jueves, 20 de julio de 2017

De aquellos nuestros antepasados



De nuestros antepasados, de aquellos que trabajaban sin tregua. De mujeres que trabajaban en las fábricas de conservas; las que aprovechaban hasta la más minúscula porción de  tiempo para cultivar la tierra. Eran las mismas que fregaban aquellos bancos de madera, con la piel del melgacho; las que cortaban la leña para encender aquellas lareiras o cocinas en las que poder cocinar unos cachelos. Mujeres que a las claras del día, cargaban con aquellas tinas de zinc llenas de ropa y sobre sus cabezas, camino del rio para lavarla… las que iban a buscar el agua a la fuente para las necesidades de sus hogares. Las mismas que arañaban las horas al sueño, para poder terminar las interminables labores de sus hogares. 

Como olvidar aquellos hombres cuya piel se hallaba curtida por el sol y el salitre; aquellos marineros  que se entregaban a las faenas de la mar, y que las necesidades les obligaba a enfrentar los malos tiempos… Aquellos que regresaban, dejando fatalmente atrás, familiares o compañeros que nunca regresarían de las profundidades del mar. Aquellos que también vivían el día a día, ayudando en las labores de la tierra, exhaustos por el trabajo en la mar, pero ávidos de poder sumar su esfuerzo al sustento del hogar. Aquellos hombres y mujeres, aquellas inolvidables personas, aquellos nuestros antepasados…también asumieron la búsqueda del camino de una esperanza soñada…una anhelo que anidaba en sus frágiles mentes, aún contaminadas  entre los avatares de una reciente y cruenta guerra. Una guerra que les envolvió entre necesidades, penurias, luto, y como “Estímulo” unas cartillas de racionamiento. Me atrevería a decir, que “vivieron” entre la hambruna y el llanto enmudecido por la disciplina de una dictadura.

Aquellas personas fueron, las que cansadas de sufrir en silencio, de vivir solo de esperanzas; cansadas del trabajo míseramente remunerado, por el abuso incondicional de los empresarios; decidieron comenzar a forjar el camino hacia las “libertades”. Muchos de nuestros antepasados, sintieron la necesidad de embarcarse en el tren de la emigración; buscando países en los que a través de los duros trabajos, fomentar un ahorro que les ayudase a construir una nueva vida, lejos de sus hogares. Suiza, Alemania, Inglaterra, etc. Fueron los destinos de muchos de ellos, en los que no precisamente se regalaban los salarios.

No pretendo relatar con pelos y señales, todo lo habido y por haber, en una época que tan solo nos habla de miseria y necesidades en muchos hogares. Tan solo pretendo valorar el sufrimiento con el que tuvieron que convivir nuestros antepasados. Razón de más, para mostrar mi respeto y gratitud, por todas aquellas personas, que cargadas con el negativo recuerdo de una guerra, tuvieron que hacer de tripas corazón, para continuar por el camino de la posguerra, llorando y recordando a nuestros difuntos, en medio de un azote de hambre y necesidad.

De aquellos nuestros antepasados… tan solo me queda el más profundo amor hacia ellos, impregnado del más imperecedero respeto, y el hueco en mi corazón donde habitaran por siempre entre mis recuerdos.

Andrés Rubido García

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