jueves, 20 de octubre de 2011

Justicia para Marta


Una vez más la justicia falla a favor de los delincuentes y le concede a los familiares de las víctimas, el terrible privilegio de tener que seguir sufriendo “impávidos” las agresiones, violación y muerte de una hija.

Toda una serie de hechos dramáticos, relatados con cuenta gotas y salpicados de contradicciones por boca de unos indeseables, asesinos, torturadores y violadores; que hasta donde sabemos, continúan jugando al ratón y al gato con la justicia.

Pero no termina aquí este largo y penoso camino de sufrimiento y tortura, de toda una familia, que a pesar de su incondicional y constante dedicación en el esfuerzo por esclarecer la realidad de los hechos, continúan sin poder dar cristiana sepultura a su hija, dada la decisión unánime de los asesinos, de no revelar el lugar en el que abandonaron a los restos mortales de Marta.

Resulta brutalmente cruel e inhumano, propio de una naturaleza salvaje, que aún a pesar de tratarse de una serie de graves delitos cometidos, como son las formas y circunstancias en las que se cometieron. Nuestro “funcional” sistema, apenas pueda apretarles las clavijas a estas alimañas, que lejos de sentirse arrepentidas presumen y se pavonean con aires y gestos de chulería.

¡No!, no pretendo manifestarme en defensa de la cadena perpetua, y mucho menos de la pena de muerte; ambos, temas de largo y arduo camino, para poder llegar a conseguir su abolición. Pero creo que es momento ya, de que las competencias a las que anteriormente me refería, tomen cartas en el asunto, y de una vez por todas, nos expliquen a los que no entendemos de leyes, pero sí de derechos y sentimiento humano; el porqué se protege tanto a los agresores, violadores y asesinos. Una razón por la que no les importa reincidir, dejando totalmente desprotegida al resto de la sociedad de este país, que conmocionada e impotente ante la debilitada seguridad ciudadana, se une al dolor y sentimiento de unos padres que desde la más difícil entereza, claman justicia.

Andrés Rubido García

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