Hoy quiero romper una lanza, en
recuerdo de todas aquellas mujeres, que sin más ilusión, que la de cuidar y
proteger a los suyos, sin más disfrute que el de trabajar de sol a sol, con el
único afán de juntar un precario jornal, que le permitiese ayudar a mantener a
la familia, “vivieron” en crueles circunstancias.
Cariño, un futuro puerto de mar, para
cuya construcción se toparon con un gran número de problemas, que dificultaron
en cierta medida, la culminación del mismo, y para lo que habrían de
transcurrir muchos años. Un pueblo marinero, y cuyas gentes ansiaban un puerto de
abrigo y atraque. Gentes que se esforzaban en su crecimiento, y nunca mejor
dicho, en la construcción de un muelle que permitiese el atraque de las
embarcaciones. Mientras esto ocurría,
eran las embarcaciones más pequeñas, las que terminaban varando en la
playa, y a las que las mujeres se acercaban, teniendo que sumergir casi la
totalidad de sus cuerpos, para carrear los paxes (Cestos) cargados de pescado,
sobre sus cabezas. Otras se embutían entre el pescado, en las encajonadas de
las embarcaciones, y ayudándose con una paxeca (cesta pequeña) cargaban los
paxes grandes.
Las mujeres, también transportaban a
cuestas, desde tierra a las embarcaciones varadas, a los hombres, que mediante
una vara con marcas, introducida verticalmente en la encajonada de pescado, les
permitía calcular la cantidad existente de cada encajonada.
En aquella época, también llegaban
embarcaciones cargadas de sal o de carbón, para lo que utilizaban el mismo
medio de descarga… las mujeres. Las mismas que trabajaban en las fábricas, las que
remendaban las redes; las que también trabajaban en la tierra, y para la que
carreaban los paxes de estiércol sobre
sus cabezas, para luego labrarla y abonarla. Las que trabajaban con el ganado; las
que subían al monte en busca de leña; las que atendían las labores de sus casas; labores como ir a la
fuente a buscar agua, al rio a lavar la ropa, hacer la comida, con la que
además de alimentar a los hijos, preparaban el carabel al marido que salía para
la mar. Mujeres que han marcado una época en la historia de nuestro pueblo, y
de otros muchos. Mujeres por las que… a
excepción de sus descendientes, apenas nadie las recuerda, ni las han
mencionado, ni tampoco escrito un renglón sobre ellas. Mujeres que han
contribuido con su trabajo, esfuerzo y sufrimiento; a veces, enjugando las
lágrimas de un mudo llanto, con el dorso de sus manos, y sin llegar a perder la
sonrisa de sus labios, al crecimiento y desarrollo de un pueblo, que sin ellas,
no hubiese sido posible. Todo… por un precario salario, todo, para poder ayudar
a matar el hambre de los suyos. Mujeres que han contribuido con su esfuerzo y
sufrimiento a una historia, en la que apenas son mencionadas, y en la que sin
dicha mención, resultaría una historia cortada… banal. Mujeres que son
merecedoras de algo más, que de un recuerdo, y de sentidas alabanzas.
Andrés Rubido García

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