martes, 19 de mayo de 2015

Cariño, el manjar de "Mis Sueños"



A pesar de mis años, hoy he dado rienda suelta al niño que vive en mí, y sin apenas darme cuenta…jugando y correteando por aquellos estrechos caminos, de veredas recubiertas de verde hierba, y por los que teníamos que circular en fila india, para no pisar los terrenos plantados, hasta llegar a desembocar en otro camino más ancho, o como vulgarmente llamábamos en el pueblo, “camino de carro”; he llegado como siempre ocurre, a poder verlo, a divisar una vez más, la grandiosidad de mi pequeño pueblo. Subir a Cariño de Arriba, a Vilar, o cualquier otro lugar, desde donde pudiera contemplarlo en todo su esplendor; era algo que me invitaba a recrearme  en aquella imagen, hoy solo visible en alguna foto en blanco y negro. Era el Cariño de aquella época, recortándose entre caminos de tierra, fincas de labranza sembradas, y a su vez, luciendo alguna que otra casa, que poco a poco, y con la llegada de la emigración, nos recordaba la lenta expansión de nuestro pequeño pueblo.

Hoy, utilizando mis recuerdos como atalaya, vuelven a mi mente aquellas imágenes inolvidables, y que permanecen ligadas y ancladas en mí, por voluntad propia. Toda una época, de la que solo quiero rescatar de entre mis memorias, lo más sencillo y positivo de los bellos momentos vividos, entre la sencillez y la alegría compartida de todo un pueblo. No necesito rebuscar. A veces con imaginar, se enciende el proyector de mis vivencias, y los más sencillos y añoradas momentos, comienzan a desfilar ante mí. Ver a mi abuela fregoteando aquellas zuecas de madera con un trozo de piel de melgacho; unas zuecas que por así decirlo, formaban parte imprescindible de su atuendo de trabajo. Como aquel mandil que le cubría la delantera de aquellos vestidos negros, que solía “Lucir” a juego con zapatillas del mismo color…tiempos de nuestros antepasados, y de muchos de nosotros.

Es como retroceder en el tiempo a partir de la contemplación de una antigua imagen; aquella que en su día, para poder inmortalizarla, necesitábamos de llamar al retratista para hacernos una foto…perdón, un retrato. Aquel que a pesar de ser en blanco y negro, nos hacia disfrutar al contemplarlo.

Retratos que nos hacíamos: en la gira, paseando, bailando, o trabajando; en pocas palabras, dejando inmortalizados nuestros mejores momentos. Momentos que hoy nos sirven para despertar en nuestra imaginación aquella época entrañable, y en muchos hogares, guardada en álbumes, o simplemente en aquellas antiguas cajas de Cola Cao. Son recortes de nuestras vivencias, o lo que es igual, parte de nuestras huellas dejadas en nuestro caminar por aquella época,  y en cierta forma añorada. Me atrevería a decir, que hablo del nutriente con el que se alimentan “Mis sueños”

Andrés Rubido García.

1 comentario:

  1. Maravillosos recuerdos, como siempre un placer leerte. Un abrazo Andrés.

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