domingo, 28 de octubre de 2018

Las huellas de la edad


Al igual que vamos cumpliendo años; la edad con el paso de los mismos, va dejando su huella marcada en nuestro cuerpo y en algunos recónditos rincones de nuestra mente. No obstante, ha día de hoy, soy consciente de la respuesta de mi mente ante ciertas preguntas, cuyas respuestas se hallan un tanto próximas a la frontera del olvido. Mentiría, sino reconociese cierto temor a la presencia de la huella, con la que nos va marcando la vejez. Temor a olvidar aquello que siempre e añorado, querido y amado. Después de todo, y haciendo una rudimentaria valoración de lo positivo o negativo, en mi caminar por el sendero de la vida, que me ha tocado vivir; tendría que decir, que lo positivo supera a los pasajes negativos. 

Sea como fuere, no pretendo llorarle a la diosa fortuna, a fin de que me recompense por los malos tragos vividos. Sin embargo, después de haber sobrevivido a tres naufragios; este cuarto, y sin agua por medio, también me gustaría superarlo, y no precisamente por mi total entrega ante las vicisitudes. Algo a lo que creo estoy respondiendo, pero no soy yo quien deba valorar  esa entrega. Diría, que al igual que el naufrago se agarra a un madero por pequeño que sea, y ante el cual deposita toda su confianza; es en este caso, cuando también trato de buscar y agarrarme ese madero.

Son muchas las veces que pienso, que el mero hecho de haber sido un marino, no me ha permitido disfrutar de mi familia tanto como me hubiera gustado. Es ahora con el peso de los años, cuando intento “Recuperar” el tiempo perdido. Una quimera que no se sostiene ni entre nubes de algodón. Pero es hoy, después de haber disfrutado de maravillosos acontecimientos y celebraciones familiares; hoy cuando me sobran las riquezas que no tengo ni deseo, cuando solo con mi pensión me permito disfrutar de aquellos mis seres queridos. Cuando un efusivo abrazo me recuerda la necesidad y la importancia de los mismos… cuando me recuerdo que soy el  esposo, el padre y el abuelo más feliz del mundo; es cuando le pido  a la suerte, unos añitos más de esta hermosa vida que me ha tocado vivir.

Andrés Rubido García

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