viernes, 22 de abril de 2011

Soñándote


Si supieras… de esta congoja que me invade, del tormento que aferrado a mi ser, me hace recordar esta impotencia que siento, al no hallar el camino que me conduzca hacia ti; hacia esa razón que necesito me asista, para poder hacerte entender que necesito de ti.

Si supieras… las veces que te lleno de besos en mi mente. En esta mente que vive por ti y para ti. Solo no soy nada…, solo…soy el bohemio que merodea entre pensamientos, como único alivio a la sed que tengo de ti, de tus caricias, de tus besos; de sentir tu aliento entremezclado con el mío.

Si supieras…que además de la razón…, odio la distancia que nos separa. Que me duermo pensando en ti…para despertar al amanecer con la cruda realidad de tu ausencia. Siento un vacio en mi interior y en lo más profundo de mi alma, se debate la ímpetu de mi cariño hacia ti, con la amargura de no tenerte; el anhelo que me desborda al no poder sentirte cerca, de no poder estrecharte entre mis brazos; de no poder enredar mis dedos entre tu cabello, mientras nos fundimos en un largo, delicado y cálido beso.

Si supieras…que odio este mar que nos separa, que dejo vagar mis ojos, buscándote en el horizonte infinito, mientras intento desesperado, traer a mi mente los bellos recuerdos que viven en mí; aquellos que me repiten una y otra vez, lo que pudo ser y no fue; aquellos que son mi único sustento, mi única razón de ser. La única fuente en la que calmar mi sed de amor, esta sed que tengo de ti.

Si supieras…que siento celos del espejo en que te miras, del sol que se refleja en tu cara. Celos…celos de la brisa que te acaricia, del vaso que roza tus labios cuando bebes. Celos mi amor, celos de no tenerte, de no verte…celos…tengo celos…Celos que crecen y me devoran, haciéndome sentir cada día más vulnerable y más esclavo de tu amor. Y es que muero, muero sin tenerte, embriagado de celos, de unos celos que me enloquecen hasta el punto, de aun teniéndote lejos, sentir tu cálido cuerpo junto al mío, y así, dejarme arrastrar como cada noche, por la única ilusión que me permite disfrutar de ti, aunque solo sea, soñando entre recuerdos…

Andrés Rubido García

sábado, 16 de abril de 2011

"Sin techo", sí, pero personas.


La indigencia, un tema de actualidad y de escabrosa solución, que viene a recordarnos, tanto política, como socialmente, aquel refrán que dice, “Nunca llueve a gusto de todos”. Resulta tremendamente penoso, que a día de hoy, los señores encargados del “Bienestar Social”, de cada una de las diecisiete comunidades que componen nuestro territorio Español, no hayan sido capaces de encontrar, una mínima solución que pueda dar respuesta a un problema tan importante como el de los “Sin techo”

Independientemente de la falta de dedicación y voluntad, con la que los señores responsables del “Bienestar Social” se afanan en encontrarle una solución a tan preocupante problema, sobre el que pasan casi de puntillas; se encuentran las discrepancias tanto políticas como sociales, a la hora, no solo de tratar y enfocar el problema, sino también de la solución a adoptar.

Creo, que deberían de poner sobre la mesa, los pros y los contras, y aunar, tanto los esfuerzos como los razonamientos, para que de la manera más democrática y humana posible, comenzar a buscar la mejor solución para todos. Digo para todos, por qué es un tema que atañe, tanto a los “no indigentes”, como a los “indigentes”. Entre otras cosas, por las distintas maneras de enfocarlo, como hemos podido escuchar, llegando a pretender en algunos casos, echar mano de soluciones infrahumanas.

Creo ante todo, que no podemos olvidar que estamos hablando de personas, cuyas consecuencias o razones, por las que se hayan podido ver arrastrados a tan deleznable situación, no deben de impedirnos de utilizar y obrar, con todas las salvaguardas que nuestros principios como personas y defensoras de los derechos humanos nos exigen.

