A menudo echo mano de la venerada libertad, para expresar los sentimientos. Aquellos que más deseo compartir, sin necesidad de albergar esperanza alguna de que sean escuchados. Creo que para todo hay un momento, y no es este precisamente el indicado para expresarlos de viva voz. Tan solo y con suerte, esperar a que sean leídos por alguien que como yo, siente y disfruta compartiendo desde el silencio. Algo tan sencillo, como respetar la llamada del corazón y dando rienda suelta a esa fuente, cuyo fresco y cristalino susurro, nacido del generoso chorro que emana por su caño; impida que la indiferencia se imponga, invitando a enmudecer la única fuente de la verdad.
No quiero ser una de esas fuentes, cuyos caños han enmudecido para ser presa del moho, fiel testigo del largo tiempo transcurrido, desde sus últimos susurros. En ellas, en el regazo de sus inquebrantables silencios, adormecen las largas historias, de otras tantas criaturas que calmaron su sed en ellos. Eran otros tiempos, en los que la indiferencia no alcanzaba a enmudecerlos.
Andrés Rubido García
No quiero ser una de esas fuentes, cuyos caños han enmudecido para ser presa del moho, fiel testigo del largo tiempo transcurrido, desde sus últimos susurros. En ellas, en el regazo de sus inquebrantables silencios, adormecen las largas historias, de otras tantas criaturas que calmaron su sed en ellos. Eran otros tiempos, en los que la indiferencia no alcanzaba a enmudecerlos.
Andrés Rubido García

No sólo tus palabras cargadas de sentimientos y emociones honestas son escuchadas y reflexionadas, incluso esperadas, aunque la más de las veces en silencio. También tu buen hacer, presente y pasado es valorado y tenido en cuenta. Aunque no siempre justamente y públicamente reconocido, pero reconocido al fin y al cabo por los que te conocemos y tenemos el privilegio de contar contigo.
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