Después de una década consumida de este siglo XXI, y metidos en los albores de la segunda, seguimos sin encontrarle solución a una de las lacras más extendidas en el mundo, y de la que por desgracia, España forma parte. Les hablo y como no podía ser de otra manera, del disparatado consumo de alcohol, por la mayor parte de la sociedad. Un consumo, que según las últimas encuestas, tiene su edad de inicio alrededor de los 13 años. Un ritual, convertido en un juego peligroso y que es por así decirlo, el "Principal" y único "Patrocinador" de la fiesta".
Quiero creer, que existen personas preocupadas en que este desmadre, se pueda frenar, reducir, y echándole imaginación, erradicar. Tampoco quiero entretenerme con números ni porcentajes; para ello, están las noticias y algún que otro artículo nacido del seno de la OMS, informando de los verdaderos problemas generados por el consumo abusivo de dicha sustancia. Información, que en la mayoría de los casos es desechada por esta sociedad, que lejos de preocuparse por mantenerse informada y por su salud, da rienda suelta a sus ancestrales comportamientos y costumbres nada saludables. Comportamientos que son imitados con creces por nuestros adolescentes; convirtiendo en un juego peligroso, lo que en alguna época podía considerarse como una parte más de la llamada "Cultura Mediterránea" y que ha día de hoy, suele desembocar en trágicos sucesos y por supuesto, y en un gran número de casos, en jóvenes adictos, de persistir dicho juego.
Opino que todo lo que se haga por mejorar nuestro bienestar social, es sin duda positivo; pero siempre de forma ordenada y siguiendo unos criterios o patrones que nos sirvan para deducir, cual es la prioridad en el orden a seguir. No pueden hacer un todo de una simple frase "Si bebes no conduzcas", o "Bebe con moderación es tu responsabilidad. Entre otras cosas, porque además de los accidentes que puedan generarse de la conducción bajo los efectos del alcohol, de los accidentes generados en los puestos de trabajo por las mismas circunstancias; existen otros muchos problemas que impiden a muchas familias, vivir con una mínima calidad de vida.
Quiero terminar, en la esperanza de que nuestros responsables, sepan tomar las medidas oportunas, cogiendo al toro por los cuernos; y dejando de lado los intereses creados, comenzar a afrontar la espeluznante realidad que nos acecha de cerca. Entre otras cosas, porque se trata de una sociedad muy joven. Hablamos del futuro de este País, que lejos de querer conocer los peligros que les acecha, se hunden cada vez más en una lacra, de la que salir, puede llegar a costar toda una vida.
Sería un inconsciente, si al referirme a los responsables de este País, dejase de lado a los que habiendo alcanzado la titularidad de padres, los excluyese como parte de dicha responsabilidad. Siempre he creído y creo a pies juntillas, que la educación de los padres, tiene mucho que ver y decir en cuanto al comportamiento y actitud de nuestros hijos. Por ello desde aquí, quiero hacer un llamamiento a todos los padres con sentido de la responsabilidad. A todos aquellos, que sintiendo en sus carnes la necesidad de cambiar esta alocada carrera de muchos de nuestros jóvenes, se pongan mano a la obra y comiencen a dialogar con sus hijos. Entre otras cosas, porque no podemos delegar en sus profesores u orientadores escolares; así como tampoco confundir la educación y preparación escolar, con una no menos importante, nacida del seno familiar y de la que se desprende la enseñanza, entre otras cosas, del saber ser y estar; pues como dice el refrán, "La educación de la cuna llega a la sepultura", y en ello, los padres tienen mucho que hacer y decir.
Andrés Rubido García
Quiero creer, que existen personas preocupadas en que este desmadre, se pueda frenar, reducir, y echándole imaginación, erradicar. Tampoco quiero entretenerme con números ni porcentajes; para ello, están las noticias y algún que otro artículo nacido del seno de la OMS, informando de los verdaderos problemas generados por el consumo abusivo de dicha sustancia. Información, que en la mayoría de los casos es desechada por esta sociedad, que lejos de preocuparse por mantenerse informada y por su salud, da rienda suelta a sus ancestrales comportamientos y costumbres nada saludables. Comportamientos que son imitados con creces por nuestros adolescentes; convirtiendo en un juego peligroso, lo que en alguna época podía considerarse como una parte más de la llamada "Cultura Mediterránea" y que ha día de hoy, suele desembocar en trágicos sucesos y por supuesto, y en un gran número de casos, en jóvenes adictos, de persistir dicho juego.
Opino que todo lo que se haga por mejorar nuestro bienestar social, es sin duda positivo; pero siempre de forma ordenada y siguiendo unos criterios o patrones que nos sirvan para deducir, cual es la prioridad en el orden a seguir. No pueden hacer un todo de una simple frase "Si bebes no conduzcas", o "Bebe con moderación es tu responsabilidad. Entre otras cosas, porque además de los accidentes que puedan generarse de la conducción bajo los efectos del alcohol, de los accidentes generados en los puestos de trabajo por las mismas circunstancias; existen otros muchos problemas que impiden a muchas familias, vivir con una mínima calidad de vida.
Quiero terminar, en la esperanza de que nuestros responsables, sepan tomar las medidas oportunas, cogiendo al toro por los cuernos; y dejando de lado los intereses creados, comenzar a afrontar la espeluznante realidad que nos acecha de cerca. Entre otras cosas, porque se trata de una sociedad muy joven. Hablamos del futuro de este País, que lejos de querer conocer los peligros que les acecha, se hunden cada vez más en una lacra, de la que salir, puede llegar a costar toda una vida.
Sería un inconsciente, si al referirme a los responsables de este País, dejase de lado a los que habiendo alcanzado la titularidad de padres, los excluyese como parte de dicha responsabilidad. Siempre he creído y creo a pies juntillas, que la educación de los padres, tiene mucho que ver y decir en cuanto al comportamiento y actitud de nuestros hijos. Por ello desde aquí, quiero hacer un llamamiento a todos los padres con sentido de la responsabilidad. A todos aquellos, que sintiendo en sus carnes la necesidad de cambiar esta alocada carrera de muchos de nuestros jóvenes, se pongan mano a la obra y comiencen a dialogar con sus hijos. Entre otras cosas, porque no podemos delegar en sus profesores u orientadores escolares; así como tampoco confundir la educación y preparación escolar, con una no menos importante, nacida del seno familiar y de la que se desprende la enseñanza, entre otras cosas, del saber ser y estar; pues como dice el refrán, "La educación de la cuna llega a la sepultura", y en ello, los padres tienen mucho que hacer y decir.
Andrés Rubido García

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