domingo, 10 de febrero de 2013

Mi Cariño eterno

No me resulta nada fácil, admitir haber llegado al límite de mis cosechados recuerdos, después de un corto, pero alegre viaje  por la senda de los sentidos. A decir verdad, me produce cierta consternación, descubrir que por más que lo deseo, no encuentro el más mínimo resquicio, por el que poder vislumbrar alguna que otra vivencia con el sello de mi pueblo y de sus gentes; que también fueron y son parte importante de mis relatos. Recuerdos que de existir, me resultan imposibles de rescatar.  Recuerdos que quizá  hayan sucumbido irremediablemente en el letargo del olvido. 

A veces pienso, que quizá la intimidad de los mismos, sea la llave que impide a mi consciente traerlos a mi mente. La realidad es que de mis vivencias impregnadas de fina lluvia, del silbido del viento, del  olor a hierba, a leña quemada, a la voz recta y a su vez cariñosa de mi abuelo, a las caricias de las manos de mi abuela, a esas correrías con los amigos de mi infancia y comienzos de mi adolescencia; nada me queda por contaros…que merezca la pena. Tan solo, puedo daros fe del entusiasmo con el que he compartido con vosotros, cada una de esas vivencias o relatos, que son, han sido y serán, la fuente de mi regocijo. Una satisfacción que me impulsaba a seguir escribiendo y recordando aquellos cortos, pero inolvidables años, convirtiendo en puro deleite, cada una de las palabras o referencias utilizadas, para mencionar aquello que con tanto cariño y celo guardo en mi corazón. No creáis que me estoy despidiendo, es algo que no contempla mi forma de ser; tan solo pretendo deciros, que quizá exista un mañana, en el que acuda a refrescar mi mente como si de una brisa norteña se tratase, un pequeño soplo de esos recuerdos, con los que tanto he disfrutado, hasta el punto de hacerme sentir más cerca de mi pueblo y de vosotros.

Andrés Rubido García

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