Los brazos apoyados sobre la balaustrada; a veces, contemplando las pequeñas olas que acariciaban el lienzo de la muralla, y otras, con la mirada perdida en el horizonte. Mientras, su mente navegaba libre entre recuerdos, que le mantenían en un continuo ir y venir. Por un momento, se sintió nuevamente inmerso en aquella vida de marino. Había conseguido retroceder en el tiempo, hasta llegar a sentir el agresivo calor de la sala de máquinas. Se sentía sudoroso, mientras observaba la brasa del cigarro que mantenía entre sus dedos, y que poco a poco se extinguía, invadida por la humedad de aquel sudor, que también transpiraban sus manos.
Había comenzado a esbozar una dudosa e insegura sonrisa, como si acabase de despertar de un sueño, en el que sintiéndose viejo y maltrecho, tan solo servía para poco más, que complacer los deseos de aquel nieto, del que gustaba compartir sus juegos, y como no, robarle de cuando en cuando un beso, nacido de aquellos pequeños y sonrientes labios infantiles, que le insuflaban vida cuando le llamaba ¡Abuelo!.
Sumergido entre recuerdos, y roto el silencio por las voces y risas de aquellos pequeños correteando por la alameda, despertó a la realidad. Una realidad, de la que no era capaz de precisar, el tiempo que se había llevado inmerso entre aquellos recuerdos, que durante unos segundos, le mantuvieron en la duda de si había estado soñando, o por el contrario, comenzaba.
Se preguntaba sobre la capacidad de la mente, y agradecía el haber podido regresar a la realidad. Entre otras cosas, porque la vida debía continuar su curso, y él, debía seguir cumpliendo con sus obligaciones, propias de aquella vida que le había tocado vivir, y como no, procurando a lo largo de la misma, como siempre había hecho, que esta fuese lo más placentera posible. Se trataba por así decirlo, de su vida y sus circunstancias.
Comenzó a caminar y mientras lo hacía, pensaba en lo poco que cuesta disfrutar de los placeres que esta nos brinda, aceptando por supuesto que, "La vida sigue"
Andrés Rubido García
Había comenzado a esbozar una dudosa e insegura sonrisa, como si acabase de despertar de un sueño, en el que sintiéndose viejo y maltrecho, tan solo servía para poco más, que complacer los deseos de aquel nieto, del que gustaba compartir sus juegos, y como no, robarle de cuando en cuando un beso, nacido de aquellos pequeños y sonrientes labios infantiles, que le insuflaban vida cuando le llamaba ¡Abuelo!.
Sumergido entre recuerdos, y roto el silencio por las voces y risas de aquellos pequeños correteando por la alameda, despertó a la realidad. Una realidad, de la que no era capaz de precisar, el tiempo que se había llevado inmerso entre aquellos recuerdos, que durante unos segundos, le mantuvieron en la duda de si había estado soñando, o por el contrario, comenzaba.
Se preguntaba sobre la capacidad de la mente, y agradecía el haber podido regresar a la realidad. Entre otras cosas, porque la vida debía continuar su curso, y él, debía seguir cumpliendo con sus obligaciones, propias de aquella vida que le había tocado vivir, y como no, procurando a lo largo de la misma, como siempre había hecho, que esta fuese lo más placentera posible. Se trataba por así decirlo, de su vida y sus circunstancias.
Comenzó a caminar y mientras lo hacía, pensaba en lo poco que cuesta disfrutar de los placeres que esta nos brinda, aceptando por supuesto que, "La vida sigue"
Andrés Rubido García

Nada mas terminar de leer se me ha plantado una sorisa de esas de las que uno muestra su satisfacción. Satisfacción por leer un gran post, un post con sentimientos, ni corto ni largo, simplemente exacto.
ResponderEliminarY entre que escribo esto, como bien dices, la vida sigue, no sé si igual, mejor o peor pero sigue y uno se siente feliz de seguir teniendo a su gente al rededor.