jueves, 4 de abril de 2013

Un joven pensionista



Después de un buen almuerzo y hallándome recostado en el sofá, con la mirada entorpecida por la pesadez de los parpados y la disconformidad mental y silenciosa, ante el programa que sirve a Lola de distracción; “Siento”  desde mi ya perdido control de los impulsos, la tendencia de dichos parpados a cerrarse ante el poderío de un apetecible sueño, que termina por empujarme hacia el abismo de una nada despreciable siesta. 
Tras una recortada hora en el limbo de los sueños, y de regreso al mundo real, vislumbro la tacita  del café  que ha dejado de humear. Me incorporo para alcanzarla, y después de paladear el pequeño sorbo; veo que a mi derecha, Lola también duerme plácidamente, cuando está a punto de comenzar el capitulo de “Amar es para siempre”   
─ Lola va a comenzar el capítulo. 
─ Ya lo se
─ ¿Cómo? Pero si estabas durmiendo.
─ Tú sí que estabas durmiendo, que tienes el café congelado.
Abandono el principio de una adormilada  e incongruente discusión, y me decido a dar otro sorbito a la taza del fresco café. Mientras, pienso que tanto ella como yo teníamos nuestro puntito de razón, aunque a decir verdad, lo que más abstraído me tiene, es el reconocer que con la edad termino por compartir los gustos televisivos de Lola. Bueno…ya no sé si es con la edad, o simplemente que algunos de mis gustos televisivos han sucumbido ante los de ella. A pesar de estos insólitos cambios, continúo conservando mis primitivas aficiones por los partidos de futbol, la lectura, escribir, así como una gran tendencia al modelismo naval y otros trabajos manuales. Toda una gran variedad de pasatiempos, y que como decía antes, ha día de hoy, alterno con el Sálvame diario, Sálvame de Lux y otros no menos atractivos programas, bajo la batuta de Lola.
Es esta la vida de un pensionista, que tras haberme llevado en el charco unos cuantos años; ahora me paso el día entre mis obligaciones con el “VM”, las visitas al médico de familia, ─el cual se ha empeñado en curarme y nunca mejor dicho, como si de un bacalao se tratase─ y los momentos de ocio que anteriormente mencionaba. Aunque también es cierto, y no es vanidad ni pedantería, ni tampoco existe alguna razón tosca o poderosa que me empuje a confesar, lo joven que me siento a pesar de la edad, de las arrugas y de las canas. Por lo demás, mejor pasar por alto ciertas inclemencias, que en alguna que otra circunstancia, irritan el mar de la salud. Más quien no se ha sentido en algún que otro momento, tocado por algún dolorcillo, catarro, u otro malestar, producto de los años, que según dicen los más mayores, y creo no se equivocan, “No perdonan”. Pero volviendo al tema de antes, y obedeciendo al niño que llevo dentro, al que me ayuda a sonreír,  al que me anima a compartir reuniones, juegos, y un sinfín de motivaciones, que son en definitiva la receta, con la que me puedo permitir el lujo de reírme de mi sombra en más de una ocasión…¡estoy hecho un chaval!

Andrés Rubido García 

2 comentarios:

  1. Conforta leerte, trasmites sabiduría con la sencillez de un anciano y la fuerza e ilusión de un niño.

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    1. Gracias por tus palabras, siempre salpicadas de esa sencillez de la que hablas y saciadas de una honestidad intachable.
      Un abrazo

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