por vida en una cama, en la que yace en estado de coma.

Me refiero y como no podía ser de otra manera, a la familia de Antonio Meño. Una rectificación que dudo puedan solventar, por tratarse de una joven vida destrozada, y junto a la que a lo largo de esos 21 años, envejecen en medio del sufrimiento, unos desesperados padres. Todo ello, gracias a la lenta aplicación de la "justicia" y cómo no, a las compañías aseguradoras, que como siempre y en una gran mayoría de casos, utilizan el instinto de las aves de rapiña; anteponiendo sus intereses a las vidas humanas.

Esperemos que la Justicia Divina se pronuncie e interceda, para que la del sistema acelere un poquito, permitiendo de esa forma que estos sufridos, luchadores y ancianos padres, puedan llegar a ver cumplidos los deseos que con tanto afán persiguen.

Andrés Rubido García

martes, 9 de noviembre de 2010

La libertad en su justa medida

Desde el mismo instante en el que se comenzó a pensar, en el derecho que todo ser humano sin distinción, debe tener, a poder disfrutar de la libertad; nace la necesidad de acotar dicha libertad, para que esta no llegue a convertirse en arma de doble filo; o lo que ha día de hoy, conocemos como libertinaje.

La libertad, un derecho de la humanidad, violado infinidad de veces por la fuerza de la violencia. Quizá, el único recurso nacido y entendido desde la cobardía y desde la sin razón, para acallar las voces de los que murieron luchando por defenderla, utilizando la palabra y dando sentido al dialogo como única herramienta civilizada.

Es por ello, por lo que sería una gran hipocresía, pensar que solo aquellos que conocemos como vándalos, incívicos, delincuentes, violadores, etc., etc.; son los únicos que practican el libertinaje desmedido y desbocado. Apenas había comenzado a gestarse la criatura, la "Señorita Libertad"; cuando en más de una mente retorcida, se estaba fraguando desde la premeditación, la alevosía y porqué no, la nocturnidad; la violación de la "decente y respetable señorita".

Por desgracia, no creo deba de sorprendernos, la realidad de una creciente y desmedida ola de preocupantes noticias, nacidas del seno de la delincuencia, copando la programación de las cadenas televisivas; tanto de los noticieros, como en otros tipos de programación; desde los que se denuncia públicamente las injusticias llevadas a cabo, y que de igual manera, llenan las páginas de nuestra prensa diaria.

Sinceramente, creo como ciudadano de esta intranquila sociedad, que alguien debería hacer algo y comenzar a mover ficha; pues queramos o no, la sociedad comienza a sentirse desprotegida y psicológicamente amenazada; en dos palabras: tiene miedo.

Es para echarse a temblar, ante tanta delincuencia: corrupción, violación y toda una larga lista de delitos cometidos y en una gran mayoría de casos, pasados por los forros de más de una toga. Sin embargo, lo que más me apena, es tener que seguir soportando tanta injusticia, ante una justicia que se me antoja inerte y confundida, entre los derechos y obligaciones, que amparan a los que religiosamente cumplimos cívicamente como personas, pagando nuestros impuestos; para que de forma incomprensible, permitan a los delincuentes pasearse libre y alegremente ante nuestras narices, mientras premeditan el próximo delito. ¿Hasta cuándo?

Andrés Rubido García

miércoles, 27 de octubre de 2010

En la oscuridad

Al entrar en la plaza, el olor a hierba cortada se confundía con el agradable aroma de la bajamar. Los niños jugaban y correteaban, mientras los mayores hacían comentarios sobre los temas de actualidad. Unos de pie y otros sentados en los bancos de madera, y entre los cuales pude distinguir algunas parejas de enamorados, o simplemente, personas mayores conversando, o enfrascados en la prensa de la mañana.

Curiosamente, a pesar de hallarse todos los bancos ocupados; había uno, en el que solo se hallaba aquel hombre. Luchaba visiblemente por mantener el equilibrio, que su acusada embriaguez le impedía. Sostenía medio cigarro apagado entre los dedos de una de sus temblorosas manos, esperando a ser encendido. Mientras, en su azorada mente, me lo imaginé, pretendiendo ordenar una lista imaginable de obligaciones incumplidas. Una mente, que además de saturada, se hallaba vagando por lares muy distantes, de las arrugadas punteras de sus zapatos. Un par viejo y descuidado, entre cuyas punteras, se hallaba la imagen de una botella vacía, rodeada de colillas.

