En esta noche de reyes y con
estos tiempos que corren entre el frio del desahucio y la angustia de la pobreza, me resulta casi imposible asimilar el
fichaje de Telefónica, ante el estigma
que va haciendo poco a poco y día a día, nuevas víctimas de la necesidad y de
la indigencia en su más amplio calificativo. Son estos tiempo, los que me
llevan a recordar aquella época en la que nuestros antepasados, nos hablaban
entre atemorizadas metáforas, quizá un poco faltas de claridad, de las
necesidades pasadas durante los años de la guerra y de una larga posguerra, de
la que se tardo en recuperar este mismo país. Soplan vientos de vacas flacas,
de indignación y de impotencia. Tiempo de río revuelto, en el que la ganancia
de los pescadores, es devorada sin lugar a dudas y sin ningún tipo de rubor,
por aquellos que siempre han tenido el privilegio de comer, vestir, calzar y
cómo no, veranear y disfrutar de la
vida; gracias al puñetero idealismo del pueblo, en el que siempre hemos vivido
encerrados y del que siempre se han
aprovechado los mismos, para con ello conseguir sus propósitos.
Comenzaron hace tantísimos años, haciéndonos ver el
nacimiento de una “Democracia” de mentirijillas, nacida de las medias verdades,
o por así decirlo, de la puta política demagógica. Una democracia que nos ha
llevado a ver como jugaban con la enseñanza, con las leyes en general, de donde
como suele decirse, “hacían de una capa un sayo”. Esto ha ocurrido ante
nuestros ojos; ante un sinfín de promesas con las que elaboran sus mítines en
busca del voto que les lleve a La Moncloa. Siento vergüenza ajena imaginando, como gracias a las autonomías, crearon,
mejor dicho, inventaron puestos de
“trabajo” de los que se desprendían los enchufismos, de los que comían y comen
un sinfín de personajillos, sin dar un puñetero palo al agua. Unas autonomías
que multiplicaron los gastos derivados de la única olla grande del país, o lo
que es igual, de los esfuerzos e intereses robados a los que en verdad nos
hemos dejado algo más que el sudor y lágrimas, mientras ellos se
enriquecían. Sin apenas darnos cuenta,
hemos contaminado nuestro país, de especialistas en malversación de fondos
públicos, de prevaricadores, traficantes, violadores y corruptores de sus
propias influencias; y gracias a todo esto, un desfasado engorde en sus cuentas
corrientes. En pocas palabras, hemos podido ver como se trataban de tapar
ciertos tipos de corrupción, con dimisiones de lo más variopintas; pasando por
alcaldes, presidentes de comunidades, vicepresidentes, directores de
bancos…Jerarquías públicas o privadas, a las que después de habernos arruinado
el país, les han tratado de sanear las cuentas, a golpe de tijeretazos, con los
que amenazan nuestros puestos de trabajo. A todo aquello por lo que durante
toda una vida hemos luchado y que de aquella olla de la que solíamos comer ya
solo le queda el fondo.
Andrés Rubido García

Así é Andrés,tristemente pero certo.
ResponderEliminarHaber cómo é ónde acaba éste Pais.
Tan solo nos queda protestar y ayudar en lo que podamos a exigir nuestros derechos de ciudadanos. Esperemos que nuestros esfuerzos no caigan en saco roto, ni desemboquen en situaciones que solo nos puedan llevar a dar pasos hacia atrás.
Eliminar¡Gracias! Pilar por tu comentario, pues es de la única forma, con la que puedo dar sentido a lo que hago y cómo no, lo que en verdad me ayuda a valorarlo.