martes, 24 de enero de 2012

A la memoria de Marta del Castillo

Una vez más, España entera se echa a la calle, en un intento desaforado de recordarles al gobierno y a los responsables de “Justicia”, el total desacuerdo con la sentencia dictada sobre los acusados de asesinato, violación, vejación, ultraje y ocultamiento del cuerpo de Marta del Castillo. Toda una amalgama de delitos, sumados al total desentendimiento e indiferencia por parte de los acusados, ante las barbas de los doctores en justicia; que lejos de una sentencia ejemplar y rigurosa -aplicada a todos y cada uno de los que olvidando el más insignificante resquicio de humanidad, orquestaron la vil infamia de ocultar el cuerpo de la víctima de esta sangrienta historia- les alegraron el día, con las sentencias dictadas a cada uno de ellos.
Posiblemente el fallo emitido, sea por así decirlo, el máximo castigo que permite la actual ley, como consecuencia de la no aparición del cuerpo del delito. Posiblemente, se esté cumpliendo la ley dictada según se encuentra reflejado en la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre del Código Penal; posiblemente así sea…
Llegados a este punto, solo me queda apoyar la iniciativa de unos padres destrozados y humillados. Unos padres heridos en lo más intimo, por la sin razón, por el despropósito, por la falta de rigor de una justicia, que necesita de deshacerse de los pañales en los que se ha quedado ante tamaña sentencia. Una justicia que necesita de endurecimiento para casos tan sangrientos y vejatorios, como el que nos ocupa. Un caso, en el que no solo los padres, sino toda España y parte del mundo, se sienten impotentes y ofendidos, ante las risas e indiferencia de un puñado de asesinos.
Hoy, una nación entera se echa a la calle, con el firme propósito de gritar a los cuatro vientos, la necesidad de una urgente revisión del código penal. De gritarle y recordarle a esos asesinos, que no vamos a olvidarnos de Marta del Castillo, porque sería como olvidarnos de nuestros principales derechos sobre protección ciudadana.
Esta es la respuesta y apoyo de una nación entera, que siente la necesidad de apoyar a unos padres destrozados y sumidos en el dolor; pero firmes en su propósito de seguir luchando, apoyados por el resto del país y parte del mundo, que también se sienten desprotegidos. Y sobre todo, no vamos a olvidarnos de Marta del Castillo, porque todos somos una posible Marta.
Andrés Rubido García

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