En un día como hoy, perdona si no he ido a ponerte flores, si no he ido a santiguarme y rezar ante tu lápida. En un día como hoy, he dedicado mí tiempo al igual que cuando era un niño…e igual que entonces, me he llenado de emoción imaginándote mientras contemplaba tu foto.
Si supieras las veces que me he imaginado entre tus brazos. Tantas, como veces he visto a mi esposa estrechar a nuestros hijos…a tus nietos. Sentir el calor de madre, aquel que me brindo la tuya, mi abuela. Aquella mujer que hablándome de ti, se le inundaban los ojos de lágrimas, de la misma forma que se me inundan los míos al escribirte. Extraña emoción que me invade cuando te nombro en silencio, cuando trato de recordar momentos vividos junto a ti; y a los que mi mente se niega a responder.
Me queda el consuelo de conservarte en mi mente, aunque la imagen me llegue a través de antiguas fotos, que guardo con el mismo cariño, con el que te abrazaría y te besaría en estos y en todos y cada uno de los momentos en que te recuerdo, si te tuviese a mi lado…
Andrés Rubido García

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