domingo, 12 de diciembre de 2010

¿Somos...o no, víctimas del marketing?

Un año más, nos dejamos influir por el extraño virus para el que los grandes empresarios comerciales, tienen dispuesto a lo largo de los 365 días del año, a los responsables de mantenerlo y robustecerlo, con el firme propósito de continuar contaminando nuestros cerebros día tras día, y cómo no, aprovechando el tirón, llamar a las puertas de nuestros maleducados impulsos, embriagados de tanto modernismo negativo, y dándoles rienda suelta, poder conseguir sus propósitos.

Podíamos decir, que la “Entrañable Navidad” tiene al igual que la gripe común, su periodo de gestación o incubación, seguido del periodo de revelación descarada, en el que nuestro grado de desmadre se dispara de tal manera, que nos cambia nuestra forma de pensar, entregándonos y dejándonos llevar por esa fuerza que nos arrastra, hasta el punto de dejar nuestra ya delicada economía, a las puertas de la UCI.

Desde que el plástico sustituyó a los billetitos contantes y sonantes en la mayoría de nuestras compras; en las billeteras de los ciudadanos, solo son visibles a excepción de algún que otro papel, un cierto número de las consabidas tarjetas, el DNI y un resguardo de la primitiva o bonoloto, en el que tenemos volcadas todas nuestras esperanzas. Una esperanza ciega, que nos lleva a soñar con la solución a nuestras recién contraídas deudas navideñas; y ya puestos a pedir, nos ayude a olvidar la puñetera “cuesta de enero”, de la que tan solo nosotros, somos responsables y únicos culpables: todos y cada uno de nosotros, de los que pertenecemos al llamado grupo de currantes, y de los que un gran número solemos tropezar siempre con la misma piedra, gastando más de lo que realmente podemos. Todo ello, gracias a la labor realizada por los encargados de comernos además del coco, el dinerito.

Muchos serán, los que para olvidar los malos tragos, recurran a otros peores, alegrándose el día con unas copas; quizá por aquello de que: “La mancha de una mora con otra se quita”. Unas copas que posiblemente serán el preludio de una larga y variada lista, que nos conducirá a la inevitable primera resaca navideña, dejando tras de sí, los consiguientes daños colaterales, que pueden dar como resultado, una amarga cena, y el total descontento familiar. Ni que decir tiene, que una vez terminado el periodo Navideño, y en el supuesto de que hayamos tenido la "suerte" de sobrevivir a tan desmadrada festividad, nos tropezaremos un año más con la puñetera "cuesta de enero"

Andrés Rubido García

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