Las sombras
de la larga y oscura noche comienzan a difuminarse, en su mente, un enorme caos
le impide ordenar y repasar sus ya desbaratadas ideas, entre las que poder
encontrar una solución, a su cada vez más agobiante problema económico y
familiar.
Desde que le
apearon en ese largo y frio túnel del paro, en el que convive con sus
problemas, tan solo ha podido ser testigo de una creciente oscuridad,
imponiéndose sobre la ya debilitada claridad, a sus cada vez más acusadas y
numerosas dificultades. Por más que se esfuerza y apura su paso; en ese
constante caminar, salpicado de frecuentes tropiezos y dolorosas caídas, de las
que a duras penas consigue levantarse; no termina de ver la luz, que le
advierta de la proximidad de la salida del mismo.
Le duele
tener que soportar las repetidas frases embadurnadas de demagogia política; un
camino que tan solo conduce a la plaza de las injusticias. Un lugar para su
desgracia, demasiadas veces visitado y en el que por cada día que pasa, tan solo
puede ser testigo de las constantes negativas, a sus sueños de volver a ser el
marido, el padre, el asalariado trabajador, capaz de defender con uñas y
dientes su puesto de trabajo; utilizando para ello, las únicas herramientas de
las que siempre se ha servido. Un armario de posibilidades, en el que siempre
ha encontrado, la fuerza de la constancia, del saber hacer y estar, de hacer
prevalecer y demostrar su profesionalidad, con humildad, honestidad y
sencillez. Claves importantes, entre las que ha dejado, se hiciese notar su
deseo de cumplir al máximo en todos sus cometidos.
Hoy como
cada mañana, se ha apresurado a salir de casa, un hogar hipotecado, y del que
apenas le resta por pagar un año, pero sobre el que ya se acumulan avisos de
impago. Los pocos ahorros, sumados a la insuficiente ayuda del paro y a las
necesidades; se han agotado y su ilusión por mantener viva la esperanza de que
continúe siendo el hogar de su mujer y de sus hijos, se esfuma, junto a la
creciente impotencia de ver tantos años sacrificados; sirviendo de futuros
intereses gananciales, a aquellos que en su día, le prometieron tantas y tantas
facilidades. Son los mismos que hoy le impiden poder vivir, poder llevar a su
casa el sustento suficiente, con el que poder continuar manteniendo lo que en
un día soñó que podría ser maravilloso.
En la cola
del paro, los comentarios que llegan a sus oídos, terminan de difuminar la poca
esperanza con la que llegó. La apatía, se hace presa en un hombre, cuyo rostro
es un fiel testigo del sufrimiento y ansiedad que le embarga. Ante dicho
malestar, toma asiento en uno de los bancos alineados a lo largo de la acera
sobre la que camina y tras un corto espacio de tiempo en aptitud cabizbaja,
levanta suavemente su mirada, que tropieza con la propaganda de los mismos. Los
mismos que le invitaron a votar, bajo promesas de mejoras, los que abusando de
su falsa palabrería, le vuelven a pedir su voto, a cambio de un sinfín de
interrogantes. Los mismos que tiempo atrás, le prometieron trabajo y
prosperidad…
Andrés
Rubido García

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