Lola, hoy en nuestro cuadragésimo San Valentín, hacemos gala de la dignidad y honestidad de nuestro imperecedero amor. Es por ello, por lo que a pesar de mis canas, siento la necesidad de decírtelo una vez más. Sí…, ya sé que nos lo decimos a cada momento, y que nosotros no necesitamos de San Valentín, para recordarnos lo mucho que nos queremos. Nuestro amor, es el pilar de un cariño que ha ido madurando a través de los años, a pesar de los cuales, continua igual de joven que cuando nació. Quizá, porque el cariño y el amor no tienen edad, tan solo necesitan de la persona a quien amar y con la que sentirse amado.
¡Mi vida!, los dos sabemos que la felicidad con la que se alimenta nuestro amor, ha ido creciendo a través de los años. Esta es, y continua siendo el aroma que estos dejan al pasar. Que importan las arrugas, cuando se descubre la belleza de las mismas, cuando en ellas se sustenta la sabiduría de este amor tocado por la gracia de la inmortalidad. Que importan las arrugas, cuando estas son fiel testigo de nuestro infinito amor. Un amor, que a pesar de esas marcadas huellas que delatan el transcurrir del tiempo en nuestro rostro, se resiste a envejecer.
Te acuerdas…te acuerdas de aquella primera vez…te acuerdas de aquellas primeras caricias, de nuestras miradas encontradas. Lo estoy recordando, y por los poros de la piel de mi rostro, de mis manos, de todo mi cuerpo, siento el calor de esa felicidad que me invade, al ser consciente de la suerte de poder continuar acariciando el tuyo. Es todo mí ser el que cobra fuerza y se estremece con cada uno de los recuerdos. Recuerdos lejanos y recientes, pero que son el estimulo y el deseo de poder decirte tantas y tantas cosas...
Decirte, que no es tan solo el recuerdo de tu tímida mirada, de la mirada de aquellos jóvenes y bellos ojos que me embrujaban, los que acuden a mí mente. Apenas hace un momento que nos miramos y besamos, y sentí la necesidad de plasmarlo en este mi blog, para virtualmente gritar a los cuatro vientos nuestra felicidad. Una felicidad que me llega y que por momentos me hace sentir cierto temor. Es el miedo del tiempo que corre implacable, como queriendo romper estos años de infinito amor que calman nuestra sed.
Siento miedo y celos de la almohada en la que apoyas tu rostro. El mismo que encuentro cada mañana al despertarme y que me invita a besar tus labios con la misma pasión de nuestro primer beso.
A pesar del temor que a veces me invade, como queriendo empañar esa, nuestra felicidad; nada me importa si te tengo a mi lado, si con una apasionada mirada permitimos que sean nuestros ojos, los que en silencio nos recuerden, que nuestro amor perdura a pesar de las marcadas huellas de nuestro rostro, a pesar del paso de los años. Es el bello y placentero ejercicio de besarte en cada mañana, en cada momento, en cada noche y antes de dormirme; el que me permite soñar contigo hasta llegado ese bello instante, en el que colmado de felicidad, te susurro al oído: “Te quiero mi vida”, después…mirándonos a los ojos y como no podía ser de otra manera, un nuevo beso da la bienvenida a un nuevo amanecer, y en este San Valentín, ante la presencia de un ramillete de rosas rojas, como ofrenda a ese amor que nos tenemos… y con el que decirte…¡¡¡Te quiero Lola!!!
Andrés Rubido García

Muy chulo amigo.
ResponderEliminarFelicidades
Jorge
tremendamente emocionante. Suerte tenéis los que tras el primer beso, tímido y oculto a las miradas ajenas podéis seguir besándoos.
ResponderEliminarEra mi ilusión. No pudo ser...
Me alegro por vosotros y envidio a tu mujer por tener a un hombre como tú a su lado.
Felicidades muchos años mas.