lunes, 20 de febrero de 2012

A las esposas, e hijos de los marinos


Haciendo balance de los años vividos, de aquellos días, en los que mi estancia en casa parecía volatizarse, como empujada por las manecillas del reloj. Aquellos en los que la despedida se fue convirtiendo con el paso del tiempo, en una prueba cada vez más difícil de superar. Recuerdo, que a medida que ese día se acercaba, comenzaban a reinar en mi interior los síntomas inequívocos de la morriña. Siempre procuré evitar transmitirles a mi esposa e hijos, esta congoja que se apoderaba de mi estado de ánimo, impidiéndome ser yo mismo.

- Papá ¿Ya te vas?
- No hijo, aún no.
- Pues…para que es ese bolso.
- Para ir guardando lo que voy a necesitar durante mi estancia en el barco.
- Papá, yo no quiero que te vayas.
- Hijo, tengo que ir a trabajar para ganar dinero.
- Y… ¿por qué los papás de mis amigos, no se tienen que ir?

Era esta una conversación, nacida de unas mentes infantiles y como no, de hijos de un marino. Eran preguntas, fomentadas por mis cortos periodos de tiempo en el hogar. Apenas comenzábamos a disfrutar mutuamente de los abrazos, de los besos, de los juegos; cuando recibía el telegrama en el que se me indicaba el puerto, día y buque en el que tenía que integrarme a mi puesto de trabajo. Tanto mi familia como yo, sabíamos de las notorias y marcadas diferencias entre las relaciones familiares en la casa de un marino, y las de cualquier otra, en la que se desconociese ese mundo. Sabíamos de un largo etc. de razones más que suficientes, como para despertar en ellos y en mí, una nostalgia que por cada día que pasaba, se hacía más insoportable.

Recuerdo que hubo un tiempo, en el que pasé de tachar uno a uno los días en el almanaque; a tacharlos por semana transcurrida. Todo se traducía en no querer entender, que los periodos de embarque, superaban con creces al de vacaciones. Es por ello, por lo que las mismas 24 horas de un día navegado, se hacían interminables, comparadas con las que transcurrían en compañía de la familia. Sumar a estos largos periodos, las circunstancias climatológicas por las que atravesábamos, y el hecho de haber sido naufrago en tres ocasiones, hacia alimentar en mi la negatividad de supervivencia. Pensaba en que no siempre iba a disponer de esa suerte, que hoy me permite recordarlo.

Han sido muchas las horas, en las que apoyado sobre uno de los costados del barco, contemplaba el horizonte, mientras en mi mente hacía un recuento de las navidades, de los reyes, de los fines de semana, de los días festivos pasados y nunca mejor dicho “por agua”. De tantos y tantos días “vividos” entre mar y cielo, y entre los que lo único que se hacía patente, era la ausencia de ellos, de mi esposa, de mis hijos, de pisar tierra firme. Al final, terminaba haciendo un recuento del tiempo que tardaría en poder volver a estar con ellos…en poder volver a abrazarlos. Nada comparado, con las noticias de la proximidad de un ciclón o huracán en pleno océano, del que siempre se procuraba huir; y en otras ocasiones, sólo conseguíamos a duras penas. Siempre supe advertir entre mis compañeros, cuando la sonrisa era forzada y fingida, en un intento de querer transmitirnos el buen rollo y ausencia de cualquier tipo de preocupación. Era la religión o doctrina en la que el mar nos “sumergía”, entre sus grandes montañas de espuma obligadas a bailar bajo el son que les marcaba la furia del viento. Una doctrina con la que teníamos que aprender a esconder nuestros miedos, dando más sensación de lobos de mar; para mí, solo existentes en las historietas. Los verdaderos lobos de mar por mi conocidos y de cuyas manadas he formado parte a lo largo de más de 35 años, también tenían y tienen familia, esposas e hijos que los esperaban con los brazos abiertos. Muchos de esos familiares, preguntándose en que parte de esa gran masa de agua reposan sus restos. Esos lobos de mar, también han llorado y lloran por los suyos, de la misma forma que yo lo he hecho por los míos. La razón de todo ello, es la posible ruda y dura mentalidad del marino, pero en cuyo cuerpo habita un corazón inmenso.