Acercó a sus labios el resto del cigarro apagado que sostenía entre los dedos; toda una proeza, dado los inútiles intentos, por tratar de vencer el temblor de sus manos, para conseguir encenderlo. Tras expulsar la primera bocanada de humo entre fuertes golpes de tos, y haberse limpiado con el dorso de su mano la comisura de sus labios; extiende su brazo y con el dedo índice señalando, Dios sabe a quién, exclama con dificultad: "Quiero un trago, joder, ponme un trago..."

Un trago, un simple trago, que para muchos será una simpleza, incluso, le reprocharían su actitud tachándolo de todo menos de bonito. Un trago que para él, en ese momento, se traduce en una carencia, que le implica una urgente necesidad, y que únicamente él conoce.

Mientras, el tiempo transcurre implacable sin poder calmar su deseo. Su ansiedad, sus temores, sus temblores, le envuelven en una situación angustiosa. Una situación desesperada que desgraciadamente conoce. Una situación más, a lo largo de una historia, cuyo comienzo se remonta a su añorada adolescencia, en la que por primera vez, tiene su primera experiencia con el alcohol.

Por el largo y tortuoso camino recorrido desde entonces, ha perdido familia, trabajo, amigos y un largo etc., cuya lista solo perdura en su desordenado cerebro. Sea como fuere, en aquel banco, en su banco, sentado sobre un cartón, continúa tembloroso contemplando la botella vacía, mientras en su interior, se continúa librando una batalla, de la que solo él es conocedor, y...culpable, a los ojos de la ignorancia que le contempla.

Andrés Rubido García

domingo, 17 de octubre de 2010

La vida sigue

Los brazos apoyados sobre la balaustrada; a veces, contemplando las pequeñas olas que acariciaban el lienzo de la muralla, y otras, con la mirada perdida en el horizonte. Mientras, su mente navegaba libre entre recuerdos, que le mantenían en un continuo ir y venir. Por un momento, se sintió nuevamente inmerso en aquella vida de marino. Había conseguido retroceder en el tiempo, hasta llegar a sentir el agresivo calor de la sala de máquinas. Se sentía sudoroso, mientras observaba la brasa del cigarro que mantenía entre sus dedos, y que poco a poco se extinguía, invadida por la humedad de aquel sudor, que también transpiraban sus manos.

Había comenzado a esbozar una dudosa e insegura sonrisa, como si acabase de despertar de un sueño, en el que sintiéndose viejo y maltrecho, tan solo servía para poco más, que complacer los deseos de aquel nieto, del que gustaba compartir sus juegos, y como no, robarle de cuando en cuando un beso, nacido de aquellos pequeños y sonrientes labios infantiles, que le insuflaban vida cuando le llamaba ¡Abuelo!.

Sumergido entre recuerdos, y roto el silencio por las voces y risas de aquellos pequeños correteando por la alameda, despertó a la realidad. Una realidad, de la que no era capaz de precisar, el tiempo que se había llevado inmerso entre aquellos recuerdos, que durante unos segundos, le mantuvieron en la duda de si había estado soñando, o por el contrario, comenzaba.

Se preguntaba sobre la capacidad de la mente, y agradecía el haber podido regresar a la realidad. Entre otras cosas, porque la vida debía continuar su curso, y él, debía seguir cumpliendo con sus obligaciones, propias de aquella vida que le había tocado vivir, y como no, procurando a lo largo de la misma, como siempre había hecho, que esta fuese lo más placentera posible. Se trataba por así decirlo, de su vida y sus circunstancias.

Comenzó a caminar y mientras lo hacía, pensaba en lo poco que cuesta disfrutar de los placeres que esta nos brinda, aceptando por supuesto que, "La vida sigue"

Andrés Rubido García

lunes, 11 de octubre de 2010

Por una prensa más informativa y deportiva

En esta época de crisis, de vacas flacas; en la que por desgracia y como siempre, sufren sus consecuencias los más humildes y necesitados. Una época, en la que al igual que en otras anteriores, nuestros comportamientos apenas han variado; al menos, en lo que a humildad, egoísmo, transigencia, tolerancia, etc., etc., se refiere.

