Desde
la primera vez que contemple aquella foto, te he ido haciendo mía, con el mismo
ardor y cariño que de ti e añorado y añoro cada día. Un cariño tuyo, que se que
me has tenido, y con el que me acunabas y estrechabas entre tus brazos,
llenándome de besos. Son precisamente esos besos madre, los que siempre e
añorado y añoro, a pesar de mis canas; quizá por ello, me siento feliz al
decirte, que a pesar de no haberte conocido, te quiero tanto… que parte de ese
cariño corre por mis mejillas convertido en lágrimas, en cada día, en cada
recuerdo.
Hoy
en esta festividad tan sublime, dedicada a las madres, no puedo pasar
desapercibido, y mucho menos ante ti… madre. Es por ello, que quiero compartir
contigo todo mi amor de hijo. Un amor eterno, nacido gracias a las repetidas e
interminables contemplaciones de una foto, y a las palabras de tu madre, que
también fue la mía. Un amor que se ha ido forjando con el pueril deseo de
querer conocerte. Un deseo que nunca ha desfallecido, y que permanece con la
misma vitalidad, de aquella primera vez, en que mi abuela me enseño nuestra
foto. Han pasado muchos años, y tu hijo ya es un abuelo lleno de canas, pero en
mi mente que es la suya, y en mi corazón, continuo siendo el mismo niño, que estrechado
entre tus brazos, se reía con tus caricias y tus besos.
Andrés Rubido García

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