No entiendo la vida sin amor, sin aprecio hacia
nuestros semejantes, hacia todo aquello que la naturaleza nos ha brindado, y
entre lo que somos libres de elegir y destruir a pesar de las leyes que nos han
sido impuestas. Entre otras cosas, porque toda libertad necesita de
limitaciones, para evitar y a ser posible erradicar, el contaminante
libertinaje; solo así, es posible la erradicación de la mala y retrograda
"educación", que tan solo se autoalimenta de: delincuencia,
vandalismo, desprecio, odio, envidia, y un largo etc. de negativismos, entre
los que la carencia de las buenas costumbres, brillan por su ausencia.
Por desgracia, pululan en demasía los energúmenos
dedicados a estos estilos de “vida”; que dicho sea de paso, se les atribuyen
enfermedades mentales de todo tipo, que tan solo sirven como argumentos, para
liberarles de penas carcelarias. Digo esto, por aquello de que padecen de todo,
menos de falta de inteligencia, que aunque hablemos de una inteligencia
precaria; son pocos o ninguno, aquellos a los que se les ocurre declararse con
tendencias tan horriblemente abominables y bajunas, como para creerse enviados
de…Satanás; solo así, se pueden llegar a cometer homicidios en masa, con la
misma sangre fría, del que juega una partida de ajedrez.
En
la última noticia aparecida en el diario El País, con fecha 1/08/11, podemos
leer: Los ataques
perpetrados por Anders Behring Breivik conmocionaron a Noruega y al mundo
entero. La tragedia, además, ha afectado al sector de los videojuegos. Mientras
el recuerdo de la bomba de Oslo y la masacre en la isla de Utoya se mantengan
frescos en la memoria de los noruegos, una importante cadena ha decidido
retirar juegos violentos "en consideración a los afectados".
Nos urge encontrar en qué momento, razón o sistema
de nuestras responsabilidades como educadores de nuestros hijos, nos estamos
equivocando; para en la medida de lo posible, evitar sumar males, a lo más
grave de todas estas historias. Unas historias, que siempre van acompañadas del
peor de los razonamientos legales. Como no podía ser de otra manera, les hablo
y nunca mejor dicho, de los fallos judiciales que en la mayoría de los casos,
se asemejan más a la injusticia empleada por el sistema, y como no,
equivocaciones que son por así decirlo, la manzana podrida, el abono o caldo de
cultivo de una semilla, que como si de una pandemia se tratase, nos va minando
a todo lo largo y ancho de este maltrecho y humanamente contaminado planeta,
del que recuerdo que en algún que otro artículo, libro, etc.; lo bautizaban con
el sobrenombre de “Planeta Azul”.
Andrés Rubido García

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