Digo esto, porque a excepción de haber echado mano de doña Austeridad, para auto ayudarnos a ajustar el cinturón de la economía. Todo ello, en un desesperado y esforzado intento de conseguir en la medida de lo posible, corregir nuestros gastos, con la mirada puesta en el 30 de cada mes; seguimos pensando, obrando y opinando tan egoísta y negativamente como siempre,

Este, quizá exagerado y extendido razonamiento, es el que me ha llevado a pensar, en lo complicado que lo deben de tener nuestros medios de información, dada la actual crisis; para poder cumplir con su cometido, a la hora de informarnos sobre acontecimientos deportivos, que sin llegar a alcanzar los importantes niveles de nuestra liga futbolera; sin querer pretender robarle espacio a los grandes del deporte. Creo, y con todos mis respetos a los responsables locales y provinciales de la información; en la necesidad de romper una lanza en favor de dichos afectados. Debo hacer constar, la falta de delicadeza e interés, que estos medios muestran con ciertos tipos de deporte. Un deporte, del que dicho sea de paso, se merecen todo el respeto y reconocimiento. Me refiero y como no podía ser de otra manera, a una variante del atletismo, como son las carreras que se corren en nuestras localidades, ya sea a nivel local, provincial, regional, etc.

Cito como ejemplos recientes: V Carrera Rotaria Popular a favor de "Vacunación contra la Meningitis Infantil Costa de Marfil", de la cual tan solo se hizo eco en prensa el diario La Voz, y en internet: lavozdigital.es y diariodecadiz.es, así como de la VIII carrera C. P. DÍA MUNDIAL ENFERMOS DE ALZHEIMER. La primera en la playa de nuestra localidad de Cádiz el 26 de septiembre y la segunda el sábado 9 de octubre en la localidad de San Fernando, y a la que la prensa de nuestra ciudad, apenas hizo mención.

Sería bueno, que dichos medios de comunicación, tuviesen a bien, dedicar un pequeño espacio a dichos acontecimientos. Tanto y más, en estos difíciles tiempos que corren, en los que la necesidad de fomentar el deporte, como un mecanismo más a la hora de buscar alternativas para nuestros jóvenes, ayudándoles de esta forma, a olvidarse un poco de aficiones menos saludables, como son las drogas, entre ellas, el alcohol, que tanto daño está causando en una gran parte de la juventud.

Por último, recordarles a los diferentes medios, que de la misma forma que les aprietan las clavijas a sus asesores de marketing, para vender con más facilidad sus productos, traten de mojarse un poco, con este tipo de deporte. Seguro que tanto los clubes que participan, como los distintos deportistas, ya sean profesionales o aficionados, se lo agradecerían enormemente.

Andrés Rubido García

domingo, 3 de octubre de 2010

Tarde, mal y a rastras

Atrás quedaron los ecos, de aquellos que impulsados por sus nefastas situaciones laborales, y arrastrados por la propaganda sindicalista, reventaron sus gargantas en pos de sus derechos. Atrás, formando ya parte del pasado, quedan los ecos de una huelga que se me antoja tardía y fuera de lugar.

Desgraciadamente y como suele decirse: "Nunca faltó un roto para un descosido", es por ello, por lo que un puñado de jacobinos, hicieron su aparición, para dejarnos una negativa y lastimosa huella, como prueba contundente de la total falta de civismo y educación, entre muchos de nosotros, y que por aquello del que dirán; algunos, conscientes de su desbordado salvajismo, lo practican escondiendo sus rostros en una capucha.

Sea como fuere, lo que me apena, es la rotundidad salvaje con la que se violan los derechos a las libertades de expresion y eleccion.

Ni que decir tiene, la cantidad de criaturas trabajadoras, coaccionadas por los empresarios. Y no nos olvidemos, de aquellas, que habiendo decidido ir a trabajar, se han visto presionadas por los piquetes, que a su vez y al igual que algún que otro miembro de las fuerzas de seguridad, se pasan de la raya sin importarles y mucho menos pararse a pensar, si estarán violando el derecho de sus conciudadanos.

Esto señores, esta ocurriendo a día de hoy y se repite una y otra vez, sin importarnos las consecuencias y razonamientos de nuestros semejantes, que por así decirlo, tienen el mismo derecho a disfrutar de esa libertad de expresión, de decision o eleccion, sin necesidad de que tenga que venir nadie a obligarles de forma antidemocratica, a romper con sus principios; y mucho menos, cuando en cualquiera de los casos, se hallen cumpliendo desde el respeto y educación, con su derecho de ciudadano.

