lunes, 20 de junio de 2011

Siempre mi padre


Sentado sobre la muralla que bordea el paseo marítimo, con la vista perdida en el océano y mi pensamiento navegando entre recuerdos, comienzo a percibir imágenes que me trasportan en la distancia y en el tiempo. El placer que me invade, me invita a dejarme llevar hasta el punto de encontrarme reviviendo una historia, que con cierta frecuencia se repetía en mi niñez.

Contemplo y juego en un lanchón pintado de negro y medio enterrado en la arena de la playa; disfrutando como niño que soy y olvidado de todo el entorno que me rodea, mientras que deslizo con mis manos sobre la arena, lo que para mi inocente imaginación, representa un barco o…un coche; la verdad es que me da igual, pues soy yo el que decide en que se ha de transformar aquella lata o envase vacio con el que juego, y que posiblemente, momentos antes de ser abandonada, sirvió para almacenar algún tipo de conserva.

Cuando más absorto me encontraba, sentí como una mano acariciaba mi cabello suavemente, me giré y pude ver que se trataba de él, que habiéndose dado cuenta de mi presencia, decidió acercarse como siempre, acariciarme el cabello como siempre, con una sonrisa entre sus labios como siempre y contemplándome fijamente, terminaba por preguntarme lo mismo que la última vez: ¿Sabes quién soy?, a lo que yo le respondía, Sí, eres mi padre. Siempre a pesar de mi corta edad, notaba la presencia de su inevitable emoción y quizá, para que yo no pudiese darme cuenta de ello, esperaba a poder sobreponerse, para luego pedirme un beso

Creo que era algo que inconscientemente siempre desee con cada uno de sus encuentros, algo que necesitaba hacer y por cuya razón deseaba me lo pidiera. Me abrazaba a el y le daba aquel beso como siempre; un beso. Una acción que siempre envidie, cuando veía a otro niño con su padre. Quizá por eso, me excedía en aquel beso y abrazo para con aquel padre del que tan poco pude disfrutar, pero que a pesar del tiempo sigue vivo en mi corazón y entre mis recuerdos; y es por eso, por lo que me parece que lo estoy viendo alejarse con sus ropas de aguas y los remos sobre los hombros. Siempre, siempre lo seguía con la mirada hasta perderlo en la lejanía y con la esperanza y el déseo puesto en el próximo encuentro, en el próximo abrazo, en el próximo beso.

Andrés Rubido García

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