lunes, 31 de octubre de 2011

Un faro llamado Libertad.


Cuando las corrientes de esta infernal e interminable marea de crisis económica nos arrastra, nuestra más grande preocupación pasa por la destrucción de nuestros puestos de trabajo, algo que nos lleva a preguntamos qué hemos hecho mal para llegar a estos extremos. Por su parte, los cabezas pensantes o lumbreras, es decir: políticos, señores doctorados en ciencias económicas y finanzas; opinan que todos y cada uno de nosotros somos en cierta medida culpables de esta catástrofe económica. Sinceramente, pienso que se han pasado tres pueblos, y nunca mejor dicho, no creo que después de haber alcanzado los 4.978.300 parados, sea este el mejor momento para bromas.

De cualquier manera y volviendo al tema en cuestión, a ciertos señores políticos se les ha ocurrido que nos van a “solucionar” la vida. Son los mismos embaucadores que cada cuatro años se reúnen dando rienda suelta a sus quimeras, sin importarles lo que pueda ocurrir con esa vida. Una vida que es el producto de muchos años de lucha y trabajo, y cuyos frutos han quedado limitados en un gran número de casos, a perder el hogar que con tanto sudor y lagrimas iban pagando. Un hogar que hoy les obligan a abandonar por impagos. Facturas, letras y recibos a los que no pueden hacer frente por encontrarse privados de su trabajo. Hablo de personas trabajadoras, cuya prestación por desempleo no les alcanza para cubrir los gastos habituales y básicos; razón más que suficiente para mendigar un plato de comida. Son muchas vidas las que estos señores han destrozando a todo lo largo y ancho del país, para ahora, aprovechando el tirón electoral que se avecina; pretender de la manera más fácil y campechana, convencernos una vez más con sus falsas promesas. Unas promesas listas para ser sustituidas por aquellas otras que ocultas bajo los disfraces de la demagogia, tejidos con el hilo de la hipocresía, transmitan a estos embaucadores, la tranquilidad necesaria para podernos decir que ya no tenemos que temer, que ya no tenemos que preocuparnos.

Sin embargo, a veces ocurre, que la sociedad cansada de tanta palabrería y cuando la mente de todos comienza a ser pasto de la ansiedad, cuando la impotencia se hace firme en cada uno de nosotros; el pueblo une sus gargantas como si de una sola voz se tratase, y al amparo que el derecho a la libertad de expresión nos brinda como ocurriera en el 15 M; nos echamos a la calle para reivindicar nuestros derechos y sobre todo, manifestarnos en contra de la larga lista de abusos que se cometen diariamente, de la mano de nuestros gobernantes, que son los primeros que se pasan la democracia por el forro del poder. Un poder que uniformado y amparado por dichos gobernantes, se esfuerzan en poner orden, donde no ha dejado de existir, a excepción de algún que otro anti sistema. Son las fuerzas y cuerpos de “seguridad” del Estado, obligando a todo un pueblo a dispersarse bajo la utilización de la violencia. Visto así es lógico pensar, que incluso en nuestro país, supuestamente democrático, en el que las injusticias deberían hallarse dormitando en el limbo del olvido, también nosotros busquemos con ahínco ese faro llamado Libertad.

Andrés Rubido García

martes, 25 de octubre de 2011

Pasado, huella, y sombra de una vida.


Huir de la soledad, de mi soledad, de la que solo yo percibo, de la que hallándome rodeado, siento que me asfixia la indolencia. Necesito caminar, escuchar mis pasos e hilvanar mí día a día. Solo así puedo albergar la esperanza de encontrarme algún día conmigo mismo. No me gusta ser el bohemio de caminar errante. Sueño con poder conjugar mis pasos con mi deseo, a la búsqueda de lo que verdaderamente quiero, y caminar, caminar por esos senderos de vida, alejándome de la orgullosa indiferencia, a la que espero perder en la distancia, hasta llegar a sentir que se precipita por el abismo del olvido. Nada de esto es fácil…necesito desnudarme interiormente y conocer mi otro yo aletargado. Solo así podre continuar mi andadura con la seguridad que mi conciencia me dicta.


Caminar, huyendo del destino impuesto, de aquel destino con el que dicen, nace cada persona. ¡No!, no puedo concebir toda una vida premeditada y escrita, como si de una novela se tratase y sin posibilidad de cambio, de elección. En el libro de mi “destino” quiero páginas en blanco, un libro en el que solo yo sea el escritor. Un “destino” del que no necesito ni quiero saber; tan solo me preocupa el presente, el instante, el momento, el día a día sobre el que poder elegir y ser el único responsable de mis actos, de mi forma de ser y vivir.


Deseo conservar mi pasado por ser el fiel testigo de mí caminar, de mis vivencias, de mis malos y buenos momentos. Mí pasado es ese libro sobre cuyas páginas se han ido escribiendo y alojando todos y cada uno de aquellos recuerdos más añorados. Deseo y necesito albergarlo, porque a diferencia del inexistente futuro, el pasado es la referencia o reseña, para no tropezar con la misma piedra.


Para poder continuar mi andadura, mi vida; debo encontrar la fuente en la que calmar la sed del discernimiento, para evitar el equivocar o caer en aquellos vagos sueños de grandeza, evitando así perder el contacto con la realidad y por supuesto, no olvidarme de la carencia de inmunidad que como mortal me asiste. Son quizá estas razones entre otras, las que necesito tener presentes para no dejarme arrastrar por las corrientes compulsivas del azar. Todo ello, porque ambiciono hacer de mí día a día, una vida llena de consagraciones positivas, que me permitan realizarme como la persona que siempre he querido ser; y por supuesto, libre de juegos adivinatorios y futurólogos; por considerar que mi vida es algo mucho más importante que un simple juego de azar llamado futuro. 


