miércoles, 22 de abril de 2015

Aforados



Según La Constitución Española de 1978, Titulo I. De los derechos y deberes fundamentales, y más concretamente, en el  Capitulo segundo. Derechos y libertades, dice:
Articulo 14 

Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. 

Todo lo anteriormente expuesto me llena de gozo, si no fuese, por una palabreja que se pierde entre tantas y tantas otras, de las que me llevan a deducir, la razón por la que un magistrado, a pesar de su dilatada, grandiosa y nunca mejor dicho, “Magistral carrera”; necesita en sus quehaceres profesionales, consultar el libro gordo de Petete, para así, poder salvar los baches que en más de una ocasión, les acarrearía el desembocar en los tan juiciosamente, llamados "Fallos judiciales". Esta quizá extensa monserga, es lo que a personas como yo, faltos de ciertos conocimientos, les hacen cavilar hasta el punto de “entender”, que nuestro cerebro, más concretamente el mío, no está lo suficientemente desarrollado y ejercitado en materias tan complicadas, como para darse cuenta de la razón, por la cual se rompe el artículo 14, hasta el punto de pasárselo por el forro de sus distinguidos cojones; dando al traste con aquello de que todos Los españoles son iguales ante la ley, sin que etc., etc. Y etc. Todo ello, para dar vía libre a esos “señores” intocables y de distinta casta o ralea, a los que se les ha otorgado el título de “Aforados”. Sinceramente, me importaría muy poco la titulación que le quieran otorgar a dichos personajes, lo que más me humilla, es el pensar, que este país sea el que mantiene el mayor numero de aforados, y porque no decirlo, el mayor numero de estafadores, embaucadores, corruptos; en una palabra, ladrones, que aprovechando cargos de relevancia y renombre, se ríen de los más de 40 millones que poblamos este país.

En más de una ocasión, se ha puesto y se pone en duda, la aplicación de la ley, por el distinto rasero utilizado, y al parecer, por aquello de que hay jueces y jueces, así como ladrones y ladrones; todo depende de si el ladrón en cuestión es aforado, o pariente de aforado, o vayan ustedes a saber.

Sinceramente creo, que de la misma forma, en la que se debería de exterminar a tanto mangante; también creo en la necesidad de la abolición de estos privilegios, que como siempre, protegen a los más poderosos; a aquellos que saben que siempre podrán eludir sus faltas, sus correrías, sin preocupación de que su buen nombre se vea salpicado, como si de un vulgar delincuente se tratase.

Espero que algún día, los españoles pertenecientes a la clase trabajadora, puedan celebrar la reforma de una ley, que hace agua por todas partes. Digo puedan celebrar, por aquello de que la acumulación de tanto trabajo, como ha día de hoy tienen los “doctores de la ley”, me lleva a pensar que no tendré la suerte de poder celebrar tan grande acontecimiento.

Andrés Rubido García

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