Por cada día que pasa, por cada
noticia que nos llega; mayor es la indignación y la rabia que me embarga. Todo
ello, consecuencia de tan funestas aptitudes adoptadas por las autoridades
responsables. Preguntas y más preguntas sin respuestas, en este loco mundo, en
el que la sensación burlesca, vomitada por parte de los encargados de velar por
la seguridad ciudadana, de la justicia, así como por los escalonados fallos en el cumplimiento
de ese olvidado sentido de lo que en algún tiempo se conocía como justicia; se me hace por cada instante que pasa, una, y nunca mejor
dicho, puta y amarga realidad. A decir verdad…no entiendo el
hecho de que personas imputadas, y enjuiciadas como asesinas y, altamente peligrosas,
les estén concediendo el don de libertad. La misma libertad y derecho de la que
semejantes alimañas, privaron a sus víctimas; aquellas a las que continúan llorando
sus familiares y amigos.
Por otra parte, que podemos decir
de aquellos que disfrutan apropiándose y enriqueciéndose a costa de lo ajeno. Aquellos
corruptos y ladrones de cuello duro y trajes de marca…de los más grandes cuatreros
jamás vistos. Indeseables personajes que han vivido y viven disfrutando por
todo lo alto sin cortarse un pelo. Esos, que presumen de codearse con la créme
de la créme, a costa del sudor del pueblo trabajador.
Por último y por si fueran pocos
los desmanes de este mundo vicioso y corrompido; vuelve a los medios de
comunicación aquel famoso y tan jaleado eslogan: “NUNCA MAIS”. Lo hacen con tal
negatividad, que se me empieza antojar que puede llegar a desmoronarse, como
consecuencia del reparto “juicioso” de penitencias, ofertado por las
autoridades competentes. A ellos, les pediría que tuviesen los cojones
necesarios para revivir a través de video, las desastrosas imágenes que
emanadas del las corroídas entrañas del “Prestige”, inundaron y embadurnaron de
negro las costas de Galicia. Digo esto, porque cabe la posibilidad de que a
estos Señores, que seguro no sintieron la necesidad de mancharse las manos con
aquel negro petróleo; se les haya podido escapar algún detalle, con el que
sopesar razonablemente la realidad de la tragedia. Una catástrofe cuya negra huella aún vive en la
mente de todo un pueblo. Una gran catástrofe medioambiental, de la que gracias
a la unidad y entrega de un pueblo, de todo un país, que voluntariosamente se
digno a prestar la ayuda necesaria; evitaron con ello, mayores y negativas
consecuencias. Todo ello, mientras los más grandes culpables y responsables de
la gran catástrofe, continúan después de once años y a día de hoy, riéndose de
un pueblo, gracias a la incompetencia de los que sentados en una poltrona,
dictan y nunca mejor dicho, fallo tras fallo; sentencias injustas que rubrican
a golpe de martillo, en alguna sala de lo que podríamos dar en llamar: Palacio
de Injusticias.
Andrés Rubido García

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