jueves, 15 de septiembre de 2016

Nuestro Pueblo



Introducirme en el plácido discurrir de los días, durante aquella, mi estancia en el pueblo, es tan sencillo como maravilloso. Después de todo, quizá sea el hecho del tiempo transcurrido, superado por el deseo de rememorarlo  el que me lleve a terminar disfrutando como un verdadero niño, de todos y cada uno de ellos. Entre otras cosas, por haber transcurrido todos aquellos pasajes entre mi infancia y el pleno apogeo de mi juventud.

No sabría decir, a partir de qué edad comenzó esta carrera, vertiginosa de mi mente, traducida en morriña y empeñada en querer rememorar los numerosos ayeres, tan lejanos en el tiempo, pero que conservo con cierta lucidez. Si bien es cierto, que en la misma medida que los aniversarios se van apilando, entre nuevas y blancas canas, mayor es el deseo de querer recordar, de rememorar aquellos pasajes, en ese pueblo que tanto amo, y por quien tanto suspiro.

Cruzar los pasos de piedra de algún que otro río y perdernos por los caminos entre juegos, y dependiendo de la época, entre rejos de trigo a la búsqueda de grillos; o de aquellos manjares que sin pretenderlo, se encontraban a nuestro paso; manjares cómo anixaros y moras… Son tantos los iconos que despiertan mi deseo de batallar por conseguir tu cercanía, por disfrutar de ti, de todos y cada uno de esas ilustraciones, motivos, detalles; que en cierta manera forman parte de una pequeña historia, que a todas luces deseo conservar viva en mi mente.

Era otra época, en la que el libre albedrío de nuestros juegos, nos permitían elegir las reglas. Entonces, no necesitábamos cobertura para comunicarnos, ni tampoco buscábamos al pokémon fugado. Simplemente, disfrutábamos del entorno con el que la naturaleza había premiado aquel pueblo de Cariño… Nuestro pueblo. 

Andrés Rubido García

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