domingo, 24 de noviembre de 2013

Donde quiera que estén

Cuando percibo la proximidad de la tormenta, cuando en mis largos paseos por el litoral contemplo la bravura del mar. Aún cuando hallándome al abrigo del hogar, la borrasca hace acto de presencia, con el clásico rugir del viento y la lluvia golpeando los cristales de las ventanas…Cuando tras el deslumbrante relámpago, el chasquido del trueno irrumpe el silencio, seguido de otro relámpago; acude a mi mente el recuerdo de los difíciles momentos vividos en el mar, a lo largo de mi vida como marino. Es aquí, cuando inevitablemente, el temor de los posibles siniestros me entristece, haciéndome imaginar la cantidad de criaturas que estarán sufriendo en silencio el azote del vendaval. Es como volver a revivir todas y cada una de aquellas difíciles situaciones, entre las que solo cabe, la necesidad de creer y aferrarse a esa pequeña porción de esperanza, que en ocasiones, parece difuminarse en un mar de miedo.


Hoy quiero desear la mejor de las suertes, y hacer extensible mi recuerdo, a todos esos compañeros conocidos o no, que al igual que yo en su momento, han hecho del mar su centro de trabajo. Para ellos, toda la suerte imaginable, y mi deseo, de que siempre se rodeen del optimismo de esa esperanza que les acompañará a buen puerto.


A aquellos otros…que aun habiendo sido encontrados sus cuerpos, el silencio continúa siendo la única respuesta del fatal desenlace, mi respeto y mi recuerdo. De igual forma, a los que han sucumbido ante las inclemencias del tiempo, o por otras siniestras circunstancias, perdiéndose entre las aguas. Ellos son la razón, que empuja a familiares y amigos, a dejarse la vista oteando el horizonte del océano…de ellos, nunca podre despedirme, y aunque a la mayoría no los haya llegado a conocer,  mi sentimiento marinero, no me permite dejarlos fuera de ese hueco que permanece abierto en mi corazón. A todos ellos… ¡Hasta siempre!


Andrés Rubido García

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