Mis sentimientos por ellos, se traducen
en besos y abrazos, además de cumplir con sus ilusiones de niños. Es ahí,
cuando me entristece el pensar en el planeta que les estamos dejando; en este
mundo loco y climáticamente desequilibrado… Me siento impotente al ver que no
basta con que nos esforcemos unas cuantas personas, entre las que me incluyo,
procurando reciclar y… para que voy a enumerar todas las cosas buenas que se
deben hacer, si a las más importantes no alcanzo. Son grandes las promesas de
los gobernantes, que desde sus atriles se desgañitan, con las venas marcadas en sus
gargantas, y que se quedan simplemente en palabras que se lleva el viento, y que
deberían haber sido ejecutadas por los mandatarios de los grandes países
industrializados; entre los que sabemos, existen muchos, cuyos personajes no
quieren ni oír hablar del tema.
Existe más que una demostración, toda
una realidad llevada a cabo por la madre naturaleza: El calentamiento global,
los diluvios o riadas acompañados de vientos huracanados, la cada vez más frecuente
aparición de las trombas marinas o tornados, la contaminación atmosférica. Y los
comentarios de aquellos que se están volviendo muy populares: “En los años que
tengo nunca había visto nada igual” Que el sistema está cambiando, es algo inequívoco;
lo difícil es hacer entrar en razón, a esos señores que deberían echando mano
de su poderío gubernamental, sumarse al esfuerzo del resto de países, que quizá
con más realismo y visión de futuro, buscan la unificación global, para poder
llegar a contrarrestar los daños que por culpa de intereses y de la ambición
desmedida del ser humano, estamos poniendo en peligro el equilibrio climático
de nuestro planeta. Todo sea, por las nuevas generaciones, que mientras se
entretienen con sus juegos, no terminan de ver la cruda realidad, que aunque a
paso lento, se nos acerca.
Andrés Rubido García

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