Cierto
es, que esta unión que hoy nos hemos felicitado como cada año, se ha ido con el
transcurrir de los mismos, endulzando con la llegada de nuestro primer hijo,
Andrés. Después y por buscar la parejita, con el segundo, Néstor; que sí
formaba una pareja de hijos, pero de hijos varones. Con ellos fuimos sumando
unos cuantos años más a la andadura de nuestro matrimonio.
Cuando
se cumplían 6 años y 9 meses de nuestra unión, y dada la cabezonería de volver
a probar suerte en la búsqueda de la niña, nos llego el tercero de los varones,
Jesús; no, no es una exclamación, es el nombre con el que por cierto hoy celebramos su festividad. Unos días
después del bautizo, y debido a nuestra falta de acierto en la búsqueda de
dicha niña, en un dialogo más que razonado con Loli, decidimos comenzar a jugar
con ciertas precauciones; pero eso sí…jugando. Claro está, que todo juego y
nunca mejor dicho, conlleva su riesgo y, 11 años después de haber nacido Jesús, y con
la acostumbrada manía del puñetero juego,
llego Víctor. Imaginaos por un momento, lo que aquello supuso en el ritmo de
nuestro hogar. Comprar otra cuna, otro cochecito, volver a los pañales y cómo
no la ropita. A todo esto, debemos sumar el hecho de confundir a nuestro pequeñín, con en el
juguete preferido de la casa, que nada más comenzar a gatear, nos hacia reír y
otras veces casi llorar con sus travesuras. Todo eso, aún se quedaría corto de
lo que nos esperaba con sus primeros pasos, y que por ser tantas y variadas las
trastadas, simplemente citare alguna: En cierta ocasión, le sorprendimos con la
esponja del baño sobre el teclado del ordenador de su hermano Andrés, un tanto
encharcado. Otro día, introduciendo las pinzas de tender la ropa, en el
alojamiento destinado a las cintas de videos…y os comentaré una más, el hecho
de tirar por la terraza el bolso de la madrina, que había venido a visitarnos,
con la idea de ver a su ahijado. Cierto que pudimos recuperar el bolso sin más,
a pesar de vivir en una tercera planta. Nos estaba costando, pero el interés de
enseñarle en la medida de su crecimiento, conseguimos al igual que con los demás,
que todo volviese a la normalidad.
Hoy,
después de mucho ir y venir, después de muchos acontecimientos; la pareja de la
foto, nosotros, Loli y Andrés; ya nos han hecho abuelos hace algo más de cinco
años. Y es hoy cuando mirándonos a los ojos y recordando alguna de todas
aquellas batallitas, cuando dicha foto cumple 40 años, nos admiramos en medio
de estos tiempos que corren, en los que la separación de la pareja está a la
orden del día; aunque eso sí, sin llegar a sorprendernos de la suerte hasta día
de hoy tenida, de que aún podamos
continuar juntos, con la misma fuerza para continuar, y con el mismo
cariño con el que hoy nos besamos y mutuamente nos dijimos, Te quiero, porque
esa es nuestra realidad.
Andrés
Rubido García

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