jueves, 14 de noviembre de 2013

El Mundo al revés


Por cada día que pasa, por cada noticia que nos llega; mayor es la indignación y la rabia que me embarga. Todo ello, consecuencia de tan funestas aptitudes adoptadas por las autoridades responsables. Preguntas y más preguntas sin respuestas, en este loco mundo, en el que la sensación burlesca, vomitada por parte de los encargados de velar por la seguridad ciudadana, de la justicia, así como por los escalonados fallos en el cumplimiento de ese olvidado sentido de lo que en algún tiempo se conocía como  justicia; se me hace por cada instante que pasa, una, y nunca mejor dicho, puta y amarga realidad. A decir verdad…no entiendo el hecho de que personas imputadas, y enjuiciadas como asesinas y, altamente peligrosas, les estén concediendo el don de libertad. La misma libertad y derecho de la que semejantes alimañas, privaron a sus víctimas; aquellas a las que continúan llorando sus familiares y amigos. 


Por otra parte, que podemos decir de aquellos que disfrutan apropiándose y enriqueciéndose a costa de lo ajeno. Aquellos corruptos y ladrones de cuello duro y trajes de marca…de los más grandes cuatreros jamás vistos. Indeseables personajes que han vivido y viven disfrutando por todo lo alto sin cortarse un pelo. Esos, que presumen de codearse con la créme de la créme, a costa del sudor del pueblo trabajador. 


Por último y por si fueran pocos los desmanes de este mundo vicioso y corrompido; vuelve a los medios de comunicación aquel famoso y tan jaleado eslogan: “NUNCA MAIS”. Lo hacen con tal negatividad, que se me empieza antojar que puede llegar a desmoronarse, como consecuencia del reparto “juicioso” de penitencias, ofertado por las autoridades competentes. A ellos, les pediría que tuviesen los cojones necesarios para revivir a través de video, las desastrosas imágenes que emanadas del las corroídas entrañas del “Prestige”, inundaron y embadurnaron de negro las costas de Galicia. Digo esto, porque cabe la posibilidad de que a estos Señores, que seguro no sintieron la necesidad de mancharse las manos con aquel negro petróleo; se les haya podido escapar algún detalle, con el que sopesar razonablemente la realidad de la tragedia.  Una catástrofe cuya negra huella aún vive en la mente de todo un pueblo. Una gran catástrofe medioambiental, de la que gracias a la unidad y entrega de un pueblo, de todo un país, que voluntariosamente se digno a prestar la ayuda necesaria; evitaron con ello, mayores y negativas consecuencias. Todo ello, mientras los más grandes culpables y responsables de la gran catástrofe, continúan después de once años y a día de hoy, riéndose de un pueblo, gracias a la incompetencia de los que sentados en una poltrona, dictan y nunca mejor dicho, fallo tras fallo; sentencias injustas que rubrican a golpe de martillo, en alguna sala de lo que podríamos dar en llamar: Palacio de Injusticias. 


Andrés Rubido García

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