lunes, 24 de octubre de 2016

Como el río

En la quietud de la soledad buscada, y soslayando la distancia, escucho la melodía del rio, desbordando las suaves y relajantes notas que va desprendiendo en su recorrido, y que definen el paso del purificado y transparente líquido,  entre las diferentes formas de piedras con las que se va acariciando mimosamente; al tiempo que sobre él, flotan pequeñas hojas y ramas que discurren entre un maravilloso y pintoresco paisaje, entre pequeños saltos y meandros. 

Todo mientras juego con mi mente, procurando ver el paisaje, y sin girarme, contemplar con el mismo cariño que me invade, el encanto que convertido en un inmenso manto, te cubre a lo largo y ancho de tu extensa beldad, como si de una piel se tratase.

Son numerosos y distintos verdes, los que entremezclados con los  pardos de tu tierra, sirven de lecho al pequeño caudal del río, que después de discurrir entre veredas salpicadas de eucaliptos y pinos, busca el remanso de la tierra llana, cercana al final de su recorrido. Sobre algún que otro remanso, entremezclado con la melodía de su discurrir, también se perciben melodías llenas de cariñosas palabras, que nos hablan de mujeres que arrodilladas en sus orillas, frotan y enjuagan la ropa, al tiempo que hablan de sus quehaceres, o conjugan con sus voces, los melosos y delicados cantos de la tierra,   ignorando con la ayuda de sus cantos la frialdad de su agua. En su tramo final, el río discurre por la arena de la playa, hasta fundirse con el inmenso mar que le abrazará entre sus blanca y salada espuma.

Atrás quedan los eucaliptos, los pinos, el chasquido de la hoz al segar la verde hierba, el del raño o la azada al clavarse en la tierra, así como el desgranar de aquellas personas que cavando la tierra, procuran dejar en su justa medida, la simiente y el estiércol necesario, con el que esperan ver florecer sus esfuerzos. Así y de la misma manera que el río, he vagado por tus tierras, he crecido, he jugado y corrido por tus caminos, y también me he topado con todo aquello que tú has encontrado. He disfrutado de tu hermosa belleza, y me he recreado  contemplándote, aunque hoy, lo haga de distinta forma a la que en un tiempo disfrute de ti, hasta fundirme en ese mar de tu concha, que hoy añoro y me hace sentirme orgulloso de haber nacido de ti.

Quizá sea el tiempo transcurrido… ¿Cómo no? Las incontables y blancas canas las que me hablan de tantos y tantos  hermanos de tierra, que aún estando lejos de ti, y a pesar de la distancia, te recuerdan con el mismo deseo y amor, con el que te recuerdo


Andrés Rubido García

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