lunes, 9 de mayo de 2016

¡Habla pueblo habla... !



Si digo que he necesitado vivir toda una vida, para llegar a “entender” la ingenua forma de cómo la he vivido… Tendría que decir, que he sido… pues eso, un verdadero cándido. Entre las primeras enseñanzas recibidas, sujetas a la imposición de un régimen, del que prefiero no hablar; pasando por una niñez rota, como consecuencia de una precoz pubertad, que sin tener nada que ver con anomalías orgánicas ni de salud, me sirvió como puente a una adultez temprana, e impuesta. Algo, de lo que la mayoría de los jóvenes de mi edad, tendrán sobrados conocimientos.

Nacer en todo el apogeo de la posguerra, con las circunstancias habidas y por haber, entre las que florecían las carencias, privaciones; en pocas palabras, necesidades que empujaban a las familias a sentirse avocadas a implicar a sus hijos en las tareas de los mayores, con la consabida privacidad de una enseñanza adecuada;  eran razones más que suficientes, para terminar ejerciendo como un adulto a la edad de 12, 13, o 14 años.

Es hoy, cuando merodeando por el invierno de mi vida, decido hacer una valoración, de mis idas y venidas por este mundo, a día de hoy, convertido en un gran queso gruyere, en el que cada ojo es una guarida de gánsteres, y  donde el político más “correcto y afable” aquel que más aparenta y por el que todo un pueblo pondría las manos en el fuego, para defender su dignidad; es a la postre, un ladrón con cargo remunerado, y privilegios por doquier. Llegados a este punto, no tendría mayor importancia, si ha dicho ladrón, una vez cogido con las manos llenas de billetes, se le obligase a devolver todo lo robado; así, como la inminente dimisión de su cargo, y cómo no, su ingreso en prisión… ¡Maravillosa ilusión! Pero resulta, que todo este proceso llevado a cabo, de cara al pueblo, no es más que un burda pantomima, o lo que es igual, una representación de los responsables de frenarle el carro. Hablo de lo que sería un distinguido ladrón, que además se le acusa de: Prevaricación, malversación, falsedad documental, tráfico de influencias, cohecho, blanqueo de capitales. Todo un abanico de delitos cometidos, y cuyas víctimas siempre seremos los mismos. 

Pero lo verdaderamente grave, pernicioso y cansino, es la ingente ramificación de esa tendencia al alza, y que ha día de hoy, se ha convertido en un bucle. Ocurre, cuando se le pierde el respeto a la justicia, cuando el cargo que se ocupa, facilita el meter la mano, en aras de engordar nuestras cuentas, de la misma forma que lo hace el colega de turno. Cuando ese ladrón, ese delincuente de cuello duro; es tan solo uno más, entre toda una infinita lista de corruptos degenerados, baboseando por inflar sus cuentas evadidas y asentadas en distintos paraísos fiscales, mientras todos aquellos reconocidos como masa obrera, se aglutinan en las colas del paro, a la espera de un trabajo con un salario de miseria.

Para que luego me digan, que vivir en la añoranza de unos recuerdos, nos suele llevar a poco menos que enquistarnos, mientras la vida se nos apaga. Me gustaría soñar plácidamente; pero ante la incapacidad de dicho deseo, quiero despertar… pero despertar en un país con futuro, en un país gobernado por gentes que creen que lo que hacen, es positivo para su país y para el pueblo. Quiero despertar en un país, en el que el pueblo abandona el sofá y la tele, y sale a la calle a luchar por sus derechos, y a protestar por las injusticias y por la falta de aplicación e igualdad de las leyes, para con todos. 

Es posible que los políticos que tenemos, no nos brinden la confianza necesaria, dadas las circunstancias por las que atravesamos, y la falta de voluntariedad por parte de ellos, a la hora de buscar una solución, que encauce el rumbo de este país maltrecho. Pero lo que no podemos hacer, es continuar alimentando este bucle, que no nos lleva a ninguna parte. Dicho esto, y dada la penosa perspectiva, de mis devaneos, solo me queda echar mano del recuerdo de aquella canción de Jarcha, ¡Habla pueblo habla…!

Andrés Rubido García

No hay comentarios:

Publicar un comentario