lunes, 15 de octubre de 2012

Entre susurros


Hurgar en el recuerdo de una edad, en la que solo pensar en aquellos dedos manchados de tinta, me lleva a revivir imágenes, como aquella, en la que me veo sentado en aquel pupitre, al lado de mi compañero de clase; es como retroceder cincuenta años. Es sábado y estoy dibujando en mi cuaderno, uno de los gráficos que hacen referencia al evangelio del próximo domingo. Se trata de una parte de la tarea del día. Por el rabillo del ojo, observo al profesor depilándose el dorso de  las manos y dedos, con una pequeña navaja de mango rojo. 

En la parte delantera y más alta del pupitre, recuerdo los tinteros de porcelana blanca empotrados en el lugar labrado para los mismos, al igual que las muescas para reposar la pluma. Algo que me lleva a situarme en una época, en la que el bolígrafo, cuya aparición se hizo realidad allá por el año 1953, comenzaba a desbancar a la mencionada pluma. Una época, en la que el franquismo tenía prohibido que en las escuelas estatales,  los niños y niñas compartiésemos las mismas aulas. Tiempos de susurros…en el que mis mayores me recordaban en más de una ocasión, la prohibición de hablar de ciertos temas. Fue por así decirlo, la historia de la opresión impuesta bajo el dominio de la dictadura. 

A pesar de aquella larga lista de prohibiciones, los corazoncitos de los que en algunos casos, comenzábamos a saborear las mieles de la adolescencia, no se limitaban a sus aspiraciones de competir con sus iguales, y superarse tanto en los estudios como en los juegos. Las llamadas excepciones, siempre se han hecho notar, y en estos casos, en los que los síntomas del amor hacían su aparición a edades tempraneras, el riguroso y extremo cuidado por mantenerlo en secreto, era parte indispensable de aquella pueril y bella aventura.

De algo hubo de servir aquel tiempo, en los que el baúl de los tabúes se mantuvo cerrado. Aprendimos a hablar en silencio, con la mirada, con una simple expresión, con una sonrisa. No necesitábamos expresar con palabras nuestros sentimientos más encontrados. Sentimientos, cuya fuerza prevalecía con creces sobre las prohibiciones impuestas; al menos, hasta llegado en principio, ese posible  ignorado, duro y agresivo momento del desencuentro.  

Posiblemente, parezca un comportamiento fuera de lugar, dada mi corta edad como “enamorado”. Sin embargo, creo que además de tratarse de un fragmento  de mi adolescencia; aquel nombre que reinaba en mi mente y que por cariño y respeto me privare de mencionar, aún sigue escondido. Quizá fue el más efímero de los casos por así decirlo, pero aquel sentimiento fue capaz de mantenerse vivo y arraigado, a la espera de que se produjese el crucial momento, en el que aún sin saber, cómo, dónde ni cuándo; poder mostrarle, mi quizá voluble, pero al fin y al cabo sentimiento, a la enamorada de mis sueños. 

Andrés Rubido García

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