Cuando las corrientes de esta infernal e interminable marea de crisis económica nos arrastra, nuestra más grande preocupación pasa por la destrucción de nuestros puestos de trabajo, algo que nos lleva a preguntamos qué hemos hecho mal para llegar a estos extremos. Por su parte, los cabezas pensantes o lumbreras, es decir: políticos, señores doctorados en ciencias económicas y finanzas; opinan que todos y cada uno de nosotros somos en cierta medida culpables de esta catástrofe económica. Sinceramente, pienso que se han pasado tres pueblos, y nunca mejor dicho, no creo que después de haber alcanzado los 4.978.300 parados, sea este el mejor momento para bromas.
De cualquier manera y volviendo al tema en cuestión, a ciertos señores políticos se les ha ocurrido que nos van a “solucionar” la vida. Son los mismos embaucadores que cada cuatro años se reúnen dando rienda suelta a sus quimeras, sin importarles lo que pueda ocurrir con esa vida. Una vida que es el producto de muchos años de lucha y trabajo, y cuyos frutos han quedado limitados en un gran número de casos, a perder el hogar que con tanto sudor y lagrimas iban pagando. Un hogar que hoy les obligan a abandonar por impagos. Facturas, letras y recibos a los que no pueden hacer frente por encontrarse privados de su trabajo. Hablo de personas trabajadoras, cuya prestación por desempleo no les alcanza para cubrir los gastos habituales y básicos; razón más que suficiente para mendigar un plato de comida. Son muchas vidas las que estos señores han destrozando a todo lo largo y ancho del país, para ahora, aprovechando el tirón electoral que se avecina; pretender de la manera más fácil y campechana, convencernos una vez más con sus falsas promesas. Unas promesas listas para ser sustituidas por aquellas otras que ocultas bajo los disfraces de la demagogia, tejidos con el hilo de la hipocresía, transmitan a estos embaucadores, la tranquilidad necesaria para podernos decir que ya no tenemos que temer, que ya no tenemos que preocuparnos.
Sin embargo, a veces ocurre, que la sociedad cansada de tanta palabrería y cuando la mente de todos comienza a ser pasto de la ansiedad, cuando la impotencia se hace firme en cada uno de nosotros; el pueblo une sus gargantas como si de una sola voz se tratase, y al amparo que el derecho a la libertad de expresión nos brinda como ocurriera en el 15 M; nos echamos a la calle para reivindicar nuestros derechos y sobre todo, manifestarnos en contra de la larga lista de abusos que se cometen diariamente, de la mano de nuestros gobernantes, que son los primeros que se pasan la democracia por el forro del poder. Un poder que uniformado y amparado por dichos gobernantes, se esfuerzan en poner orden, donde no ha dejado de existir, a excepción de algún que otro anti sistema. Son las fuerzas y cuerpos de “seguridad” del Estado, obligando a todo un pueblo a dispersarse bajo la utilización de la violencia. Visto así es lógico pensar, que incluso en nuestro país, supuestamente democrático, en el que las injusticias deberían hallarse dormitando en el limbo del olvido, también nosotros busquemos con ahínco ese faro llamado Libertad.
Andrés Rubido García

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