viernes, 2 de marzo de 2012

Entre el recuerdo y la nostalgia


¡Ay! Sí supieras la pena que me invade sintiéndote lejos; convirtiéndose toda ella, en la única y posible razón que me ayuda a despertar todos mis deseos de sentirte, besarte, respirarte...El hecho de sentirte cerca, despierta en mí, el mismo sentimiento, del hijo hacia su madre, hacia la que le parió y amamanto en su regazo.

Al no poder estar cerca de ti, procuro compartir con aquellos que saben de mis sentimientos, igual que yo conozco los de ellos. Quizá, por tener que compartir las mismas razones. Te hablo de los sentimientos encontrados, que me abrazan haciéndome revivir mis mejores momentos junto a ti, cuando pienso en ti; cuando lo que de verdad deseo, es ser transportado al pasado, para poder revivir con más fuerza, aquella niñez que se perdió en el tiempo. Te hablo de mí, de mi niñez, de aquel que sin dejar de jugar, comenzó a perderte en la distancia. Una distancia, que nunca llegó ni llegará a ser una dificultad, como para poder olvidarte. Recuerdos que por momentos, inflaman mi sentimiento de la añoranza, y me llenan de entusiasmo y felicidad, mientras gozo de ti, entre esos grandes recuerdos. Recuerdos de ese infantil pasado que me llama, y a los que acudo siempre, como una obligación más, como parte de esa devoción que siento por ti; como la visita obligada del deber de hijo para con su madre.

Sólo aquellos que en algún que otro momento, necesitan de compartir parte de su tiempo de ocio, con los recuerdos del pasado; podrán entender la razón de este amor que yo siento por mi pueblo.

¡No! no busco entristecerme con los recuerdos, más bien esbozo sonrisas con cada uno de ellos. Mi pena, es el poco tiempo del que me dotó el destino, para disfrutar de aquellos días grises de invierno, bajo la incesante lluvia en cada ida y venida de la escuela. Atravesando charcos de agua, como poniendo a prueba las botas que con tanto cariño mi abuela me comprara.

Creo que estas canas, no van en consonancia con el espíritu que mora en mi interior, con el niño que se rebela ante la mesura, de la sexagenaria realidad de los dedos que tecleando, permiten dejar constancia de mis verdaderos sentimientos.

Es tan poco lo que pido a través de esos recuerdos, y tan grande el confortamiento que me brindan, que decidí continuar vagando entre ellos, para por lo menos poder continuar viviendo el resto de mi vejez, con el espíritu del niño que tan sólo morirá conmigo.

Andrés Rubido García

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