sábado, 27 de agosto de 2011

Impotentes no, indignados


Cuando las Naciones Unidas a través de su Proyecto Hambre, nos informa, que aproximadamente 24.000 personas mueren cada día de hambre o por causas relacionadas con la misma, y que el 75% de estos fallecidos son niños menores de 5 meses…Cuando las desgracias naturales se suceden, como puede ser el caso de: Inundaciones, terremotos, tsunamis, etc. Fenómenos que dejan a su paso desolación, miseria, enfermedades y muerte…Cuando los estudios realizados por los científicos nos demuestran que dichos desastres son consecuencia del cambio climático, y que dicho cambio climático tiene su origen en la falta de control de los países más desarrollados e industrializados…Cuando se tiene conciencia de que los señores que tienen la sartén por el mango, son los primeros en mirar hacia otro lado…Cuando son los grandes capitalistas los que enfermos de egoísmo se afanan en continuar amasando su fortuna…Cuando los días, meses y años pasan sin hacer nada positivo para evitar tales desgracias…Sera porque les resulta más rentable a estos potentados capitalistas y gobernantes continuar mirando hacia otro lado, mientras todo esto ocurre…

Y cuando todo esto está ocurriendo, cuando se toma conciencia de la realidad que nos rodea. La imagen que nacida del subconsciente se forma en nuestra mente, nos habla de una indignación ilimitada; tanto es así, que por mucho optimismo que le pongamos a la vida, a nuestro día a día; la frustración, ese fenómeno que nos invade como consecuencia del abuso, del trabajo mal hecho, de la falta de dedicación e incompetencia de los que despreocupándose de sus verdaderas responsabilidades, han dedicado la mayor parte de su malgastado tiempo, en amasar sus fortunas, gracias a sus generosos intereses bancarios, a sus generosos salarios; todo ello, frente a la precaria situación de aquellos a los que ya no les queda más que asistir impertérritos al embargo de sus bienes; más que embargo, robo, del fruto de todo un esfuerzo de años, sudor y lagrimas; esa frustración crece hasta convertirse en indignación. 

Esos indignados, son los mismos que no alcanzan a comprar un trozo de pan con el que alimentar a los suyos. Son la carne de cañón, de cuyo esfuerzo, sudor y lagrimas, se aprovechan de forma abusiva los peces gordos para alimentar sus cuentas corrientes.

Son como siempre, los trabajadores cuyas razones se pisotean, los que pierden sus derechos a pesar de reventar sus gargantas pidiendo explicaciones que no tienen respuestas. Son por así decirlo, los verdaderamente indignados. Una indignación que afecta a todas las familias de trabajadores que componemos y convivimos en este puto y corrupto sistema, en el que de forma desesperada, tratamos de mantener vivo ese pequeño ápice de esperanza, a la espera de poder llegar a ver en ese oscuro y largo túnel de miseria, un puntito de luz que sea el referente de una pronta recuperación. Mientras…, aquellos que en su día nos prometieron un país de ensueño, hoy se esfuerzan en ocultar tras sus mordaces sonrisas, el sentimiento de culpa que les delata como únicos irresponsables y por lo tanto, culpables de tanta miseria. Son por así decirlo y nunca mejor dicho, un puñado de delincuentes al servicio de sus cuentas corrientes.

Andrés Rubido García
 

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