Cuando
en la mayor parte del mundo se “Lucha” por sustituir las guerras por el dialogo
y el entendimiento; duele y cuesta creer, que estos actos terroristas estén
sembrando a lo largo y ancho de este mundo, el terror, impregnado de sangre y
muerte. Un mundo castigado por infinidad de guerras y conflictos, nacidos del
caldo de cultivo que generan la ambición, el odio, la venganza, la sinrazón, y
a veces, la omnipotencia del poder… Algo grave está ocurriendo, cuando ya
caminamos por la segunda década de este recién estrenado siglo XXI. Cuando la
ciencia y la tecnología, comienza a vislumbrar estudios llevados a la realidad en
cosas que siempre hemos considerado
ciencia ficción, y que se están convirtiendo en cosas normales de nuestro día a
día… Algo grave está ocurriendo.
Después
de haber recorrido infinidad de caminos a lo largo de mi vida y cuando estoy en
la antesala de mis sesenta y nueve cumpleaños, he llegado al convencimiento, de
que en la vida lo más importante, reside y se establece entre la amistad de las
personas, en el amor al prójimo. Confundimos las competiciones de los juegos,
con el deseo de prevalecer por encima de todo y de todos, a costes muy
elevados; tanto, que rayamos con la violencia, sin importarnos la gravedad de
las consecuencias. Sería mucho más interesante mirarnos a los ojos de igual a
igual, respetando nuestras posibles diferencias físicas y culturales; entre
otras cosas, porque no importa el color de la piel de las personas, ni tampoco
el color de sus ojos. Somos personas iguales, independientemente de sus
religiones o culturas. Después de todo, no existe riqueza lo suficientemente
grande, como para superar a la muerte. Es en esta vida, cuando nos tenemos que
preocupar de la paz y felicidad compartida.
A veces… volver la vista atrás, nos ayuda e invita a mirarnos al espejo,
a entender que cada cultura es distinta y tan respetable como las demás.
Aprender a valorar las buenas obras, sin necesidad de subrayar las malas;
simplemente ayudar dentro de nuestras posibilidades a corregirlas con
razonamientos, nunca demandados. El papel de jueces debemos de eludirlo y dejar
que sean los profesionales los que impartan justicia.
Creo
que deberíamos de aprender a valorar la infinidad de obsequios que nos ofrece
la vida. Presentes que distan mucho de dádivas materiales, siempre erróneamente
ambicionadas, y que en una gran mayoría de casos, nos impiden una vida holgada
y feliz. La amistad y el entendimiento entre las personas, fomenta el dialogo e
incrementa las posibilidades de nuevas amistades, toda una inmensa riqueza.
Quizá no esté de más entender, que no solo de pan se vive; pero siempre sin
olvidar la necesidad de fomentar la idea de lo justo y necesario, para no caer
en el pozo del abuso. Posiblemente se necesite de tiempo y paciencia, para
analizar los comportamientos y razones que nos llevan con cierta ligereza a
hacer uso de la violencia; para poder cambiar ciertas formas equivocadas de
pensar, y que mientras nuestros responsables de la educación del comportamiento,
estudian sobre ello; bueno sería que entre todos echando mano de nuestra
voluntad, aportásemos nuestro granito de arena.
Andrés Rubido García

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