Despertarme con los primeros rayos de luz de un
amanecer cualquiera, con la sonrisa en mis labios, como testigo de haber
disfrutado de una noche mágica, en la que a poco de cerrarse mis ojos mientras
pensaba en vosotros, me he sentido transportado, como una continuidad, como un
enlace perfecto, en el que mi pensamiento se iba convirtiendo en un bello sueño.
Un sueño en el que me hubiese gustado permanecer por más tiempo, y del que una
vez despierto, trato por todos los medios, no perder ni un solo detalle del
mismo.
Sí, todo nacido de un sueño, una ilusión, una quimera,
una fantasía…que importancia podrá tener su terminología u origen, cuando la
verdadera esencia de la parte real del mismo, y cuyo comienzo lo brinda el
despertar de ese nuevo amanecer; es la serena placidez personificada, de haber
vivido aunque solo haya sido a través de mi imaginación, el más bello de mis anhelados
sueños.
Son tantas las veces que he pensado y suspirado por
vosotros, que cuando mi mente me brinda vuestra presencia, es el mayor de los
regalos que puede ofrecerme la vida. Mamá, han sido tantas las veces que he grabado
tu cara en mi mente a través de una foto. Tantas, como tantas otras me he
Imaginado cogido de tu mano al lado de mi padre, y paseado con vosotros por las
calles de nuestro pueblo.
Que ingenua…que cándida e inocente es la mente; pero
que grande el regalo que me brinda en cada uno de estos sueños, en los que me
he sentido hijo. Son esos momentos ingenuos, en los que os he sentido cerca, en
los que os he llamado mamá, papá, y aunque solo haya sido entre sueños, he
podido disfrutar de lo que la realidad de la vida me ha negado.
Son quizá estos días cargados de tragedias, estos días
en los que algunas familias se molestan o alborotan al no encontrar respuesta a
la comida que han de poner por Navidad; mientras muchos otros no tienen ni que
llevarse a la boca. Posiblemente sí, posiblemente sean estos días de Adviento,
estos momentos, en los que sintiéndome padre y abuelo, también quiera recordar
cuando mis padres…Y es aquí, cuando la misma mente que me ha permitido tan
grato momento, me devuelve a la realidad. Una realidad que me hace ver, que tan
solo ha sido el bello sueño de una noche.
Andrés Rubido García

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