Andrés Rubido García

6 comentarios:

  1. Marinos, marineros, gente del mar, estáis hechos de una pasta distinta. Lleváis demasiada sal en vuestra esencia. Esa no sube la tensión, ésa pone en tensión.
    Ni sois rudos ni tenéis dura mentalidad, sois sensibles, fuertes, con la mente en casa y el cuerpo en ese barco que capea el temporal y lleva comida y amor a casa cuando llegáis.
    Mi grandísimo reconocimiento.
    Y mi admiración a tus escritos, que escribes mas con la vida que llevaste que con las teclas que pulsaste.
    Soy viuda de la mar,de un hombre que se ganaba la vida en tierra pero que su vida era el mar.

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    1. Marilyn ¡¡¡Gracias!!! Por tus palabras, llenas de sentimiento y de emoción. Una emoción que intuyo, es el abrazo del recuerdo del ser querido. Un gran abrazo.

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  2. hola amigo andres,mi primera experiencia fue embarcarme en una jamela o chalana, asi creo que se llama'pues bien una tarde me dio por subirme a una de esas y mira tu por donde sin saber nadar con mentalidad de niño, la jamela se desata y ala al garete, nadie se dio cuenta de eso y yo que me alejaba cada vez mas de la playa,hasta que mi hermano francisco se percato y salio con otra embarcacion en mi ayuda,no mucho tiempo despues mi padre nos llevo a cadiz donde la vida marinera estaba en auge,era dinero facil aparentemente pero yo era todavia muy joven,asi que me puse a estudiar, pero como ya se sabe que el tintineo del dinero llama a filas,asi que cuando tube la edad me embarque,me advirtieron que no lo hiciera pero en esa edad uno no escucha,asi que dicho y echo ahhhhggggggggg que experiencia tan horrible,se te queda gravado hasta en lo mas profundo asi que como pelota iba de lado alado del barco,fue mi primer viaje de trabajo ya era un marinero mas, se me habia metido en tan solo 8 dias en cada poro la sal de la mar,despues ya todo era mas facil fui cambiando de barco cada vez mayor y cada vez con mas experiencia,recorri medio mundo lo pase relativamente bien pero al final no esta pagado cuando añoras la tierra y solo ves horizonte,por fin decidi dejarlo y probar en otros oficios en tierra, asi fue pero mira por donde solicito en remolcadores de puertos eso fue un cambio radical aun sin dejar la mar, asi que comprendo a ese niño cuando decia por que te vas papa ??? a veces por que es lo unico mas facil? mas dinero ?? se lleva dentro ?? son caminos que nos pone la vida... otro dia se hablara de las mujeres que esperaba a sus esposos he hijos,ellas tambien sufrian... gracias por estos detalles amigo andres

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    1. ¡¡¡Gracias!!! A ti y a los que como tú, gustan de leer algunos de mis sentimientos aflorados, y que últimamente, deseo compartir, en la esperanza de que mi mensaje, pueda llegar al corazón de aquellos que sintiéndose identificados conmigo, agradecen ese matrimonio que se ejecuta entre la lectura, y el recuerdo que aflora, a través de dicha lectura. Un gran abrazo amigo.

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  3. Hola andres, actualmente estoy recuadando información sobre los marineros y sus esposas para un documental sobre la vida en el mar, en encantaría estuvieramos en contacto para que me contaras un poco tus experiencias en la marina y tus historias. Mi email es vallita8a@gmail.com. Espero estemos al corriente, saludos.

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    1. Hola, primeramente, pedirte me perdones por mi retraso en responder a tu petición y por supuesto que estaría encantado de mantener contacto y poder ayudarte en todos aquellos temas relacionados con el mundo del marino, y más concretamente con mis vivencias marineras. Bien es verdad, que en mi blog, encontrarás alguna, pero siempre estaré dispuesto para lo que necesites sobre dicho tema. Saludos

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