Cuando apenas nos separan unos meses del tan deseado y esperado acontecimiento; un gran acto del que se pretende sea la gran evocación del nacimiento de La Pepa en su segundo centenario. Cádiz, nuestra ciudad, dista muy lejana del sueño que vive en la mente de todos los gaditanos. Un sueño alimentado en la necesidad de relanzar el nombre de Cádiz a los cuatro vientos, dejando que el mundo entero se impregne de su existencia, de sus orígenes, de la cultura de esta ciudad con más de tres mil años de historia. Es esta celebración, una grandiosa y sobrada razón a la que los gaditanos recurrimos, para demostrar que Cádiz necesita que dicho Bicentenario, sea además de su grandioso baluarte, la gran plaza sobre la que poder llevar a cabo todos aquellos eventos que ayuden a engrandecer tan magno acontecimiento, y que a su vez, nos asegure un rotundo éxito. Un éxito que sea por así decirlo, la puerta hacia el camino de la recuperación económica, de la creación de puestos de trabajo, de la necesidad de ampliar y facilitar nuestra comunicación con los demás municipios de la bahía y su entorno, de liberarnos de esta sin razón que nos impide avanzar, que nos impide crecer y convertirnos en una ciudad llena de vida y de futuro.
El comienzo de la primavera del 2012, bicentenario de La Pepa, se presagiaba como el gran salto al futuro de lo que ya suponíamos un Cádiz renovado, una ciudad con su tercer acceso o Puente de La Pepa terminado, una estación terminal de autobuses, un aparcamiento subterráneo, sobre el que podríamos contemplar una Plaza de Sevilla totalmente ampliada y renovada. Sería el punto estratégico de confluencia, de tres modalidades de transporte: marítimo, carretera y ferrocarril; toda una gran gesta, pero que en la medida que veíamos avanzar el tiempo, el presagio se comenzaba a desmoronar. La falta de entendimiento de los responsables políticos del Gobierno central, gobierno autonómico y otras hierbas incapaces de poder entenderse con el Ayuntamiento de nuestra Capital, daba al traste en más de una ocasión con los atrasos, descaradamente provocados y que han venido repercutiendo, más que en un retraso, en un bloqueo que a todas luces ha desembocado en lo que ha día de hoy tenemos ante nuestros ojos; un puente en el que el ritmo de sus obras han decaído notablemente, un AVE inexistente y cuyo desdoblamiento de vía no terminará de verse finalizado. A todo esto, tendríamos que añadir otros proyectos que difícilmente podrán verse finalizados, dado el corto periodo de tiempo que nos separa de tan importante acontecimiento, que de seguir así, pasará ante nuestros ojos sin pena ni gloria.
No pretendo ser alarmista ni agorero, pero algo así, necesita de medios que nos permitan avanzar en ese gran proyecto; de nuevas infraestructuras, de dotar a la ciudad de los elementos necesarios para llegado el momento, verla y sentirla como la gran ciudad que siempre ha sido, como la ciudad que deseamos ver luciendo orgullosa su renovada imagen, hasta el punto de poder presumir de su puesta de largo como ciudad moderna y de futuro. En realidad, necesita de todo esto y mucho más; pero para ello, necesitaríamos que tanto los señores gobernantes, como sus más inmediatos opositores, lejos de dedicarse a malgastar su tiempo en proferirse críticas e insultos de cara a la galería; se preocupasen más en aunar esfuerzos, razonamientos y sobre todo en buscar soluciones sensatas. Todo ello sería posible, si olvidasen sus diferencias políticamente idealistas y partidistas, para poder dar respuesta ante un pueblo al que en su día le prometieron con un discurso, más cargado de demagogia que de futuras realidades, un sueño de ciudad y que hoy me creo al igual que la inmensa mayoría de los gaditanos, que se les ha visto el plumero, que no solo se han reído de nosotros con unas promesas incumplidas, sino que además lo continúan haciendo; prueba de ello, el presente cargado de noticias nada favorables.
Siento pena e impotencia, al imaginar que por culpa de un puñado de incapaces, entre cuyas manos peligra el sueño de esta nuestra ciudad, cuya grandeza, arte y gracia nacida de esa blanca sal marinera que la baña por sus cuatro costados, no pueda sonreír como su ayuntamiento y el pueblo gaditano desean.
Andrés Rubido García

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