No son pocos los años
transcurridos, pero me resulta difícil aceptar la rapidez del paso de los
mismos. Entre ellos, contemplo como si de un videoclip se tratase; momentos de
felicidad, de quietud, de las alegrías y ¿por qué no decirlo?, de las
tristezas; siendo estas últimas más duraderas, mas pausadas en el transcurrir.
Toda una larga lista de amontonados momentos, en un abrir y cerrar de ojos… De
verme sentado ante un pupitre, ha estar trabajando de dependiente. De escuchar
las palabras de mis abuelos, a verme abandonando mí pueblo. De verme navegando
por primera vez, mientras intento encontrar la razón del porqué. De comenzar a
jugar con los sentimientos del querer. De soñar despierto lo más maravilloso,
hasta llegar a verme en el más feliz de los días; todo ello, mientras le
esperaba en el altar.
Hoy que me duermo y
despierto a su lado, recuerdo todo eso y mucho más. El primero de los besos. El
nacimiento de todos y cada uno de mis hijos. De encontrarme navegando y
contando los interminables días en medio de cielo y mar, para volver de nuevo a
puerto. De aquellos amontonados besos en cada una de las despedidas, para
volver a navegar. Luego llegarían las argucias para esconder el temor ante el hecho
de tener que zarpar. Por cada año que pasaba, se me hacía más difícil, hasta
llegar al punto de sentirme cobarde ante la tempestad. Me hablan de lobos de
mar, de que estamos hechos de otra casta…y me veo como el alumno suspenso ante
tal titulación, aun habiendo naufragado tres veces. Son tantos los días que he
vivido contemplando el horizonte, escudriñando ese punto en el que el cielo se
confunde con el mar; con la mirada fija, como pretendiendo ver todo aquello que
echaba de menos. Han sido tantos y
tantos días, sin teneros a mi lado, que a pesar…Del paso de los años, se me ha
hecho corto este largo paseo por el camino de la vida, de ese tic-tac, que
dependiendo del momento, siempre continuaba y continua con su compás, mientras
pensaba en el mañana…que ha día de hoy, ya no vislumbro. Quizá el aceptar que a
pesar de no estar navegando entre olas, continuo siendo un naufrago ante la
adversidad. Dando largas a mis problemas, mientras me consuelo con las nuevas
generaciones, con mis hijos, con mis nietos.
Andrés Rubido García

Muy bueno primo.
ResponderEliminarMuy bueno tocayo , un saludo
ResponderEliminarLeopoldo