Contemplar el mar y las olas rompiendo en la orilla, el
verde de los campos, el tintinear de la lluvia en los cristales…todo me lleva a
recordarte. Y es por ello, que aprovechando la inquietud con la que me invade
la nostalgia, te busco en el recuerdo…en aquel regreso a mis orígenes. Un
regreso plagado de nuevas experiencias, impregnadas de gozo y alegría. Una
nueva vida que se abría a mis pies, al tiempo que me sentía rodeado de los
míos, de mi gente. Es el recuerdo del despertar, a la luz de aquellas nuevas
alboradas, en la tierra que me vio nacer. Todo un bello sueño hecho realidad, y
que a mis ocho años me brindaba aquel resurgir.
Es el transcurrir del tiempo, ese que pausadamente reaviva el
blanquecino brillo de mis canas; el mismo que aviva el sentimiento que me habla
de ti, de un tiempo pasado que no puedo olvidar. A veces y a pesar de los años, vislumbro aquel niño que fui correteando por
tus calles, por tus campos, riberas, dunas y playas.
Cuantos momentos, cuyas huellas ya borradas,
perduran en mi mente; traducidas en imágenes de aquella recién estrenada casa de
La Laguna. Cuantos
y cuantos momentos vividos en el entorno de aquel edificio de paredes ocres. Subir aquellos
cuatro escalones, adentrarme en su interior y sentarme en aquel cuarto pupitre de la hilera izquierda,
justo cerca de donde se encontraba colgado el mapa físico, en el que
estudiábamos los ríos, cordilleras, etc. Recuerdo que en la pared del fondo, en
el hueco que había entre la esquina y las ventanas, había colgado un mapa de
España en relieve de color verdoso…
A veces, me sorprendo de qué acudan a mi mente tal
cantidad de recuerdos, que si bien no revisten gran importancia, me complace revivirlos…a decir verdad, me sonrío
y emociono, avivando con ello, el deseo de continuar
divagando entre tan añorados recuerdos, sin importarme el tener que soportar el
inevitable nudo de mi garganta.
Quizá la edad me lleve a ocupar mis momentos de ocio con
tus recuerdos; quizá la morriña continúe haciendo presa en mí, quizá sea por lo
que obstinadamente, intento mantener vivas las imágenes, que a día de hoy perduran
en mi mente.
Después de todo, y a pesar de la distancia, de ese reloj
que incesantemente continúa con su monótono tic tac; continuaré escribiendo y
pensando en ti, sobre todos aquellos recuerdos que a ti me unen y que de forma virtual y añorada me acercan a
ti.
Andrés Rubido García

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