Me consta y así me lo ha demostrado mi experiencia a lo largo de los años, que no todos los indigentes, están dispuestos a convivir con las normas establecidas, en los distintos albergues municipales, distribuidos a lo largo de nuestra geografía. Quizá por ello, son muchos los que prefieren la calle, a verse bajo las ordenanzas de un centro; y es aquí, donde tenemos que romper con las discrepancias, haciéndoles entender también a ellos, que la calle es de todos y para todos; pero siempre y cuando nos respetemos mutuamente. Entendiéndose por respeto, el cumplimiento de las normas que deberían de comenzar a regir, a través de una ley, la cual, creo aún no ha sido propuesta.

Quiero terminar, pero insistiendo, que del mismo modo que nosotros tenemos obligaciones que cumplir como personas y ciudadanos, también ellos las tienen, pues la condición o situación de indigencia, no debe permitir el uso de la calle para ciertos fines. Es por ello, por lo que creo se necesitan más albergues y una ley reguladora, que nos permita circular, pasear, mendigar, etc.; pero no utilizar la calle y su mobiliario, como lugar para pernoctar en el que se me permite utilizar las esquinas o parques en los que poder dar rienda suelta a mis necesidades de descanso, etc.

Entiendo y comprendo, que poder llevar a cabo todas estas normas y exigencias, son a día de hoy imposibles, dada la escasez de albergues, razón por la que sólo se les permite utilizar dichos centros durante cortos periodos de tiempo. Es esta entre otras, la urgente necesidad de crear muchos más albergues, con los que poder dar cobijo a todas estas personas necesitadas y por supuesto, una vez conseguido, reformar o crear una ley que funcione y pueda aplicarse de forma que permita al indigente, ser un ciudadano más, y por supuesto, y por qué no decirlo, perseguir la posibilidad de erradicar de nuestro diccionario, palabras tan duras como… “Sin techo”

Andrés Rubido García

lunes, 11 de abril de 2011

¡Yo!, un martillo pilón

Lo pronuncian de forma compulsiva, como pretendiendo dejar claro, que lo dicho, o lo que nos van a decir, tiene personalidad propia. Son por así decirlo, los únicos y principales protagonistas de todos sus acontecimientos. Ni que decir tiene, que si los tales acontecimientos han tenido su origen en el susodicho personaje, el "Yo", primara a lo largo de dicho relato.

Entre las muchas faltas de saber ser y estar de este detestable perfil, destacan notablemente, la indiferencia y en algunos casos, la despreocupación desmedida de todo el entorno familiar y social que le rodea. La necesidad de sentirse el centro de atención de todos los oídos y miradas, es uno de sus principales objetivos.

Son incapaces, habiendo comenzado una conversación; terminarla sin haber nombrado el "yo". Es este "Yo", su única razón de ser y existir; es como una necesidad vital, sin la cual, son incapaces de mantener un diálogo.

Tanto en el día a día, en el trabajo, como en cualquier ocupación que haya tenido que desarrollar de forma cooperante con cualquier familiar o compañero; su versión, estará plagada del "Yo", que por así decirlo, es tal el abuso y la descarada y orgullosa prepotencia de la que suelen acompañarlo, que terminan solos y aislados, aborrecidos por su entorno, que más que detestarles, se compadecen de lo que podíamos dar en llamar y definir como, "persona de notoria pesadez, confundida y perdida en su testaruda Obstinación, por mantener vivo su inseparable martillo pilón del "Yo".

Andrés Rubido García

domingo, 3 de abril de 2011

Una responsabilidad de todos

Después de una década consumida de este siglo XXI, y metidos en los albores de la segunda, seguimos sin encontrarle solución a una de las lacras más extendidas en el mundo, y de la que por desgracia, España forma parte. Les hablo y como no podía ser de otra manera, del disparatado consumo de alcohol, por la mayor parte de la sociedad. Un consumo, que según las últimas encuestas, tiene su edad de inicio alrededor de los 13 años. Un ritual, convertido en un juego peligroso y que es por así decirlo, el "Principal" y único "Patrocinador" de la fiesta".

