domingo, 16 de diciembre de 2012

A mis padres




Despertarme con los primeros rayos de luz de un amanecer cualquiera, con la sonrisa en mis labios, como testigo de haber disfrutado de una noche mágica, en la que a poco de cerrarse mis ojos mientras pensaba en vosotros, me he sentido transportado, como una continuidad, como un enlace perfecto, en el que mi pensamiento se iba convirtiendo en un bello sueño. Un sueño en el que me hubiese gustado permanecer por más tiempo, y del que una vez despierto, trato por todos los medios, no perder ni un solo detalle del mismo.


Sí, todo nacido de un sueño, una ilusión, una quimera, una fantasía…que importancia podrá tener su terminología u origen, cuando la verdadera esencia de la parte real del mismo, y cuyo comienzo lo brinda el despertar de ese nuevo amanecer; es la serena placidez personificada, de haber vivido aunque solo haya sido a través de mi imaginación, el más bello de mis anhelados sueños.


Son tantas las veces que he pensado y suspirado por vosotros, que cuando mi mente me brinda vuestra presencia, es el mayor de los regalos que puede ofrecerme la vida. Mamá, han sido tantas las veces que he grabado tu cara en mi mente a través de una foto. Tantas, como tantas otras me he Imaginado cogido de tu mano al lado de mi padre, y paseado con vosotros por las calles de nuestro pueblo.


Que ingenua…que cándida e inocente es la mente; pero que grande el regalo que me brinda en cada uno de estos sueños, en los que me he sentido hijo. Son esos momentos ingenuos, en los que os he sentido cerca, en los que os he llamado mamá, papá, y aunque solo haya sido entre sueños, he podido disfrutar de lo que la realidad de la vida me ha negado.


Son quizá estos días cargados de tragedias, estos días en los que algunas familias se molestan o alborotan al no encontrar respuesta a la comida que han de poner por Navidad; mientras muchos otros no tienen ni que llevarse a la boca. Posiblemente sí, posiblemente sean estos días de Adviento, estos momentos, en los que sintiéndome padre y abuelo, también quiera recordar cuando mis padres…Y es aquí, cuando la misma mente que me ha permitido tan grato momento, me devuelve a la realidad. Una realidad que me hace ver, que tan solo ha sido el bello sueño de una noche. 


Andrés Rubido García

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