Lo pronuncian de forma compulsiva, como pretendiendo dejar claro, que lo dicho, o lo que nos van a decir, tiene personalidad propia. Son por así decirlo, los únicos y principales protagonistas de todos sus acontecimientos. Ni que decir tiene, que si los tales acontecimientos han tenido su origen en el susodicho personaje, el "Yo", primara a lo largo de dicho relato.
Entre las muchas faltas de saber ser y estar de este detestable perfil, destacan notablemente, la indiferencia y en algunos casos, la despreocupación desmedida de todo el entorno familiar y social que le rodea. La necesidad de sentirse el centro de atención de todos los oídos y miradas, es uno de sus principales objetivos.
Son incapaces, habiendo comenzado una conversación; terminarla sin haber nombrado el "yo". Es este "Yo", su única razón de ser y existir; es como una necesidad vital, sin la cual, son incapaces de mantener un diálogo.
Tanto en el día a día, en el trabajo, como en cualquier ocupación que haya tenido que desarrollar de forma cooperante con cualquier familiar o compañero; su versión, estará plagada del "Yo", que por así decirlo, es tal el abuso y la descarada y orgullosa prepotencia de la que suelen acompañarlo, que terminan solos y aislados, aborrecidos por su entorno, que más que detestarles, se compadecen de lo que podíamos dar en llamar y definir como, "persona de notoria pesadez, confundida y perdida en su testaruda Obstinación, por mantener vivo su inseparable martillo pilón del "Yo".
Andrés Rubido García
Entre las muchas faltas de saber ser y estar de este detestable perfil, destacan notablemente, la indiferencia y en algunos casos, la despreocupación desmedida de todo el entorno familiar y social que le rodea. La necesidad de sentirse el centro de atención de todos los oídos y miradas, es uno de sus principales objetivos.
Son incapaces, habiendo comenzado una conversación; terminarla sin haber nombrado el "yo". Es este "Yo", su única razón de ser y existir; es como una necesidad vital, sin la cual, son incapaces de mantener un diálogo.
Tanto en el día a día, en el trabajo, como en cualquier ocupación que haya tenido que desarrollar de forma cooperante con cualquier familiar o compañero; su versión, estará plagada del "Yo", que por así decirlo, es tal el abuso y la descarada y orgullosa prepotencia de la que suelen acompañarlo, que terminan solos y aislados, aborrecidos por su entorno, que más que detestarles, se compadecen de lo que podíamos dar en llamar y definir como, "persona de notoria pesadez, confundida y perdida en su testaruda Obstinación, por mantener vivo su inseparable martillo pilón del "Yo".
Andrés Rubido García

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