jueves, 23 de noviembre de 2017

¡Cada vez que te recuerdo!



Mucho el tiempo transcurrido sin mencionarte. A decir verdad, son pocas mis reflexiones entre las que no figuras. Tal vez la razón, sea la morriña que me asiste y que me acompaña desde hace tantos años… desde que encamine mis pasos hacia tierras lejanas, donde me asenté y forme una familia. Un empuje e iniciativa forzada por el mirar del mañana, que se  anteponía siempre por delante, en aquella época.

A pesar del tiempo, hoy traducido  en años, entre los cuales te visité algunas veces y en las que  me asaltaba la absurda sensación, de  llegar a sentirme como un extranjero en mi tierra. Divagaciones de la vida, en las que las circunstancias no siempre son las mismas, aunque mis sentimientos por ti, por esa tierra que me vio nacer, sigan tan fuertes y aferrados a ti como en aquellos días en los que comenzaba a despertar a la pubertad, a la frágil madurez de mi mocedad. Tiempos en los que mis sentimientos hacia ti, se encontraban enraizados, como si de un cordón umbilical se tratase.
 
Si supieras… me recreo contemplándote entre retratos como llamábamos entonces. Imágenes que me invitan a recordarte con la misma fuerza y pasión de siempre. Quizá por ello, agradezco de corazón a mis inolvidables compañeros, la buena obra que hacen compartiendo dichas imágenes en facebook. Son por así decirlo, toda una gran y reconfortante fuente de alegría, aunque en ocasiones, me humedezcan los ojos, testigo inequívoco de ese nudo que se me forma en la garganta… ¡Cada vez que te recuerdo! 

Andrés Rubido García

lunes, 21 de agosto de 2017

Algo Grave está ocurriendo



Cuando en la mayor parte del mundo se “Lucha” por sustituir las guerras por el dialogo y el entendimiento; duele y cuesta creer, que estos actos terroristas estén sembrando a lo largo y ancho de este mundo, el terror, impregnado de sangre y muerte. Un mundo castigado por infinidad de guerras y conflictos, nacidos del caldo de cultivo que generan la ambición, el odio, la venganza, la sinrazón, y a veces, la omnipotencia del poder… Algo grave está ocurriendo, cuando ya caminamos por la segunda década de este recién estrenado siglo XXI. Cuando la ciencia y la tecnología, comienza a vislumbrar estudios llevados a la realidad en cosas que siempre hemos considerado ciencia ficción, y que se están convirtiendo en cosas normales de nuestro día a día… Algo grave está ocurriendo. 

Después de haber recorrido infinidad de caminos a lo largo de mi vida y cuando estoy en la antesala de mis sesenta y nueve cumpleaños, he llegado al convencimiento, de que en la vida lo más importante, reside y se establece entre la amistad de las personas, en el amor al prójimo. Confundimos las competiciones de los juegos, con el deseo de prevalecer por encima de todo y de todos, a costes muy elevados; tanto, que rayamos con la violencia, sin importarnos la gravedad de las consecuencias. Sería mucho más interesante mirarnos a los ojos de igual a igual, respetando nuestras posibles diferencias físicas y culturales; entre otras cosas, porque no importa el color de la piel de las personas, ni tampoco el color de sus ojos. Somos personas iguales, independientemente de sus religiones o culturas. Después de todo, no existe riqueza lo suficientemente grande, como para superar a la muerte. Es en esta vida, cuando nos tenemos que preocupar de la paz y felicidad compartida.  A veces… volver la vista atrás, nos ayuda e invita a mirarnos al espejo, a entender que cada cultura es distinta y tan respetable como las demás. Aprender a valorar las buenas obras, sin necesidad de subrayar las malas; simplemente ayudar dentro de nuestras posibilidades a corregirlas con razonamientos, nunca demandados. El papel de jueces debemos de eludirlo y dejar que sean los profesionales los que impartan justicia.

