domingo, 14 de junio de 2020

Entre Poldo y yo


No son pocos los años transcurridos, pero me resulta difícil aceptar la rapidez del paso de los mismos. Entre ellos, contemplo como si de un videoclip se tratase; momentos de felicidad, de quietud, de las alegrías y ¿por qué no decirlo?, de las tristezas; siendo estas últimas más duraderas, mas pausadas en el transcurrir. Toda una larga lista de amontonados momentos, en un abrir y cerrar de ojos… De verme sentado ante un pupitre, ha estar trabajando de dependiente. De escuchar las palabras de mis abuelos, a verme abandonando mí pueblo. De verme navegando por primera vez, mientras intento encontrar la razón del porqué. De comenzar a jugar con los sentimientos del querer. De soñar despierto lo más maravilloso, hasta llegar a verme en el más feliz de los días; todo ello, mientras le esperaba en el altar.
Hoy que me duermo y despierto a su lado, recuerdo todo eso y mucho más. El primero de los besos. El nacimiento de todos y cada uno de mis hijos. De encontrarme navegando y contando los interminables días en medio de cielo y mar, para volver de nuevo a puerto. De aquellos amontonados besos en cada una de las despedidas, para volver a navegar. Luego llegarían las argucias para esconder el temor ante el hecho de tener que zarpar. Por cada año que pasaba, se me hacía más difícil, hasta llegar al punto de sentirme cobarde ante la tempestad. Me hablan de lobos de mar, de que estamos hechos de otra casta…y me veo como el alumno suspenso ante tal titulación, aun habiendo naufragado tres veces. Son tantos los días que he vivido contemplando el horizonte, escudriñando ese punto en el que el cielo se confunde con el mar; con la mirada fija, como pretendiendo ver todo aquello que echaba de menos.  Han sido tantos y tantos días, sin teneros a mi lado, que a pesar…Del paso de los años, se me ha hecho corto este largo paseo por el camino de la vida, de ese tic-tac, que dependiendo del momento, siempre continuaba y continua con su compás, mientras pensaba en el mañana…que ha día de hoy, ya no vislumbro. Quizá el aceptar que a pesar de no estar navegando entre olas, continuo siendo un naufrago ante la adversidad. Dando largas a mis problemas, mientras me consuelo con las nuevas generaciones, con mis hijos, con mis nietos.

Andrés Rubido García

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