martes, 25 de octubre de 2011

Pasado, huella, y sombra de una vida.


Huir de la soledad, de mi soledad, de la que solo yo percibo, de la que hallándome rodeado, siento que me asfixia la indolencia. Necesito caminar, escuchar mis pasos e hilvanar mí día a día. Solo así puedo albergar la esperanza de encontrarme algún día conmigo mismo. No me gusta ser el bohemio de caminar errante. Sueño con poder conjugar mis pasos con mi deseo, a la búsqueda de lo que verdaderamente quiero, y caminar, caminar por esos senderos de vida, alejándome de la orgullosa indiferencia, a la que espero perder en la distancia, hasta llegar a sentir que se precipita por el abismo del olvido. Nada de esto es fácil…necesito desnudarme interiormente y conocer mi otro yo aletargado. Solo así podre continuar mi andadura con la seguridad que mi conciencia me dicta.


Caminar, huyendo del destino impuesto, de aquel destino con el que dicen, nace cada persona. ¡No!, no puedo concebir toda una vida premeditada y escrita, como si de una novela se tratase y sin posibilidad de cambio, de elección. En el libro de mi “destino” quiero páginas en blanco, un libro en el que solo yo sea el escritor. Un “destino” del que no necesito ni quiero saber; tan solo me preocupa el presente, el instante, el momento, el día a día sobre el que poder elegir y ser el único responsable de mis actos, de mi forma de ser y vivir.


Deseo conservar mi pasado por ser el fiel testigo de mí caminar, de mis vivencias, de mis malos y buenos momentos. Mí pasado es ese libro sobre cuyas páginas se han ido escribiendo y alojando todos y cada uno de aquellos recuerdos más añorados. Deseo y necesito albergarlo, porque a diferencia del inexistente futuro, el pasado es la referencia o reseña, para no tropezar con la misma piedra.


Para poder continuar mi andadura, mi vida; debo encontrar la fuente en la que calmar la sed del discernimiento, para evitar el equivocar o caer en aquellos vagos sueños de grandeza, evitando así perder el contacto con la realidad y por supuesto, no olvidarme de la carencia de inmunidad que como mortal me asiste. Son quizá estas razones entre otras, las que necesito tener presentes para no dejarme arrastrar por las corrientes compulsivas del azar. Todo ello, porque ambiciono hacer de mí día a día, una vida llena de consagraciones positivas, que me permitan realizarme como la persona que siempre he querido ser; y por supuesto, libre de juegos adivinatorios y futurólogos; por considerar que mi vida es algo mucho más importante que un simple juego de azar llamado futuro. 


Andrés Rubido García

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