Desde
siempre me ha gustado la lectura, y como tal, son varios los libros leídos a lo
largo de mi vida. De entre todos ellos, recuerdo uno de los primeros que leí,
titulado “El viejo y el mar” de Ernest Hemingway; y una de sus citas: “El mar es dulce y hermoso, pero puede
ser cruel”. A decir
verdad, lo he leído varias veces, y por
cada vez que lo leía, más me atraía.
Los
libros, siempre me han acompañado, puedo decir, que hasta en los momentos más
difíciles de mi vida, han formado parte de mi petate cuando salía para la mar.
Quizá, el hecho de haber sido marino, me ha invitado a ocupar mi tiempo de ocio
en la lectura, además de otros pasatiempos.
Tal
vez, el haber abandonado el pueblo, en los albores de mi primera juventud; me
haya convertido en un bohemio de la lectura, buscando en ella el refugio, o lo
que es igual, una forzada distracción, para así, contrarrestar la tristeza de
dicha emigración. Solo así, y como tal, he dedicado una gran parte de mi
tiempo, a reencontrarme con aquel niño que nació y vivió en Cariño. Gracias a
ello, a ese niño bohemio que vive en mí; logro sumergirme en esa enciclopedia
virtual de recuerdos, para dar rienda suelta al retorno,
de aquellos añorados e inolvidables momentos. Vivencias
de una vida que transcurre veloz y se me
escapa de entre las manos…por entre los dedos, como si de un reloj de arena se
tratase.
Pasajes
de una vida, que me gusta revivir, plena y emocionalmente, hasta el punto de llegar
a sentir; aunque sea imaginariamente, el
aroma del caldo, o el bullicio de cuando salíamos al recreo. Inenarrable, es la
emoción y la nostalgia que me invade, y tanta la añoranza, que termino jugando
entre los cotos de arena de la playa, rebuscando las minchas entre las piedras de
la playa chica, o los tardes de algún día de verano en la escuela de Sierra. Sin
olvidar, el sentirme con las manos impregnadas, ayudando a mis abuelos a
descabezar las sardinas. Cualquier tema que en definitiva, me hable de la añoranza
de un pueblo, que no quiero olvidar nunca.
Son
momentos, que no tienen porque guardar un orden; simplemente, desfilan ante mí
como una maravillosa película, que una vez más, y gracias a esa gran biblioteca
de la vida, que en el transcurrir de los años, se va formando en mi mente, y
que me permite sumergirme, entre las páginas del libro elegido. Un tanto
distinto en la vida real, en la que sin pretenderlo, me marca el momento en el
que debo cerrar aquel que estaba escribiendo, para comenzar uno nuevo.
Andrés Rubido García

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