Mí nacimiento se produce en el seno de una familia humilde, y en una época de tiempos difíciles, producto de las heridas y descalabros de una guerra, que a pesar del paso de los años, aun se hacía presente en las mentes y luto de muchas familias. Días, en los que conservar la cartilla de racionamiento, era más importante que cualquier otro documento. No obstante y a pesar de las penurias y dificultades de algunas familias, nuestros antepasados, siempre se preocuparon y esforzaron en que recibiésemos la enseñanza y educación impartida por los dos o tres centros con los que contaba la comarca.
A principios del año 1952, y tras el fallecimiento de mi madre, emigramos a Cádiz, donde permanecería hasta 1957, año en el que regresamos a Cariño. Entre idas y venidas, pude conocer unos cuantos colegios, en los que se forjaron junto con el aprendizaje, amistades, amigos, anécdotas, encuentros y desencuentros, que me sirvieron para ponerme a prueba como persona, como amigo y sobre todo, como ser humano. Todo ello, sumado a la necesidad de tener que “sopesar y escoger” entre la complicada continuidad de ser un alumno, y la de convertirme en un prematuro trabajador, dadas las necesidades de la época.
Después de unos cuantos años transcurridos, el destino y las circunstancias, me empujaron a separarme nuevamente de mi terruño, regresando a la ciudad en la que comenzaría a labrar, tanto lo que sería mi profesión, como el asentamiento y creación de mi nuevo hogar, de mi nueva familia.
Todo por poco, es el producto de una felicidad con sus altibajos, compartida entre la que hoy es mi esposa, y la de nuestros hijos y nieto. A esta gran suerte, debo de sumar un corazón dividido y a caballo entre dos localidades de las que estoy profundamente enamorado.
Poco es el mayor de los esfuerzos realizados, siempre centrados en el equilibrio de nuestra felicidad y bienestar. Poco es aquel esfuerzo, enriquecido de ingredientes imprescindibles y entre los que destacan: tesón, constancia y ambición compartida, nacida de la educación de mis antepasados, y puesta en valor y acertada alianza con una mujer, e hijos, fruto de una fértil unión; y de cuyos principios e incondicional apoyo, emana nuestra más grande razón por defender la continuidad de dichos principios familiares, y cuya moneda de cambio se tradujo siempre en cariño, respeto, fidelidad y mucho amor. Poco, porque el amor no necesita de esfuerzos, y siempre hemos pensando en que es la base, la única razón más importante para mantener fuertemente unidos los lazos familiares.
Todo, es mi gran capital, mi gran fortuna…mi más preciado tesoro. Todo es el conjunto de una familia de origen y descendencia maravillosa, de unos amigos de entrega indescriptible. Todo, es la plenitud que me invade al sentirme felizmente entregado como hijo, realizado como esposo, padre y abuelo. Todo es el orgullo de sentirme andaluz sin dejar de ser gallego; porque a pesar de la distancia y de las circunstancias del destino, soy gaditano de adopción, pero ante todo, gallego e hijo del pueblo que me vio nacer, llamado…Cariño.
Andrés Rubido García
A principios del año 1952, y tras el fallecimiento de mi madre, emigramos a Cádiz, donde permanecería hasta 1957, año en el que regresamos a Cariño. Entre idas y venidas, pude conocer unos cuantos colegios, en los que se forjaron junto con el aprendizaje, amistades, amigos, anécdotas, encuentros y desencuentros, que me sirvieron para ponerme a prueba como persona, como amigo y sobre todo, como ser humano. Todo ello, sumado a la necesidad de tener que “sopesar y escoger” entre la complicada continuidad de ser un alumno, y la de convertirme en un prematuro trabajador, dadas las necesidades de la época.
Después de unos cuantos años transcurridos, el destino y las circunstancias, me empujaron a separarme nuevamente de mi terruño, regresando a la ciudad en la que comenzaría a labrar, tanto lo que sería mi profesión, como el asentamiento y creación de mi nuevo hogar, de mi nueva familia.
Todo por poco, es el producto de una felicidad con sus altibajos, compartida entre la que hoy es mi esposa, y la de nuestros hijos y nieto. A esta gran suerte, debo de sumar un corazón dividido y a caballo entre dos localidades de las que estoy profundamente enamorado.
Poco es el mayor de los esfuerzos realizados, siempre centrados en el equilibrio de nuestra felicidad y bienestar. Poco es aquel esfuerzo, enriquecido de ingredientes imprescindibles y entre los que destacan: tesón, constancia y ambición compartida, nacida de la educación de mis antepasados, y puesta en valor y acertada alianza con una mujer, e hijos, fruto de una fértil unión; y de cuyos principios e incondicional apoyo, emana nuestra más grande razón por defender la continuidad de dichos principios familiares, y cuya moneda de cambio se tradujo siempre en cariño, respeto, fidelidad y mucho amor. Poco, porque el amor no necesita de esfuerzos, y siempre hemos pensando en que es la base, la única razón más importante para mantener fuertemente unidos los lazos familiares.
Todo, es mi gran capital, mi gran fortuna…mi más preciado tesoro. Todo es el conjunto de una familia de origen y descendencia maravillosa, de unos amigos de entrega indescriptible. Todo, es la plenitud que me invade al sentirme felizmente entregado como hijo, realizado como esposo, padre y abuelo. Todo es el orgullo de sentirme andaluz sin dejar de ser gallego; porque a pesar de la distancia y de las circunstancias del destino, soy gaditano de adopción, pero ante todo, gallego e hijo del pueblo que me vio nacer, llamado…Cariño.
Andrés Rubido García

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