La indigencia, un tema de actualidad y de escabrosa solución, que viene a recordarnos, tanto política, como socialmente, aquel refrán que dice, “Nunca llueve a gusto de todos”. Resulta tremendamente penoso, que a día de hoy, los señores encargados del “Bienestar Social”, de cada una de las diecisiete comunidades que componen nuestro territorio Español, no hayan sido capaces de encontrar, una mínima solución que pueda dar respuesta a un problema tan importante como el de los “Sin techo”
Independientemente de la falta de dedicación y voluntad, con la que los señores responsables del “Bienestar Social” se afanan en encontrarle una solución a tan preocupante problema, sobre el que pasan casi de puntillas; se encuentran las discrepancias tanto políticas como sociales, a la hora, no solo de tratar y enfocar el problema, sino también de la solución a adoptar.
Creo, que deberían de poner sobre la mesa, los pros y los contras, y aunar, tanto los esfuerzos como los razonamientos, para que de la manera más democrática y humana posible, comenzar a buscar la mejor solución para todos. Digo para todos, por qué es un tema que atañe, tanto a los “no indigentes”, como a los “indigentes”. Entre otras cosas, por las distintas maneras de enfocarlo, como hemos podido escuchar, llegando a pretender en algunos casos, echar mano de soluciones infrahumanas.
Creo ante todo, que no podemos olvidar que estamos hablando de personas, cuyas consecuencias o razones, por las que se hayan podido ver arrastrados a tan deleznable situación, no deben de impedirnos de utilizar y obrar, con todas las salvaguardas que nuestros principios como personas y defensoras de los derechos humanos nos exigen.
Me consta y así me lo ha demostrado mi experiencia a lo largo de los años, que no todos los indigentes, están dispuestos a convivir con las normas establecidas, en los distintos albergues municipales, distribuidos a lo largo de nuestra geografía. Quizá por ello, son muchos los que prefieren la calle, a verse bajo las ordenanzas de un centro; y es aquí, donde tenemos que romper con las discrepancias, haciéndoles entender también a ellos, que la calle es de todos y para todos; pero siempre y cuando nos respetemos mutuamente. Entendiéndose por respeto, el cumplimiento de las normas que deberían de comenzar a regir, a través de una ley, la cual, creo aún no ha sido propuesta.
Quiero terminar, pero insistiendo, que del mismo modo que nosotros tenemos obligaciones que cumplir como personas y ciudadanos, también ellos las tienen, pues la condición o situación de indigencia, no debe permitir el uso de la calle para ciertos fines. Es por ello, por lo que creo se necesitan más albergues y una ley reguladora, que nos permita circular, pasear, mendigar, etc.; pero no utilizar la calle y su mobiliario, como lugar para pernoctar en el que se me permite utilizar las esquinas o parques en los que poder dar rienda suelta a mis necesidades de descanso, etc.
Entiendo y comprendo, que poder llevar a cabo todas estas normas y exigencias, son a día de hoy imposibles, dada la escasez de albergues, razón por la que sólo se les permite utilizar dichos centros durante cortos periodos de tiempo. Es esta entre otras, la urgente necesidad de crear muchos más albergues, con los que poder dar cobijo a todas estas personas necesitadas y por supuesto, una vez conseguido, reformar o crear una ley que funcione y pueda aplicarse de forma que permita al indigente, ser un ciudadano más, y por supuesto, y por qué no decirlo, perseguir la posibilidad de erradicar de nuestro diccionario, palabras tan duras como… “Sin techo”
Andrés Rubido García

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