jueves, 8 de mayo de 2014

El Mar



Espejo en el que me he visto reflejado mientras contemplaba, como los rayos del sol se filtraban a través de ti, hasta perderse en tu inmensa profundidad. He compartido tus días de bonanza, salpicados de gaviotas, de cardúmenes de peces saltando sobre tu superficie, de peces voladores, de delfines jugueteando  con el rompiente espumoso de la proa del buque.


De tu serena tranquilidad, he filmado y fotografiado numerosas imágenes plagadas de bellos amaneceres y atardeceres. Incluso, aún siendo conocedor de la proximidad de un fuerte vendaval. Has llegado a enamorarme de tu quietud, dejando en mi recuerdo infinidad de bellos momentos y…de muchos otros, que han sido los que sin lugar a dudas, han marcado los momentos más críticos vividos entre el silbido del viento y tu salada espuma golpeando sobre mi cuerpo.


Han sido tantos los momentos que he dedicado a contemplarte, que impulsado por los más inverosímiles desasosiegos o deseos, he reposado mi mirada sobre tu extenso manto, hasta perderse en la lejanía, en el horizonte. Esa hermosa y estilada línea, en la que pareces unirte con el cielo. Un cielo, al que también me ha gustado contemplar en la noche, plagado de estrellas, cuando la oscuridad reina sobre tu inmensidad. Una bella experiencia, como es el hecho de sentirme flotando sobre tu seno y bajo el bello manto de un cielo estrellado.


Tiempo de ocio…cuantas veces convertido en reflexión en medio del silencio, roto tan solo por el pequeño oleaje que el barco obra en su navegar. Después de todo, no solo reposo mi mirada en ti para verme reflejado en tus cristalinas aguas; también ha habido un tiempo, en el que han acudido a mi mente, pensamientos que me hacían reflexionar, sobre la inmensa cantidad de criaturas que yacen en tus profundidades, y nunca mejor dicho, rodeadas del silencio más sepulcral. Por esas criaturas he mostrado mi más sentido respeto, llegando incluso en alguna que otra ocasión a sentirme cerca de ellas. He imaginado las lágrimas y preguntas sin respuestas vertidas por sus seres queridos. A decir verdad, creo que eres un mundo, en el que además de infundirnos cierto respeto, entre los que hemos hecho de ti una escuela para nuestra profesión; eres junto a tus misterios, los que  encandilan al ser humano, y de los que muchos de ellos suelen expresar la popular frase aprendida: “El mar, ese mundo maravilloso”.

Andrés Rubido García

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