Creo que deberíamos de aprender a valorar la infinidad de obsequios que nos ofrece la vida. Presentes que distan mucho de dádivas materiales, siempre erróneamente ambicionadas, y que en una gran mayoría de casos, nos impiden una vida holgada y feliz. La amistad y el entendimiento entre las personas, fomenta el dialogo e incrementa las posibilidades de nuevas amistades, toda una inmensa riqueza. Quizá no esté de más entender, que no solo de pan se vive; pero siempre sin olvidar la necesidad de fomentar la idea de lo justo y necesario, para no caer en el pozo del abuso. Posiblemente se necesite de tiempo y paciencia, para analizar los comportamientos y razones que nos llevan con cierta ligereza a hacer uso de la violencia; para poder cambiar ciertas formas equivocadas de pensar, y que mientras nuestros responsables de la educación del comportamiento, estudian sobre ello; bueno sería que entre todos echando mano de nuestra voluntad, aportásemos nuestro granito de arena.

Andrés Rubido García

jueves, 20 de julio de 2017

De aquellos nuestros antepasados



De nuestros antepasados, de aquellos que trabajaban sin tregua. De mujeres que trabajaban en las fábricas de conservas; las que aprovechaban hasta la más minúscula porción de  tiempo para cultivar la tierra. Eran las mismas que fregaban aquellos bancos de madera, con la piel del melgacho; las que cortaban la leña para encender aquellas lareiras o cocinas en las que poder cocinar unos cachelos. Mujeres que a las claras del día, cargaban con aquellas tinas de zinc llenas de ropa y sobre sus cabezas, camino del rio para lavarla… las que iban a buscar el agua a la fuente para las necesidades de sus hogares. Las mismas que arañaban las horas al sueño, para poder terminar las interminables labores de sus hogares. 

Como olvidar aquellos hombres cuya piel se hallaba curtida por el sol y el salitre; aquellos marineros  que se entregaban a las faenas de la mar, y que las necesidades les obligaba a enfrentar los malos tiempos… Aquellos que regresaban, dejando fatalmente atrás, familiares o compañeros que nunca regresarían de las profundidades del mar. Aquellos que también vivían el día a día, ayudando en las labores de la tierra, exhaustos por el trabajo en la mar, pero ávidos de poder sumar su esfuerzo al sustento del hogar. Aquellos hombres y mujeres, aquellas inolvidables personas, aquellos nuestros antepasados…también asumieron la búsqueda del camino de una esperanza soñada…una anhelo que anidaba en sus frágiles mentes, aún contaminadas  entre los avatares de una reciente y cruenta guerra. Una guerra que les envolvió entre necesidades, penurias, luto, y como “Estímulo” unas cartillas de racionamiento. Me atrevería a decir, que “vivieron” entre la hambruna y el llanto enmudecido por la disciplina de una dictadura.

Aquellas personas fueron, las que cansadas de sufrir en silencio, de vivir solo de esperanzas; cansadas del trabajo míseramente remunerado, por el abuso incondicional de los empresarios; decidieron comenzar a forjar el camino hacia las “libertades”. Muchos de nuestros antepasados, sintieron la necesidad de embarcarse en el tren de la emigración; buscando países en los que a través de los duros trabajos, fomentar un ahorro que les ayudase a construir una nueva vida, lejos de sus hogares. Suiza, Alemania, Inglaterra, etc. Fueron los destinos de muchos de ellos, en los que no precisamente se regalaban los salarios.

No pretendo relatar con pelos y señales, todo lo habido y por haber, en una época que tan solo nos habla de miseria y necesidades en muchos hogares. Tan solo pretendo valorar el sufrimiento con el que tuvieron que convivir nuestros antepasados. Razón de más, para mostrar mi respeto y gratitud, por todas aquellas personas, que cargadas con el negativo recuerdo de una guerra, tuvieron que hacer de tripas corazón, para continuar por el camino de la posguerra, llorando y recordando a nuestros difuntos, en medio de un azote de hambre y necesidad.

De aquellos nuestros antepasados… tan solo me queda el más profundo amor hacia ellos, impregnado del más imperecedero respeto, y el hueco en mi corazón donde habitaran por siempre entre mis recuerdos.