Como quiera que fuere, atras queda una huelga, de la que espero brote algún avance o cambio positivo, y no tengamos que lamentar, las decisiones de los dirigentes sindicalistas, que aún teniendo derecho a equivocarse; también les asiste el derecho y obligacion a ejercer su responsabilidad, para actuar desde el razonamiento lógico, como representantes y defensores de los derechos del pueblo trabajador. De haber sido así, se habría evitado llegar tarde al planteamiento de dicha huelga, que entre otra serie de cosas, contrasta con la delicada situación económicade este país, al que se le a hecho un flaco favor y de cuyos resultados negativos, daremos cuenta los pobrecitos de siempre.

Andrés Rubido García

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Las injusticias de la Justicia

Dada la cantidad de delincuencia desatada, y del esfuerzo por parte de la justicia en reinsertar a los delincuentes, de los que cierto porcentaje se desmarcan voluntariamente, al no querer entender la civilización como una forma de vida. Sin querer caer en el pozo de la sin razón y mucho menos, pensar en la arcaica e incívica pena del talión. Me gustaría conocer, hasta cuándo debemos seguir soportando la aplicación de una justicia, que a mi modo de ver, se muestra y comporta como el cascarón de un viejo barco, al que se le ha intentado reparar con parches inapropiados, y lo que es peor, aplicados sobre un cascarón incapaz de soportar más remiendos, y que ha día de hoy continua haciendo agua.

Dicho en otras palabras, creo que estamos faltos de información; necesitamos que alguien nos esclarezca, el porqué de tantos errores cometidos, por personas autorizadas en la aplicación de la "justicia". Una "justicia" que desde el otro lado de la sociedad, desde la opinión de muchos ciudadanos, entendemos como fallida, como justicia mal aplicada, como una justicia que se contradice, que favorece al delincuente y cuestiona la libertad y los derechos de los ciudadanos; cuyo único delito, es cumplir y pagar religiosamente sus derechos.

¿Acaso tiene perdón o justificación, los delitos llevados a cabo por delincuentes que disfrutando de permiso carcelario, vuelven a reincidir, con resultados nefastos para las víctimas que caen entre sus garras?

¿Debemos pensar que dichos permisos carcelarios, han sido concedidos por una fallida evaluación sobre el penado, por parte del equipo responsable de evaluar a dicho penado, así como del autorizado a conceder dicho permiso?

¿Tan poca importancia tienen los trágicos resultados que se desprenden de dichas equivocaciones, como para continuar aplicando una ley incapaz de convencer a la ciudadanía.

No les voy a invitar a que recapaciten porque sí, y punto; pero si para que lo hagan desde el temor y la impotencia que respira la sociedad. Una sociedad que por cada día que pasa, se halla más sumida en la intranquilidad, rodeada de delincuentes que campan a sus anchas. Unos delincuentes, que conocedores de una justicia que les condena por una puerta y les invita al poco tiempo a salir por la otra, se sienten cada vez más tentados a continuar practicando sus fechorías.

Pena me dan las víctimas y sus familiares; estos últimos, resignados a vivir ahogados en el llanto de la impotencia, que en más de una ocasión, les ha cegado y obligado a echar mano de la más injusta de las soluciones: la venganza.

Me imagino, a alguno de los aludidos y en alguna que otra ocasión, cuestionado la justicia, tal cual se aplica. Es por ello, por lo que les pediría, se despojasen por un momento de sus togas y de alguno que otro de los artículos contenidos en dicha ley; aunque solo fuese como se suele decir hoy en día, de una manera virtual, para así, desde nuestro instinto más humano y cívico, encontrar la solución con la que en la medida de lo posible, podamos ser testigos de una disminución de la delincuencia.

Andrés Rubido García

viernes, 10 de septiembre de 2010

¿Culpable...o inocente?

Un día más...que comienza cargado de contrariedades y fatalidades; y como siempre, impregnado de una ironía que a su vez, desprende el vasto aroma de la injusticia, sacudida por las medias verdades. Todo ello, producto de los constantes errores cometidos por esta incorregible sociedad, que un día tras otro, han convertido en una costumbre reiterativa, y casi compulsiva, el dichoso dicho popular, según el cual, continuamos tropezando con el ya vejestorio pedrusco.

