jueves, 17 de septiembre de 2015

Nostalgia



Desde siempre me ha gustado la lectura, y como tal, son varios los libros leídos a lo largo de mi vida. De entre todos ellos, recuerdo uno de los primeros que leí, titulado “El viejo y el mar” de Ernest Hemingway; y una de sus citas: “El mar es dulce y hermoso, pero puede ser cruel”. A decir verdad, lo he leído varias veces, y  por cada vez que lo leía, más me atraía.

Los libros, siempre me han acompañado, puedo decir, que hasta en los momentos más difíciles de mi vida, han formado parte de mi petate cuando salía para la mar. Quizá, el hecho de haber sido marino, me ha invitado a ocupar mi tiempo de ocio en la lectura, además de otros pasatiempos.

Tal vez, el haber abandonado el pueblo, en los albores de mi primera juventud; me haya convertido en un bohemio de la lectura, buscando en ella el refugio, o lo que es igual, una forzada distracción, para así, contrarrestar la tristeza de dicha emigración. Solo así, y como tal, he dedicado una gran parte de mi tiempo, a reencontrarme con aquel niño que nació y vivió en Cariño. Gracias a ello, a ese niño bohemio que vive en mí; logro sumergirme en esa enciclopedia virtual de recuerdos, para dar rienda suelta al retorno, de aquellos añorados e inolvidables momentos. Vivencias de una  vida que transcurre veloz y se me escapa de entre las manos…por entre los dedos, como si de un reloj de arena se tratase.
 
Pasajes de una vida, que me gusta revivir, plena y emocionalmente, hasta el punto de llegar a sentir; aunque sea imaginariamente,  el aroma del caldo, o el bullicio de cuando salíamos al recreo. Inenarrable, es la emoción y la nostalgia que me invade, y tanta la añoranza, que termino jugando entre los cotos de arena de la playa, rebuscando las minchas entre las piedras de la playa chica, o los tardes de algún día de verano en la escuela de Sierra. Sin olvidar, el sentirme con las manos impregnadas, ayudando a mis abuelos a descabezar las sardinas. Cualquier tema que en definitiva, me hable de la añoranza de un pueblo, que no quiero olvidar nunca.

Son momentos, que no tienen porque guardar un orden; simplemente, desfilan ante mí como una maravillosa película, que una vez más, y gracias a esa gran biblioteca de la vida, que en el transcurrir de los años, se va formando en mi mente, y que me permite sumergirme, entre las páginas del libro elegido. Un tanto distinto en la vida real, en la que sin pretenderlo, me marca el momento en el que debo cerrar aquel que estaba escribiendo, para comenzar uno nuevo.

Andrés Rubido García

No hay comentarios:

Publicar un comentario