Quiero creer, que existen personas preocupadas en que este desmadre, se pueda frenar, reducir, y echándole imaginación, erradicar. Tampoco quiero entretenerme con números ni porcentajes; para ello, están las noticias y algún que otro artículo nacido del seno de la OMS, informando de los verdaderos problemas generados por el consumo abusivo de dicha sustancia. Información, que en la mayoría de los casos es desechada por esta sociedad, que lejos de preocuparse por mantenerse informada y por su salud, da rienda suelta a sus ancestrales comportamientos y costumbres nada saludables. Comportamientos que son imitados con creces por nuestros adolescentes; convirtiendo en un juego peligroso, lo que en alguna época podía considerarse como una parte más de la llamada "Cultura Mediterránea" y que ha día de hoy, suele desembocar en trágicos sucesos y por supuesto, y en un gran número de casos, en jóvenes adictos, de persistir dicho juego.

Opino que todo lo que se haga por mejorar nuestro bienestar social, es sin duda positivo; pero siempre de forma ordenada y siguiendo unos criterios o patrones que nos sirvan para deducir, cual es la prioridad en el orden a seguir. No pueden hacer un todo de una simple frase "Si bebes no conduzcas", o "Bebe con moderación es tu responsabilidad. Entre otras cosas, porque además de los accidentes que puedan generarse de la conducción bajo los efectos del alcohol, de los accidentes generados en los puestos de trabajo por las mismas circunstancias; existen otros muchos problemas que impiden a muchas familias, vivir con una mínima calidad de vida.

Quiero terminar, en la esperanza de que nuestros responsables, sepan tomar las medidas oportunas, cogiendo al toro por los cuernos; y dejando de lado los intereses creados, comenzar a afrontar la espeluznante realidad que nos acecha de cerca. Entre otras cosas, porque se trata de una sociedad muy joven. Hablamos del futuro de este País, que lejos de querer conocer los peligros que les acecha, se hunden cada vez más en una lacra, de la que salir, puede llegar a costar toda una vida.

Sería un inconsciente, si al referirme a los responsables de este País, dejase de lado a los que habiendo alcanzado la titularidad de padres, los excluyese como parte de dicha responsabilidad. Siempre he creído y creo a pies juntillas, que la educación de los padres, tiene mucho que ver y decir en cuanto al comportamiento y actitud de nuestros hijos. Por ello desde aquí, quiero hacer un llamamiento a todos los padres con sentido de la responsabilidad. A todos aquellos, que sintiendo en sus carnes la necesidad de cambiar esta alocada carrera de muchos de nuestros jóvenes, se pongan mano a la obra y comiencen a dialogar con sus hijos. Entre otras cosas, porque no podemos delegar en sus profesores u orientadores escolares; así como tampoco confundir la educación y preparación escolar, con una no menos importante, nacida del seno familiar y de la que se desprende la enseñanza, entre otras cosas, del saber ser y estar; pues como dice el refrán, "La educación de la cuna llega a la sepultura", y en ello, los padres tienen mucho que hacer y decir.

Andrés Rubido García


sábado, 2 de abril de 2011

¡Hasta siempre!


De aquellos que se fueron, conservo sus recuerdos, aquellos que me marcaron con sus sonrisas o con sus lágrimas reprimidas. Nunca escatimaron esfuerzos por alegrarme la vida, en los duros y malos momentos. Siempre se entregaban al máximo, dejando el alma en el intento, reprimiendo el dolor e impidiendo derramar lágrimas que ya comenzaban a humedecer sus ojos. Todo, por esbozar una sonrisa, con la que poder borrar de mi rostro la tristeza.

De aquellos que se fueron, tan solo considero perdida su presencia física. Por el contrario, guardo sus innumerables sonrisas y anécdotas, llenas de vivencias compartidas; fieles testigos de lo que ha día de hoy, continuaran siendo un referente de mis más preciados familiares y amigos.

De aquellos que se fueron, tan solo me entristece la falta de su vital ausencia. Sin embrago, hay momentos en mi vida, en la que los siento cerca, como queriendo continuar confortándome, como antaño.

De aquellos que se fueron, creo que aún están ahí. Nunca se han ido del todo, quizá…, porque mi sentimiento hacia ellos, prefiere mantenerlos vivos, aunque solo sea en el recuerdo.

De aquellos que se fueron, tan solo puedo decir, que de sus inesperadas, dolorosas e inevitables partidas, aprendí a no decir nunca, Adiós..., sencillamente ¡Hasta siempre!

Andrés Rubido García