Andrés Rubido García

jueves, 20 de octubre de 2011

Justicia para Marta


Una vez más la justicia falla a favor de los delincuentes y le concede a los familiares de las víctimas, el terrible privilegio de tener que seguir sufriendo “impávidos” las agresiones, violación y muerte de una hija.

Toda una serie de hechos dramáticos, relatados con cuenta gotas y salpicados de contradicciones por boca de unos indeseables, asesinos, torturadores y violadores; que hasta donde sabemos, continúan jugando al ratón y al gato con la justicia.

Pero no termina aquí este largo y penoso camino de sufrimiento y tortura, de toda una familia, que a pesar de su incondicional y constante dedicación en el esfuerzo por esclarecer la realidad de los hechos, continúan sin poder dar cristiana sepultura a su hija, dada la decisión unánime de los asesinos, de no revelar el lugar en el que abandonaron a los restos mortales de Marta.

Resulta brutalmente cruel e inhumano, propio de una naturaleza salvaje, que aún a pesar de tratarse de una serie de graves delitos cometidos, como son las formas y circunstancias en las que se cometieron. Nuestro “funcional” sistema, apenas pueda apretarles las clavijas a estas alimañas, que lejos de sentirse arrepentidas presumen y se pavonean con aires y gestos de chulería.

¡No!, no pretendo manifestarme en defensa de la cadena perpetua, y mucho menos de la pena de muerte; ambos, temas de largo y arduo camino, para poder llegar a conseguir su abolición. Pero creo que es momento ya, de que las competencias a las que anteriormente me refería, tomen cartas en el asunto, y de una vez por todas, nos expliquen a los que no entendemos de leyes, pero sí de derechos y sentimiento humano; el porqué se protege tanto a los agresores, violadores y asesinos. Una razón por la que no les importa reincidir, dejando totalmente desprotegida al resto de la sociedad de este país, que conmocionada e impotente ante la debilitada seguridad ciudadana, se une al dolor y sentimiento de unos padres que desde la más difícil entereza, claman justicia.

Andrés Rubido García

martes, 18 de octubre de 2011

¿Bicentenario de La Pepa, o de la Constitución española de 1812?



Como ciudadano de esta maravillosa ciudad de Cádiz, quiero mostrar mi total desacuerdo con aquellos señores que haciendo uso y abuso del derecho que en su momento se les otorgo a través de las urnas, hayan decidido contra vientos y mareas, volver a utilizar el seudónimo de “La Pepa”, para recordarnos la celebración de un acontecimiento, que si bien en su momento, allá por el año 1812, y dado que dicha constitución fue promulgada el 19 de marzo de dicho año, nuestros antepasados decidieran rebautizarla con dicho seudónimo; apodo que a mí me resulta irónico y totalmente falto de seriedad, dada la importancia de tan grande e histórico acontecimiento.


Ni que decir tiene, la falta de seriedad y delicadeza, tanto personal, como políticamente oficial de sus señorías, ante el hecho de que quieran ustedes volver a tropezar con una piedra tan ordinaria, dejando de lado, la opinión de aquellos que defendían y continúan defendiendo su verdadero nombre de “Constitución española de 1812”. Claro que lo que más me duele, no solo es que señores políticos y para más inri ministros, acuerden sustituir el nombre oficial de tan importante acontecimiento en nuestra historia, sino que además, disfruten, habiendo decidido olvidarse del nombre de nuestra ciudad de Cádiz. Algo que me da que pensar sobre la entrega de los mismos, a la hora de apostar por el futuro de esta ciudad.
 
No podemos pasar por alto ni olvidarnos, de que la gran obra que ya comienza a vislumbrarse sobre nuestra majestuosa bahía, haya sido bautizada con el mismo sobrenombre; un "seudónimo” que al igual que muchos gaditanos, considero, no es lo más apropiado, al menos para referirnos a una de las obras de más relevancia de nuestra Ciudad. Sinceramente creo que el nombre de “Constitución” deja muy claramente plasmado, tanto a nativos como vecinos, o extranjeros; los principios y la razón del mismo, por coincidir su inauguración, con tan célebre y esperado momento. 

Yo queridos lectores, os animaría a que os pronunciaseis sobre dicha polémica, e hicieseis valer vuestros derechos de ciudadanos, al menos para recordar a la señora ex ministra de fomento y al actual, que el coste de la obra del puente, sale del sudor y trabajo de todos los españoles; y es razón más que suficiente, por lo que tiene mucho que decir el pueblo español y sobre todo los gaditanos.

De igual forma, al señor que creó el eslogan para bautizar la celebración de nuestro bicentenario, decirle que un acontecimiento conmemorativo, en el que creo que tuvo algo que ver nuestra ciudad de Cádiz, conjuntamente con la ciudad de San Fernando; que Cádiz no es nombre del que tenga que avergonzarse nadie y menos un gaditano; como para no querer entender lo que toda ciudad implicada en acontecimientos de gran magnitud, hayan querido tener en cuenta, acompañarlo con el nombre de la ciudad que los alberga. Para muestra unos botones: Expo Zaragoza 2008, sin olvidar: Expo 92 Sevilla y Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Lamento que ese hijo que ha parido dicho señor, con todos mis respetos hacia dicho alumbramiento, no sea del agrado de muchos gaditanos entre los cuales me hallo.

Aprovechemos el bicentenario y la magistral obra, para bautizar a cada cual como se merecen y que el nombre de Cádiz, luzca resplandeciente y brillante como la plata, permaneciendo en la historia por tres mil años más.

Andrés Rubido García