Según
La Constitución Española de 1978, Titulo I. De los derechos y deberes
fundamentales, y más concretamente, en el
Capitulo segundo. Derechos y libertades, dice:
Articulo
14
Los
españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación
alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra
condición o circunstancia personal o social.
Todo
lo anteriormente expuesto me llena de gozo, si no fuese, por una palabreja que
se pierde entre tantas y tantas otras, de las que me llevan a deducir, la razón
por la que un magistrado, a pesar de su dilatada, grandiosa y nunca mejor
dicho, “Magistral carrera”; necesita en sus quehaceres profesionales, consultar
el libro gordo de Petete, para así, poder salvar los baches que en más de una
ocasión, les acarrearía el desembocar en los tan juiciosamente, llamados "Fallos
judiciales". Esta quizá extensa monserga, es lo que a personas como yo, faltos
de ciertos conocimientos, les hacen cavilar hasta el punto de “entender”, que nuestro
cerebro, más concretamente el mío, no está lo suficientemente desarrollado y
ejercitado en materias tan complicadas, como para darse cuenta de la razón, por
la cual se rompe el artículo 14, hasta el punto de pasárselo por el forro de
sus distinguidos cojones; dando al traste con aquello de que todos Los
españoles son iguales ante la ley, sin que etc., etc. Y etc. Todo ello, para
dar vía libre a esos “señores” intocables y de distinta casta o ralea, a los
que se les ha otorgado el título de “Aforados”. Sinceramente, me importaría muy
poco la titulación que le quieran otorgar a dichos personajes, lo que más me
humilla, es el pensar, que este país sea el que mantiene el mayor numero de
aforados, y porque no decirlo, el mayor numero de estafadores, embaucadores,
corruptos; en una palabra, ladrones, que aprovechando cargos de relevancia y
renombre, se ríen de los más de 40 millones que poblamos este país.
En
más de una ocasión, se ha puesto y se pone en duda, la aplicación de la ley,
por el distinto rasero utilizado, y al parecer, por aquello de que hay jueces y
jueces, así como ladrones y ladrones; todo depende de si el ladrón en cuestión
es aforado, o pariente de aforado, o vayan ustedes a saber.
Sinceramente
creo, que de la misma forma, en la que se debería de exterminar a tanto
mangante; también creo en la necesidad de la abolición de estos privilegios,
que como siempre, protegen a los más poderosos; a aquellos que saben que
siempre podrán eludir sus faltas, sus correrías, sin preocupación de que su
buen nombre se vea salpicado, como si de un vulgar delincuente se tratase.
Espero
que algún día, los españoles pertenecientes a la clase trabajadora, puedan
celebrar la reforma de una ley, que hace agua por todas partes. Digo puedan
celebrar, por aquello de que la acumulación de tanto trabajo, como ha día de
hoy tienen los “doctores de la ley”, me lleva a pensar que no tendré la suerte
de poder celebrar tan grande acontecimiento.
Andrés Rubido García

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