jueves, 8 de junio de 2017

La cocina de la abuela



Con tantos “manjares” que aglutinan las cartas o menús de los restaurantes, sin olvidarnos de los platos de última generación. Todos ellos  tratados con material quirúrgico y dorados con soplete… restaurantes haciendo acopio de las algas; primas hermanas muchas de ellas, que sirvieron de estiércol en las tierras de sembrado de nuestros antepasados, que se afanaban en carrear desde la playa. 

Nada que ver, con los menús de cuando ayudaba a mis abuelos en la rambla del muelle. Recuerdo, que me desvivía en apartar de entre las sardinas, aquellos calamares, más pequeños que los auténticos chipirones, y que de regreso a casa, mi abuela, me los ponía fritos y me sabían a gloria bendita.

Sin ánimo de criticar, por más que lo intento, no acierto a comprender el significado de esos menús, que una vez emplatados, como se suele decir a día de hoy, se me asemeja, a una minúscula isla en medio de ese inmenso  plato blanco, que en su día se fabricó, pensando en un menú normalillo.

Sea como fuere, es el calor de este veranillo, que se acerca a pasos agigantados, el que me recuerda, el olor a sardinas asadas, lañadas, o un grandioso plato de marisco (berberechos) frito con patatas, cebollas y pimientos. Son tantos los manjares de la tierra, que no siento envidia alguna, con todo mi respeto a esos reconocidísimos profesionales de la cocina moderna, por esos platos masterChef.

Andrés Rubido García

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