Andrés Rubido García

domingo, 25 de junio de 2017

Lembrándoche



Tentar mirar cara atrás apoiándome nos recordos, é “Fuxir” da realidade, para deixarme arrastrar, por esa sedutora fervenza de interminables imaxes, que me falan dunha época marabillosa da miña vida. Difícil resulta quedarme contemplando tantos belos momentos vividos, sen caer na tentadora curiosidade, de volver revivilos. É como esquecerme do mundo que me rodea, aínda que só sexa por un instante, para compracer os desexos do neno que vive en min. 

Ás veces, despois de revivir algúns daquelas pasaxes, nos que perdido entre cada un deles e empuxado polo entusiasmo de sentirme neno; volvo á realidade? percibo os inconfundibles ecos que me falan daquela marabillosa época, e confundido pola maxia dos recordos, Declino ante o borrado dos mesmos, polos da realidade do presente.

Despois dos anos transcorridos sen poder visitarche… que menos que dedicar un momento da miña vida, para deixar constancia de que che sigo querendo e contemplando, a pesar da distancia, e coa mesma paixón deste corazón que latexa lembrándoche, e marabillándome, aínda que só sexa a través das imaxes que comparten nas redes, aqueles que che visitan con máis frecuencia, ou que gozan da sorte de vivir en ti.

Non me cansarei de manterche vivo na miña mente, de recrearme naquel Cariño do que saín, co mesmo sentimento que lembro aos que xa non están fisicamente entre nós, pero que continúan vivos no meu recordo.

Se aquel 2 de setembro de 1965, lémbroo como un día triste; o 16 de xullo de 2009, foi para min, un balón de osixeno cargado dunha inmensa emoción, que me conduciu pola senda dos recordos, ao contemplar todos e cada un dos momentos vividos, nese marabilloso Día do Carmen.

Ha día de hoxe, aínda conservo a esperanza de volver pasear polas túas rúas e gozar dalgún dos teus amenceres asollados, ou non; pois non necesito de sol, simplemente necesito de vivirche, de contemplarche. Creo que non existen riquezas e moito menos materiais, que me poidan facer cambiar os meus sentimentos cara a ti, cara á terra dos meus antepasados, a dos meus avós, a terra dos meus país… a daqueles amigos cos que compartín días de escola, de xogos e anécdotas; que foron por así dicilo, as inconfundibles pegadas e rubrica da terra que me viu nacer.

Andrés Rubido García

jueves, 8 de junio de 2017

La cocina de la abuela



Con tantos “manjares” que aglutinan las cartas o menús de los restaurantes, sin olvidarnos de los platos de última generación. Todos ellos  tratados con material quirúrgico y dorados con soplete… restaurantes haciendo acopio de las algas; primas hermanas muchas de ellas, que sirvieron de estiércol en las tierras de sembrado de nuestros antepasados, que se afanaban en carrear desde la playa. 

Nada que ver, con los menús de cuando ayudaba a mis abuelos en la rambla del muelle. Recuerdo, que me desvivía en apartar de entre las sardinas, aquellos calamares, más pequeños que los auténticos chipirones, y que de regreso a casa, mi abuela, me los ponía fritos y me sabían a gloria bendita.

Sin ánimo de criticar, por más que lo intento, no acierto a comprender el significado de esos menús, que una vez emplatados, como se suele decir a día de hoy, se me asemeja, a una minúscula isla en medio de ese inmenso  plato blanco, que en su día se fabricó, pensando en un menú normalillo.

Sea como fuere, es el calor de este veranillo, que se acerca a pasos agigantados, el que me recuerda, el olor a sardinas asadas, lañadas, o un grandioso plato de marisco (berberechos) frito con patatas, cebollas y pimientos. Son tantos los manjares de la tierra, que no siento envidia alguna, con todo mi respeto a esos reconocidísimos profesionales de la cocina moderna, por esos platos masterChef.

Andrés Rubido García