Cuando percibo la proximidad de
la tormenta, cuando en mis largos paseos por el litoral contemplo la bravura
del mar. Aún cuando hallándome al abrigo del hogar, la borrasca hace acto de
presencia, con el clásico rugir del viento y la lluvia golpeando los cristales
de las ventanas…Cuando tras el deslumbrante relámpago, el chasquido del trueno irrumpe
el silencio, seguido de otro relámpago; acude a mi mente el recuerdo de los
difíciles momentos vividos en el mar, a lo largo de mi vida como marino. Es
aquí, cuando inevitablemente, el temor de los posibles siniestros me entristece,
haciéndome imaginar la cantidad de criaturas que estarán sufriendo en silencio
el azote del vendaval. Es como volver a revivir todas y cada una de aquellas difíciles
situaciones, entre las que solo cabe, la necesidad de creer y aferrarse a esa
pequeña porción de esperanza, que en ocasiones, parece difuminarse en un mar de
miedo.
Hoy quiero desear la mejor de las
suertes, y hacer extensible mi recuerdo, a todos esos compañeros conocidos o
no, que al igual que yo en su momento, han hecho del mar su centro de trabajo.
Para ellos, toda la suerte imaginable, y mi deseo, de que siempre se rodeen del
optimismo de esa esperanza que les acompañará a buen puerto.
A aquellos otros…que aun habiendo
sido encontrados sus cuerpos, el silencio continúa siendo la única respuesta
del fatal desenlace, mi respeto y mi recuerdo. De igual forma, a los que han
sucumbido ante las inclemencias del tiempo, o por otras siniestras circunstancias,
perdiéndose entre las aguas. Ellos son la razón, que empuja a familiares y
amigos, a dejarse la vista oteando el horizonte del océano…de ellos, nunca
podre despedirme, y aunque a la mayoría no los haya llegado a conocer, mi sentimiento marinero, no me permite
dejarlos fuera de ese hueco que permanece abierto en mi corazón. A todos ellos…
¡Hasta siempre!
Andrés Rubido García

No hay comentarios:
Publicar un comentario