Sin ánimo de embarullar, y a pesar de estar reciente mi sesenta y tres cumpleaños, no es menos cierto que ante mis ojos, está a punto de sucumbir la LXIV Nochevieja. En pocas palabras, con la celebración de aquella primera Nochevieja, se cumplían 59 días desde mi nacimiento. Por más cuentas e intentos por forzar mis recuerdos, son muy pocas las que recuerdo haber celebrado con mi familia, y por supuesto, en tierra firme lejos de las amenazas de los vendavales.
Pero como no es mi intención, aguarle la fiesta a ninguno de mis lectores, y mucho menos con agua salada, trataré de abreviar y así poder dar paso al tema que en verdad me interesa.
De la misma forma que puedo ver en mi propia casa los recientes e inminentes preparativos, como requisitos exigidos para poder estar a la altura de dicha celebración; puedo también imaginar con mayor o menor acierto, la realidad de muchos otros hogares españoles. Quizá por ello, y aunque prometí no aguarle la fiesta a ninguno de mis lectores, no puedo pasar por alto la dura realidad de tantos y tantos otros hogares, en los que difícilmente podrán permitirse el lujo de compartir un plato de comida, y mucho menos de esbozar una sonrisa. Una sonrisa difuminada por la lacra del paro, y de muchas otras razones que me niego a enumerar.
Creo que es la impotencia que me corroe, al pensar en ese otro grupo, que a pesar de tener sus cuentas “claras” y lo suficientemente repletas, gracias a las injusticias de estas leyes que hasta ahora, solo han servido para terminar de empobrecer al que menos tiene; se esfuerzan en algunos casos por borrar las huellas de ciertos tipos de delitos. Quebrantamientos de “Leyes” hoy conocidos como: Tráfico de influencias, malversación de fondos públicos y prevaricación. A estos señores, solo les deseo que el nuevo año les llegue cargado de la suficiente salud, para poder afrontar los años de la pena judicial que les pudiera ser impuesta, aunque dudo lleguen a saborear la suerte de perderse entre rejas olvidados del mundo, mientras por sus retorcidas mentes, cabalgan los recuerdos de sus enriquecedoras e interminables listas de delitos. Pudiera ser…pues miren por dónde, al parecer la justicia de las injusticias comienza a flaquear. ¿Será verdad…?
Andrés Rubido García

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