Vivir, es dar gracias por despertar cada nuevo día, quererse a uno mismo, aprender a conocerse interiormente, a descubrirse, a valorarse, a afrontar nuestros propios defectos e intentar corregirlos, de la misma forma y con la misma dedicación e ilusión con que aceptamos y presumimos de nuestras cualidades.
Vivir es relacionarse con el mundo que nos rodea, siempre con una sonrisa en los labios; vivir es querer y sentirse querido, es caminar sin parar en busca de la felicidad compartida, amando y sintiéndonos amado. Son todas estas razones y cada una de ellas, necesarias para estimular nuestro deseo de vivir y de continuar descubriendo nuevos estímulos, con los que poder reconducir nuestro caminar por este sendero de vida, en ocasiones plagado de espinosos matorrales. Porque de nuestra forma de ser y actuar, dependerá muy mucho, la menor o mayor posibilidad de conseguir hacer este sendero más placentero.
Son tantas las buenas e infinitas razones a nuestro alcance, por las que vivir rodeado de lo verdaderamente necesario e imprescindible para ser feliz, y tan sencillas y naturales, que resulta casi impensable e increíble; sobre todo para personas que aún no han sido capaces de comenzar a desnudarse interiormente, de mirar dentro de sí mismas y como comentaba anteriormente, empezar a conocernos. Claro que para poder llegar a creérnoslo, tendríamos que entender la razón, por la que debemos dar gracias de nuestra razón de ser.
Andrés Rubido García

No hay comentarios:
Publicar un comentario