Creo que nos excedemos, al abusar y hacer nuestras, ciertas responsabilidades que no nos corresponden, aplicando sobre nuestros semejantes, juicios de valor, que en una gran mayoría de casos, quedan fuera de lugar; y que dicho sea de paso, son responsabilidades, que tan solo y únicamente dependen y conciernen a personas autorizadas y en algunos casos colegiadas.

Para bien o para mal, no podemos continuar obrando a la ligera, imputando o defendiendo a personas, por ciertas causas de las que desconocemos los hechos. Ni que decir tiene, las veces en las que los propios medios de comunicación, se ven obligados a desmentir ciertas noticias; ya sea por la pretendida urgencia, que persigue a la consabida primicia a la hora de publicarla, o por el simple hecho, de haber recabado información de fuentes poco fidedignas.

Creo que no podemos acreditar ni desacreditar, como si de un juego se tratase, el merecimiento o no, hacia una o varias personas por causas atribuibles. Somos muy dados a llevar o llevarlas en volandas hacia un pedestal, del que poco más tarde, tiraremos, insultaremos y poco menos que lincharemos, con adjetivos y calificativos, totalmente fuera de las exigencias de un vocabulario meramente civilizado y correcto. Todo ello, gracias a una propaganda nacida del seno de personalidades, con cierta capacidad de poder social o político; que a su vez, aprovechando la cobertura de los medios, pecan de ligereza a la hora de ensalzar o degradar, sin haber tenido la más mínima y obligada precaución de indagar a la persona o personas en cuestión.

Andrés Rubido García

miércoles, 18 de agosto de 2010

La perversa indiferencia

A menudo echo mano de la venerada libertad, para expresar los sentimientos. Aquellos que más deseo compartir, sin necesidad de albergar esperanza alguna de que sean escuchados. Creo que para todo hay un momento, y no es este precisamente el indicado para expresarlos de viva voz. Tan solo y con suerte, esperar a que sean leídos por alguien que como yo, siente y disfruta compartiendo desde el silencio. Algo tan sencillo, como respetar la llamada del corazón y dando rienda suelta a esa fuente, cuyo fresco y cristalino susurro, nacido del generoso chorro que emana por su caño; impida que la indiferencia se imponga, invitando a enmudecer la única fuente de la verdad.

No quiero ser una de esas fuentes, cuyos caños han enmudecido para ser presa del moho, fiel testigo del largo tiempo transcurrido, desde sus últimos susurros. En ellas, en el regazo de sus inquebrantables silencios, adormecen las largas historias, de otras tantas criaturas que calmaron su sed en ellos. Eran otros tiempos, en los que la indiferencia no alcanzaba a enmudecerlos.

Andrés Rubido García

martes, 10 de agosto de 2010

Españoles sí, gilipollas no.

En este mundo cambiante, lleno de contrariedades, demagogias y todo un rosario de mutuos insultos; costumbre cada vez más acusada entre nuestros políticos y que en más de una ocasión, me ha llevado a pensar en la similitud existente, entre los plenos de los "Señores diputados" y los interminables programas de la televisión basura, de los que me privare de mencionar, para no darles más propaganda, de la que ya disfrutan en esta España invadida por la "cultura del pelotazo".

Un menú de desaguisados con el que los responsables políticos nos hacen comulgar. Son los mismos que nos piden, que seamos buenos ciudadanos, que seamos tolerantes, que fomentemos las buenas conductas entre nuestros hijos, y por supuesto, que no nos olvidemos de votarles. Algo con lo que yo personalmente estoy de acuerdo y que deberíamos de acatar a pies juntillas todos los españoles, que ha día de hoy, todavía nos encontramos conmocionados con la roja, cuando deberíamos de comenzar a preocuparnos de recordarle a estos señores: Que se preocupen de predicar con el ejemplo, en esta España que navega a la deriva, de la mano de un capitán sin muchos conocimientos y un relevo en el banquillo opuesto, que aún no ha sido capaz de pronunciarse al respecto; quizá, porque todavía este buscando un rumbo que nos lleve a buen puerto.

Mientras esto ocurre, cosa que dudo, sería bueno que no nos confiemos demasiado y procuremos estar atentos a posibles nuevas sorpresas. Y sobre todo, llegado el momento, no nos olvidemos de cumplir con ese requerimiento que con tanto afán nos piden, y votémosles...pero fuera de sus escaños.

Andrés Rubido García

martes, 27 de julio de 2010

Cádiz y punto.

Caminar por la orilla, agradeciendo la fresca caricia del mar que envuelve mis pies, y la de la brisa que alcanza a embriagarme, con el más voluble aroma de la bajamar. Disfrutar de las grandiosidades con las que me siento gratificado por la madre naturaleza, y a las que yo gustosamente me abandono, dando rienda suelta a todos y cada uno de mis sentidos, como queriendo aprovecharme de la inagotable fuente de riqueza que me rodea.

Ante mis ojos, y hacia el lado en el que la playa desaparece bajo las cristalinas aguas; una extensa llanura de arena, se hace acompañar por el Atlántico, que insistentemente acaricia todo el litoral, fundiéndose en un eterno beso con las murallas del campo del sur, para terminar jugueteando con las rocas de la Caleta.

Del otro lado, aquel en el que la arena ha sido violentada por la mano del hombre; acoge en su regazo a las murallas de la ciudad. Murallas bicentenarias, cuyas piedras han sido defensa y escudo en su época y ha día de hoy, continúan siendo testigo de una ciudad trimilenaria. A partir de ese emblemático rincón, un paseo marítimo que discurre abrazado a la arena de la playa y escoltado por una larga hilera de edificios, entre los que notoriamente sobresalen: La Cárcel Real, la recogida y esbelta imagen de la Catedral, y en la lejanía, la bella y recortada silueta del intrépido e imperecedero castillo de San Sebastián, responsable de enarbolar como fiel guardián, la antorcha con la que dar aviso a los navegantes.

En definitiva, un incomparable e inmejorable marco con todos los ingredientes necesarios para recrear la vista del más exigente de los mortales.

Andrés Rubido García

sábado, 24 de julio de 2010

Un Puente hacia el Bicentenario

Señor Blanco, ojalá el futuro de mi querida ciudad de Cádiz, fuese tan claro como el color que denota su apellido, y tan brillante, como la luz que ilumina la Tacita de Plata. Pero lamentablemente y ha día de hoy, son tantas las vaguedades y rectificaciones hechas sobre la marcha por su Equipo de Gobierno, y tan desbordante el abuso y utilización de la demagogia por su parte, que no me cabe otra alternativa, que la de seguir apostando por "La Teo", tal como yo, con todos mis respetos hacia ella, cito a nuestra querida Alcaldesa.

Solo me falta conocer esa fecha, en la que muy gustosamente, al lado de todas y todos mis paisanos, podamos llevar a cabo esa importante movilización; mediante la cual y de una vez por todas, podamos decir alto y claro: ¡BASTA YA! Entre otras cosas, porque no siempre ha de ser Cádiz, la gran olvidada y desmerecedora de las buenas oportunidades. Porque ya va siendo hora de cambiar nuestra mala suerte. Una mala suerte, propiciada en muchas ocasiones por nuestra pasividad. Porque Cádiz, además de carnaval, también necesita del apoyo de esa España a la que pertenecemos, y por supuesto, de todos nosotros, que sin dejar de ser gaditanos, también somos españoles.

Hora es, de que comencemos a pensar seriamente en los intereses de nuestra Ciudad, que son por así decirlo, nuestros intereses. Pongámonos de acuerdo y de una vez por todas, unamos nuestras inquietudes y manifestémoslas al unísono. Hagámoslo por nuestra ciudad, y como no, para exigir que el puente de La Pepa, sea una realidad en el Bicentenario.

Andrés Rubido García

lunes, 12 de julio de 2010

La Justicia también se viste con La Roja

El día después, me ha servido para terminar de creerme, la más grande gesta de nuestra Selección. Una proeza que yo calificaría como grandiosa, y casi inalcanzable. Grandiosa por tratarse de una gesta perseguida por muchos países y disfrutada por tan solo unos pocos. Inalcanzable, como consecuencia de la actitud incomprensible de un "colegiado", que a mi particularmente, se me antoja como el más "incompetente". Calificativo con el que pretendo evitar de esta guisa, utilizar apelativos más certeros. Algo que creo dejaría al descubierto, el sentir de la mayoría de los españoles, ante la actitud de semejante e insolente colegiado.

Nuestra selección, compuesta por un excelente grupo y conducido sabiamente por un profesional entrenador; sabían de antemano que se enfrentaban a una difícil tarea. En sus mentes, contemplaban e imaginaban la posibilidad, de culminar con éxito una meta durante tantos años perseguida. Al fin y al cabo, difícil pero no imposible.

Sufrimos las consecuencias de un mal comienzo, algo que dio lugar a un sin fin de conjeturas entre aficionados, periodistas y algún que otro profesional del deporte rey. Sin embargo, a medida que nos enfrentábamos a un nuevo rival; La Roja iba dejando constancia de su madurado y concienciado progreso. Su magistral juego limpio y la seguridad en sus toques de balón, nos empujaban a creer más en ellos, y por supuesto, a gritar con más fuerza y seguridad nuestro más aireado ¡¡Podemos!! Estábamos dejando de soñar, para comenzar a creer en la cada vez más cercana posibilidad, de nuestro más añorado deseo.

Habían sido capaces, lo habían conseguido con su esfuerzo, con esa casta que nos caracteriza a los españoles. Tan solo nos separaba de nuestro perseguido sueño, un encuentro con la selección Holandesa. Lo que no podíamos imaginar, era la respuesta por parte de algunos de sus jugadores, ante la imposibilidad de frenar el estilo de juego de La Roja. Unos quince primeros minutos, en los que La Roja les hizo sentirse inferiores. Fue toda una demostración de clase, dominio, limpieza y seguridad; en otras palabras: Un sistema de juego, que en los pies de La Roja había comenzado a imponer respeto a todos nuestros rivales.

El juego sucio, hizo su aparición de la mano de algunos jugadores holandeses, que amparándose en la incomprensible, descarada e indiferente actitud del arbitro; llego a alcanzar niveles de verdadera agresividad. Un juego que tan solo sirvió, para dejar constancia de la incapacidad de dicha selección y que se mantuvo a todo lo largo de los 120 minutos que duro el encuentro.

Faltaban apenas unos minutos cuando se produjo el ansiado momento. Después de haber gritado una y otra vez ante la pantalla del televisor, los más vejatorios y despectivos improperios sobre la ralea de semejante indeseable; llego el maravilloso gol, un gol con sabor a Iniesta, un gol que al igual que muchos millones de españoles, grite y vitoreé hasta la saciedad. Un grito nacido de la impotencia acumulada y sobre todo, del maravilloso hecho de poder ver, como la justicia se alzaba triunfante y victoriosa. Una justicia que se ha vestido con La Roja, entremezclándose con un puñado de españoles, que han conseguido estampar sus nombres en la historia de España y nunca mejor dicho del mundo.


Andrés Rubido García

sábado, 3 de julio de 2010

Criticar, por criticar

Pertenecemos a una especie, que a pesar de auto-calificarnos como humanos, pululan "personas" capaces de criticar sin conocimiento de causa, de sacrificar y matar, aunque para ello tengan que olvidar cegados por su egoísmo, por la envidia, o lo que es aún peor, por el odio nacido de lo más ruin de las entrañas; de nuestra condición de ser humano.

A veces me pregunto: ¿Somos tantas las personas que abusamos, hasta el punto de hacer realidad, el popular dicho de: "ver en ojo ajeno la más insignificante esquirla, y por el contrario, no ser capaces de ver la viga en el nuestro?

Creo que generalizamos a nuestro antojo, y medimos a la ligera con el rasero que más nos convenga, dependiendo de la circunstancia del momento. Una mala costumbre que se podría evitar, si fuésemos capaces de admitir, la necesidad de mejorar en nuestras relaciones, en nuestros precarios comportamientos; de los que en muchas ocasiones abusamos en demasía, anteponiendo por sistema y lamentable costumbre, el eterno "Yo"

Somos dados a dejarnos llevar con suma facilidad, por nuestros sentimientos, que alentados por el morbo, llegamos a abrigar conductas equivocadas, de las que más tarde y en silencio, nos arrepentimos.

Si bien es verdad, que desde nuestra más corta edad, sentimos un enorme deseo de imitar las acciones de nuestros mayores; no estaría nada mal, que comenzásemos a plantearnos la posibilidad de aprovechar nuestra aletargada capacidad de escuchar, complementándola, con la nada despreciable habilidad de pensar detenidamente; para en lo sucesivo, evitar prejuzgar a la ligera.

Andrés Rubido García